kofi annan, ¿misión imposible?
La extraña reunión sostenida por medio mundo en Túnez el pasado 24 de febrero (Conferencia del Grupo de Amigos de Siria) fue percibida como un sustituto de algo más contundente, a falta de la luz verde del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero también como lo único que encontraron a mano los gobiernos que deseaban reprobar la conducta oficial del régimen sirio, empezando por las grandes potencias occidentales y la Liga Árabe (aunque no al completo ni con el mismo entusiasmo).
La sorpresa de la reunión no fue la ausencia, perfectamente adelantada, de Rusia y China, ni la decepción del ala dura de la Liga, inspirada y financiada por Arabia Saudí y el incansable, aunque diminuto, emirato de Catar, que quiere repetir su éxito en Libia, sino la decisión de recurrir a Kofi Annan como mediador.
El prolegómeno es relevante en este contexto porque Kofi Annan se ha convertido de hecho en un mediador y con una claridad cortés pero inequívoca dijo el jueves en El Cairo, donde la Liga Árabe le ha organizado la logística y desde donde volará a Siria, que es hostil a la militarización del conflicto, es decir, con otras palabras, a armar a fondo a la rebelión para que pueda tener opciones de victoria material frente al disciplinado Ejército y servicios de seguridad de Siria. También se opone a toda intervención extranjera porque el conflicto es de «sirios y entre sirios y los sirios deben arreglarlo por medios políticos». Si hay o no tiempo para eso no está claro. Sí lo están en cambio, tres cosas: el régimen, como se suponía, pelea y peleará lo necesario para sobrevivir, no hay ambiente internacional para una intervención y China y Rusia, ahora que tras un año de crisis han probado su determinación sí quieren que Bashar el Assad haga algo.
De hecho, la presión combinada de los dos amigos hizo posible la apertura a la Cruz Roja de los pasillos de asistencia humanitaria en Homs con presencia de gente de la ONU. Algo es algo y es como si la llegada de Annan fuera una posibilidad, tal vez la última, de parar la matanza y abrir una puerta al diálogo político e institucional. Eso sería algo así como el ‘milagro Kofi’ que, realmente, poca gente espera.