Siria: un año... y lo que queda
El conflicto sirio cumplió el jueves un año de vida en medio de un río de sangre. Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, pidió al Consejo de Seguridad un apoyo sin fisuras (es decir de todos sus miembros) a su misión mediadora y confirmó de hecho en Ginebra que intenta obtener «el fin de la violencia» y enviará una misión a Damasco en procura de aclaraciones suplementarias a las «propuestas concretas» que hizo al Gobierno sirio y la oposición rebelde. Y dijo, de paso, que debe evitarse cuidadosamente «el menor error de cálculo», que podría afectar a la estabilidad de la región entera. Está claro que Annan busca inicialmente solo un alto el fuego. Algo sin implicaciones políticas en primera instancia y que pudiera leerse como un éxito en tanto que fin de la matanza y acompañado de facilidades para la llegada de ayuda humanitaria y médica. Moscú habría mostrado ya su aprobación y, lacónicamente, Damasco hizo saber que aceptaba esta aproximación.
Si se recuerda que en un año han muerto ya violentamente unas 10.000 personas (8.000 insurgentes y 2.000 militares, en números redondos) y hay más de 200.000 desplazadas, nadie, por pura caridad, rehusaría un acuerdo. Para Annan y su equipo, en el que hay varios árabes de peso, incluyendo a su segundo, Nasser al-Kidua, sobrino de Yaser Arafat, sería en realidad una valiosa operación de compra de tiempo. El necesario para ver con más calma si hay alguna posibilidad de sopesar una negociación política.
Annan hizo algo necesario y solo para iniciados: fue a Catar para despachar también con el emir y su primer ministro, Hamad bin-Jassim al-Thani, mentor intelectual y político de la línea dura y el gran proveedor del Ejército Sirio Libre. Catar, animado por su éxito en Libia intenta repetir, pero encuentra menos aliados regionales y, sobre todo, más resistencia de los interesados. Assad no es Gadafi. Hay, además, divergencias en el Consejo Nacional Sirio y empiezan a pesar las críticas que recibe la cobertura del conflicto que hace Al-Yazeera. Si Catar dio alguna clase de seguridades a Annan eso ayudaría mucho a parar la tragedia, aunque casi nadie cree en la posibilidad de una salida negociada.