MANUEL ESCALANTE GARCÍA
«En león hay un ecosistema innovador real»
la reputación del inteco depende desde el 30 de marzo de un joven ingeniero de telecomunicaciones obstinado en promulgar la cultura de la seguridad.

Ignacio González Ubierna, Fernando Gutiérrez Fernández, Manuel Escalante García y Marcos Gómez Hidalgo.
Su despacho no tiene paredes; cristaleras de norte a sur y de este a oeste sobre el horizonte urbano del nuevo barrio de la Lastra. Desde una esquina se ve un pedazo de la Catedral y si se echa la vista abajo se otea un equipo de informáticos con la retina pegada a la pantalla. No hay cuadros ni elementos personales, es un espacio frío pero extrañamente oxigenado para lo que suelen ser los apabullantes despachos de director general, habitualmente sobrecargados de expedientes y carpetas. Aquí no se ve ni un papel. «No los utilizamos ni para firmar», advierte quien ocupa esta inmensa habitación situada en la planta cuarta del edificio Inteco. Manuel Escalante García (1972) sustituye desde el primero de abril a Víctor Izquierdo en la Dirección General de este instituto de innovación y desarrollo en el ámbito de las nuevas tecnologías de la comunicación. Ingeniero superior de Telecomunicaciones, Escalante García está vinculado al Inteco desde el 2006. Se inició como director de Operaciones y ahora lidera un proyecto único para estimular la cultura de la seguridad en España. Empecemos por el principio.
—¿Cuál cree que ha sido el impacto social del Inteco desde su arranque?
—Ha sido un impacto muy importante porque es la primera vez que se hace visible una materia pública en relación a la seguridad y que se solidifica una iniciativa así, con tantos usuarios. Por una parte, Inteco es un ave rara dentro de la Administración porque no es un proveedor que coloca sus servicios, sino que establece un criterio neutral de asesoramiento. No es habitual que exista en la Administración mucha capacidad de innovar y eso ha permitido sacar servicios muy interesantes. Por otro lado, en León ha generado, junto a iniciativas de otras administraciones, un ecosistema innovador que aglutina a diferentes agentes capaces de generar medidas positivas en el sector de las tecnologías de la comunicación.
—¿Y de qué manera han contribuido al polo tecnológico de León?
—Aquí hay una universidad volcada con el desarrollo tecnológico y empresas con capacidad de innovación. En León hay un número considerable de pequeñas empresas capaces de lanzar un servicio muy innovador al mercado. Además hay grandes empresas tecnológicas que tienen la capacidad de llegar a clientes importantes, a otros mercados internacionales, y esto puede ser el catalizador para que estas pequeñas empresas puedan llevar sus productos a clientes que de otra manera no llegarían. El Inteco ha tratado desde el principio de que todo esto existiera y hay una dinámica de generación de empleo que antes no había. Sumando todo eso, lo que hay en León es un ecosistema innovador real, de libro, de los que funcionan, donde las piezas han encajado. Se ha generado empleo alrededor de la tecnología sostenible, y digo sostenible porque el conocimiento está en León.
—Hablando de ‘bits’ se presupone que da igual dónde se encuentre la sede central, ¿pero hay posibilidades reales de que el Inteco se vaya de León? Objetivamente, ¿sería razonable?
—Como tener sentido no lo tiene porque la actividad que desarrollaría Inteco, por ejemplo, en Madrid es exactamente igual a la que desenvuelve en León. Al final lo que hacemos es prestar servicios a través de la Red. Son bits y los bits llegan a la velocidad de la luz a cualquier punto del mundo. Este edificio es altamente tecnológico y, además, la gente que sabe está aquí, y no creo que tenga previsto marcharse a otro sitio. Aquí lo que hay son todo facilidades.
—Hablaba antes de cooperación con la Universidad.
—Desde el primer día que aterrizamos aquí tuvimos contacto con la Universidad; sin ella no había nada que hacer. Era sí o sí porque es el generador de profesionales y de conocimiento. Nuestra aproximación fue la de orientar la Universidad hacia los nuevos caminos de la seguridad y las tecnologías de desarrollo de software. Se lanzaron iniciativas para la especialización de alumnos del último curso y que así tuvieran una incorproación rápida al mercado. Se diseñó un máster único en materia de tecnología de la seguridad y colaboramos en establecer puentes con los departamentos de investigación. Esta colaboración ha dado mucho conocimiento y herramientas que han servido para prestar servicios exitosos del Inteco. Por ejemplo, el Observatorio de la Accesibilidad de los portales de la Administración del Estado. Actualmente, hemos ampliado ese servicio al entorno móvil en dos líneas: una que tiene que ver con la seguridad de los s martphones y otra con el desarrollo de aplicaciones de usabilidad y accesibilidad.
—Ya que menciona los móviles, ¿a qué edad o qué características son seguras para que un chaval empiece a utilizar el teléfono móvil?
—Más que la edad yo diría que hay que evaluar la preparación. Al igual que enseñamos a los niños cualquier otra cosa que van a utilizar en la vida, las nuevas tecnologías también deben ir acompañadas de la correspondiente formación. La privacidad es algo que hay que cuidar muchísimo en esta sociedad tecnológica. Lo que un día ponemos en la Red está ahí para siempre. Tenemos que tener precaución y si hay menores, más aún. Los niños no ven el impacto que puede tener compartir datos de su vida personal en la Red.
—Supongo que uno de los retos para el Inteco es mejorar la seguridad en el uso de los teléfonos móviles. Creo que no somos conscientes de que los utilizamos como ordenadores sin la seguridad adecuada.
—No son sólo los móviles, sino los sistemas operativos para smartphones y tabletas. Hay muchos usuarios que los utilizan como ordenador de cabecera. Ahora ya no hablamos de la vulnerabilidad de tu móvil, sino de tu ordenador. Mientras que llevamos años trabajando en la seguridad de sistemas operativos (Windows, Mac...), esto ha llegado rapidísimo, y ese es el paradigma, el reto al que se enfrenta el sector de la seguridad. Lo que estamos haciendo ya es alertar a los usuarios cada vez que se detectan vulnerabilidades en un sistema operativo. Y adicionalmente tenemos un equipo de tres personas que están trabajando para meterse en las tripas de estos sistemas. Hay una parte de investigación para adquirir un conocimiento muy avanzado, de forma que podamos ser un agente que sepa capaz de identificar vulnerabilidades a día cero y de generar herramientas que mejoren la seguridad de estos sistemas. Nos hemos metido en esto porque vemos que en el ámbito de la Administración es raro quien no va con tableta o smartphone; e s imparable y hay que prepararse.
—¿Sómos anónimos en Internet?
—No, en absoluto. Salvo que queramos serlo con voluntad férrea y, en general, no lo somos. Y no por la información que colocamos, sino por la información que los demás colocan de nosotros. Cuando se habla de investigación sobre personas no sólo se va a las redes sociales, sino a lo que los demás dicen de ellas. La investigación de personas y de entidades, lo que se conoce como reputación corporativa, es algo que se utiliza muy activamente en la actualidad. Pero en general la gente ya tiene muy claro lo que son las redes sociales, donde cada uno elige cuál es su persona en Internet y el nivel de conocimiento que quiere que los demás tengan de su vida. Hay que tener cierta prudencia con lo que uno cuenta.
—¿Cuáles son todavía las desventajas de las TIC?
—No veo ninguna. El modelo de sociedad que propician es un modelo donde el conocimiento fluye, donde la información vuela y mejora los niveles de transparencia de todo lo que sucede a nuestro alrededor; nos comunica, nos permite trabajar en red, estar más cerca de nuestros seres queridos. En el fondo, la funcionalidad que nos proporcionan en la vida es ventajosa. Lo que es cierto es que esto va rápido, mucho más rápido que cualquier revolución que ha vivido la Humanidad. El planeta está conectado a una red de conocimiento, donde se sabe lo que sucede al otro lado del mundo y eso está haciendo que los mercados sean globales de verdad, lo que da unas oportunidades increíbles a las empresas. Pero hablando de seguridad, aún hay un reto enorme.
—¿Las tecnologías no deshumanizaban?
—Yo creo que humanizan, sobre todo desde que existe en Internet el fenómeno de las redes sociales. ¿Cuándo hemos tenido a nuestra disposición poder contactar con viejos amigos o antiguos alumnos del colegio o de la universidad?
—Pero eso que dice es muy peligroso, porque es cierto que un chaval de León puede tener un amigo en red en Japón, por ejemplo, pero después es incapaz de comunicarse con el compañero de mesa en el instituto.
—En ese caso, sin duda. Quizá lo que dices forma parte de esa educación que hace falta sobre el uso adecuado de las nuevas tecnologías.
—Por jugar a hacer de gurú, ¿hacia dónde cree que están las oportunidades del Inteco en los próximos tiempos?
—Hemos optado por la especialización y por eso el Inteco tiene que jugar un papel fundamental en la ciberseguridad en España. Como la seguridad no tiene fronteras y trabajamos con otros órganos homólogos al nuestro en el ámbito internacional, al final la ciberseguridad es global.
—¿Cómo abordan la lucha contra un delito que no tiene fronteras? ¿No es eso un obstáculo?
—Ya no sólo es una cuestión técnica, sino de legislaciones distintas en materia de privacidad. No tiene nada que ver la protección de datos en Estados Unidos con el marco europeo, por ejemplo. Al final tienes ciertas dificultades, no sólo porque está fuera de tu jurisdicción, sino que tiene una legislación distinta a la tuya, por eso es importante tener un organismo homólogo en todos los países. Son los únicos que pueden instar a la Policía a investigar.
—¿Qué propone para mejorar la cultura de la seguridad?
—Muy fácil: teclear en el ordenador www.inteco.es y ya.
—¿ Puede citar alguna de las grandes cifras del Inteco?
—Tenemos el objetivo de alcanzar a final de este año los cinco millones de accesos. En eso estamos. El año pasado resolvimos 17.000 incidentes, de los que 8.000 eran casos de fraude. Este año ha empezado bastante movido y esas cifras van creciendo.
—¿Se puede favorecer el teletrabajo desde el Inteco o forma parte de la cultura empresarial, todavía anclada en el convencionalismo?
—Hay una cuestión subyacente a todo esto y es que ese trabajo se pueda realizar con las condiciones de seguridad suficientes. A día de hoy es viable porque el que más o el que menos ya trabaja desde el tren o desde una reunión. Así que el desarrollo del teletrabajo va a ser un cuestión de cultura y de las empresas. Respecto a la pregunta, no creo que haya una barrera tecnológica a día de hoy, vaya.