Diario de León

política europea

el viejo continente vira a la derecha

la crisis de las instituciones políticas y los movimientos populistas de derecha están apareciendo en los parlamentos de toda Europa

El líder del partido de extrema derecha griego Aurora Dorada, Nikos Michaloliakos (a la derecha), durante una conferencia de prensa en Atenas.

El líder del partido de extrema derecha griego Aurora Dorada, Nikos Michaloliakos (a la derecha), durante una conferencia de prensa en Atenas.

Publicado por
jesús gil molina
León

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Europa está asomándose a la derecha, y así lo confirman las últimas elecciones del continente: Marine Le Pen con su Frente Nacional ha obtenido recientemente casi un 18 por ciento de los votos y en Finlandia, Noruega, Dinamarca u Holanda, formaciones populistas de derechas ya forman parte del arco político con total normalidad.

Por no hablar de Grecia, donde los filonazis de Aurora Dorada, que proponen, entre otras cosas, controlar las fronteras con minas antipersonales, han obtenido un siete por ciento y han entrado con fuerza en el parlamento. O Hungría, donde el Jobbik, también filonazi y con multitud de acusaciones y denuncias de antisemitismo y racismo, es la tercera fuerza del país.

Exceptuando los dos casos muy particulares de Aurora Dorada en Grecia y del Jobbik en Hungría, en general, estos partidos se posicionan por encima de la clásica dicotomía entre izquierdas y derechas.

De hecho, sus programas electorales pueden llegar a resultar confusos. Por ejemplo, el Frente Nacional en las elecciones presidenciales del mes de abril en Francia, defendía una Francia fuerte frente al influjo de los capitales y de los mercados —una demanda anticapitalista, muy vinculada a la extrema izquierda—, mientras que a la vez defienden un mayor control de las fronteras o la supresión de varios derechos fundamentales a los inmigrantes, al no reconocer el punto ocho de la Convención Europea de los Derechos del Hombre, que limita la ingerencia del Estado en la vida privada y familiar.

Marco Tarchi, politólogo de la Universidad de Florencia, Italia, especialista en la extrema derecha, habla de la ubicación de estos partidos: «Se pueden definir más precisamente como ‘nacional-populistas’. Tienen más puntos en común con la derecha que con la izquierda, pero presentan también en sus programas propuestas que entran en conflicto con la derecha verdadera, liberal y conservadora».

Definiciones

Abunda Tarchi en la definición de estos partidos «nacional-populistas»: «Hay que hacer una distinción entre partidos de extrema derecha —que se basan más o menos explícitamente en modelos autoritarios y critican las presuntas debilidades y la insuficiencia de la democracia- y los partidos populistas— que reclaman un mayor control de la población sobre los procesos políticos y reivindican una aplicación más rigurosa del concepto de democracia».

Cas Mudde, experto en movimientos de extrema derecha holandés que ejerce en la Universidad de Pauw de Indiana, Estados Unidos, coincide en este aspecto: «Defino ‘extremista’ como antidemocrático, en el sentido de que se oponen a la soberanía popular y al dominio de la mayoría. Los partidos estalinistas y neonazis son extremistas. El Frente Nacional o el Partido Popular de Dinamarca son ‘radicales’, en el sentido de que aceptan la democracia como soberanía popular y gobierno de la mayoría, pero se oponen a aspectos claves de las democracias liberales, notablemente a los derechos de las minorías y al pluralismo».

Encontramos así una nueva hornada de partidos europeos que, subidos al carro del populismo, donde todo cabe, se sitúan por encima de la izquierda social o la derecha económica.

De esta manera, para el ciudadano europeo medio, que ha sido criado en democracias con partidos clásicos, donde la derecha era derecha y la izquierda, izquierda, estos partidos se pueden presentar como opciones falsamente cercanas a cualquier ideología: donde antes había programas más o menos cerrados y uniformes, ahora se encuentran propuestas políticas que van bailando de un lado al otro del arco ideológico.

La crisis política y económica que está sufriendo Europa está suponiendo también una transformación del mapa político y de la forma tradicional de expresión de la democracia a través de los partidos clásicos. Se abre una nueva etapa en la política del continente, donde el populismo de derecha está llevando la bandera del cambio. Cambio que los expertos consideran prácticamente inevitable a estas alturas.

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