Diario de León

Asuntos sociales

Los ‘sin techo’, deuda pendiente en francia

Como segunda economía de la zona euro, tiene una deuda pendiente con las personas sin hogar, que hoy suman 150.000, un 50% más que hace cinco años

París es quizá una de las ciudades que muestra con mayor crudeza la situación.

París es quizá una de las ciudades que muestra con mayor crudeza la situación.

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andrea olea
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Steve Franche, 41 años, fallecido el 29 de noviembre del 2011 en la estación de metro de Denfert-Rochereau en París. Jean-Jacques, llamado Gigi o La Araña , 46 años, muerto el 30 de noviembre del 2011 en un albergue de día en Bayona. Philippe García, 52 años, difunto el 5 de diciembre del 2011 en el hospital Font-Pré en Toulon. Un hombre sin identificar, encontrado sin vida el 20 de mayo del 2012 en un cuarto de basuras en Bergerac.

Son sólo cuatro de las 264 personas sin hogar que murieron en Francia en un período de seis meses. Tenían 49 años de media, muchos de ellos inmigrantes. La asociación Morts de la Rue (Muertos de la Calle) homenajeó en París a estos seres casi siempre anónimos que, como señalan con ironía los responsables de este colectivo, «ya no dormirán más en la calle» leyendo uno por uno sus nombres.

Francia ha fallado en su lucha contra la pobreza, a juzgar por las 150.000 personas sin techo censadas en el último informe parlamentario sobre la materia difundido en enero de este año, una cifra «simplemente escandalosa», reconoce el presidente de la Federación Europea de Asociaciones Nacionales que trabajan con Personas Sin Hogar (Feantsa), Friej Spinnewijn.

Pese a que, tal y como denuncia esta ONG, la falta de criterios homogéneos impide confrontar adecuadamente el número de sin techo en los distintos Estados europeos, una comparación aproximada permite ver que la cifra francesa se aleja ostensiblemente de las 30.000 personas que, según Cáritas, carecen de domicilio en España, un país mucho más golpeado por la crisis y por el paro que Francia, donde la tasa del desempleo ronda el 10 por ciento, frente al 24 por ciento de su vecino.

La capital francesa es quizá una de las ciudades que muestra con mayor crudeza la situación de los sin techo en el país: a quienes visitan París por primera vez, suele sorprenderles la gran cantidad de personas que se ven mendigando en las calles o durmiendo en los andenes del metro. Unas 6.000 personas sin hogar residen en esta ciudad, según estiman varios colectivos.

Cada año, la llegada del verano implica el cierre de cientos de centros de acogida que han trabajado sin pausa durante el invierno y, aunque este año la nueva ministra de Vivienda, Cécile Duflof, cedió a las peticiones del Colectivo de Asociaciones y prorrogó la apertura de estos centros desde el 1 de julio, aunque esto no soluciona la raíz del problema de los sin hogar.

Políticas fallidas

El caso parisino es uno de los más extremos que ilustran la realidad francesa, donde la existencia de una política de redistribución de ingresos relativamente efectiva y la presencia de un cuerpo asociativo fuerte que ayuda a los más vulnerables, no han evitado que el país deje aún mucho que desear en lo relativo a la acogida de personas sin hogar.

Acabar con el sinhogarismo se convirtió en prioridad nacional en le 2007. El Gobierno de Nicolas Sarkozy lanzó un ambicioso plan que preveía reducir la pobreza en un tercio durante los cinco años de su mandato, y prometió destinar 170 millones de euros a la creación y mejora de centros de acogida. No obstante, cinco años más tarde el número de personas sin hogar se ha incrementado en un 50%. «El aumento de personas sin hogar no es un problema exclusivo de Francia», aclara Spinnewijn, y apunta que se trata de un hecho «patente y preocupante» en toda Europa.

Ahora bien, aunque este incremento «está relacionado en parte con la crisis, también evidencia que algo más no funciona en las políticas de lucha contra la pobreza» en el continente, afirma. A su juicio, hacen falta más iniciativas como la de Finlandia, que se ha propuesto cerrar todos sus centros de acogida de sin techo en el 2015 y buscar una solución permanente para las 10.000 personas que duermen al raso en su territorio. «Claro que Finlandia no es Francia, las condiciones son muy diferentes en ambos países», reconoce, «pero al menos en el primer caso se muestra una verdadera voluntad política de acabar con el problema».

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