Diario de León

nemesio alonso álvarez

gaitero de la babia de yuso

su primera gaita la construyó él mismo a los seis años con un palo de escoba, otro de sabugo y la piel de un gato. hoy es uno de los veteranos imprescindibles de la música popular de la provincia

secundino pérez

secundino pérez

Publicado por
emilio gAncedo
León

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Atención a los materiales con los que don Nemesio Alonso, el gaitero de Torrestío, construyó su primera gaita cuando contaba tan sólo con seis añines: «El roncón lo saqué de una cañavera de escoba, y el puntero lo hice con un palo de saúco al que metí dentro una paja para poder tocar». ¿Y el fuelle, Nemesio? Ríe este veterano de la música tradicional leonesa, este hombre grande y paciente que jamás le ha negado a nadie una partitura, un consejo o un favor, y desvela: «¡Pues con lo que tenía a mano entonces, la piel de un gato!».

La anécdota es buena prueba tanto de la terrible afición que este babiano de pura cepa sintió siempre por la gaita como por uno de sus más característicos talentos, ese que le ha venido acompañando a lo largo de toda la vida: la habilidad para componer, rehacer y reparar cuanto aparato, instrumento o ingenio caía en sus manos. Los reducía a piezas, los descomponía en sus diversos elementos como hace el matemático con el problema o la ecuación, descubría el fallo y en un periquete lo arreglaba. Y esto podía hacerlo con un motor de explosión, con una lavadora y con mil cosas más.

Nació Nemesio en 1924 en Torrestío, en la Babia de Yuso, su padre era el maestro del pueblo y también había algo de ganado en casa. A los diez años, ante la inminencia de la guerra y la enfermedad de la madre, marcharon para León los cuatro hermanos y la progenitora. «Iba yo bien preparado porque mi padre nos había enseñado bien», recuerda Nemesio, y por ello pasó ampliamente el ingreso en el bachiller y superó el primer curso con sobresaliente. Pero a él lo que realmente le gustaba era la mecánica: «Iba a clase y me quedaba mirando lo que hacían en los talleres y garajes, eso me llamaba muchísimo la atención», comenta. De todas maneras, la familia se vio obligada a regresar a Babia y Nemesio hubo de ayudar a la labranza hasta que le llegó la hora del servicio militar, que cumplió en Valladolid y donde tocaba su gaita junto a otros reclutas, casi todos gallegos, formando singular banda.

Y es que el ronco son del instrumento le atrapó desde bien pequeño. Ya se ha comentado lo de la gaita de pellejo felino («eso sí que era artesanal del todo. Y olía de mal...»), luego aprendió con un gaitero tevergano, José de Torce, a cuyo lado le bastó con estar ocho días para cogerle el aire a la disciplina. Su primera gaita ‘oficial’ —que aún conserva y muestra con orgullo— la compró al archifamoso constructor Antón de Cogollo, del concejo de Las Regueras. «Costó 200 pesetas, me la pagó mi padre», especifica este artista quien recuerda que, aunque había afición por el instrumento, en la contorna no había gaiteros —el instrumento rey en Babia era y es el acordeón, que también toca Nemesio—, así que nuestro paisano y otros como él aprendieron, sobre todo, de músicos procedentes del vecino concejo de Teverga. Jotas, chanos, pasodobles, valseaos, de todo tocaba, en su pueblo y en los alrededores —mucho en la ermita y alto de Trobaniello—pero nunca hasta el punto de plantearse vivir de ello («con esto jamás gané perras, amigo»). También hizo dúo al lado de otro de su pueblo que tocaba el tambor: subían los instrumentos a lomos del burro y ponían rumbo a las romerías. «A veces quedaba dormido tocando». Y en muchas ocasiones hasta el día siguiente no regresaban a casa.

Nemesio, que se dedicó al transporte con camión y se jubiló a los sesenta años, casó con Inés Díez y tuvieron tres hijos, una familia hoy ampliada a cinco nietos y cinco biznietos («y empezamos sólo dos», reflexiona ella). Nemesio ha tocado por todo León y en Asturias, el pasado mes de junio la Escuela de Formación Tradicional le dedicó un homenaje y el sello Folk con Tsume está preparando un disco en su honor. Y como ahora se le ha prescrito que se tome un descanso, cuando Inés escucha que su marido hincha el fole para la foto, dice desde el pasillo: «¡Nemesio! ¡Que te dijo el médico!».

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