Diario de León
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fernando mañueco
León

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Ni Grecia, ni la incertidumbre sobre el rescate de España, ni los cambios en China, ni el enfriamiento de la economía de la zona euro. La evolución de los mercados financieros de medio mundo dependerá en el corto plazo de Estados Unidos. La bomba de relojería ya está activada. El tiempo corre. Estados Unidos caerá en el abismo fiscal dentro de poco más de cuarenta días. Es el llamado ‘fiscal cliff’, una serie de masivos recortes de gasto e incrementos de impuestos que se aplicarán automáticamente en enero, a menos que los legisladores demócratas y republicanos alcancen un acuerdo sobre el presupuesto y el techo de la deuda.

Si no lo remedia nadie, es decir, si no hay acuerdo pare reducir el déficit entre el Congreso (con mayoría republicana ) y presidente demócrata de EE.UU., Barack Obama, se dispararán los mecanismos automáticos de reducción del gasto público y aumento de la presión impositiva. Si el Congreso no aumenta el techo de deuda pública, el Tesoro tendría que declarar el ‘default’, la suspensión de algunos pagos, ya que al haberse alcanzado el tope de endeudamiento, no podría realizar nuevas emisiones para conseguir financiación. Podrían aumentar, entre otros, los impuestos a las ganancias de capital y a los dividendos.

Los analistas creen que si no se encuentra una solución, el PIB de EE.UU. y la tasa de paro sufrirán un severo deterioro. Desde luego se irán al traste los síntomas de recuperación que se han observado últimamente. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el abismo fiscal podría reducir el crecimiento económico de EE.UU. en un 4,8 por ciento y en 1,2 puntos porcentuales el de China.

La tensión es grande. No extraña por tanto que los inversores sigan con mucha atención la marcha de los acontecimientos. Los mercados seguirán moviéndose al son que toquen las negociaciones para evitar el abismo fiscal. Esta situación ya se produjo hace poco más de un año, lo que provocó una importante caída en los índices bursátiles.

Los más optimistas pensaban que, tras las elecciones presidenciales, el Congreso estadounidense y el presidente Obama serían capaces de evitar el masivo aumento de impuestos y los recortes automáticos por 600.000 millones de dólares. Pero lo cierto es que, aunque ha cambiado ligeramente la composición de fuerzas en el Congreso y en el Senado, en el fondo nada ha variado sustancialmente.

De momento, eObama se ha mostrado muy duro en sus negociaciones con los republicanos sobre el abismo fiscal. Obama pretende recaudar 1,6 billones de dólares con nuevos impuestos, lo que abre una gran brecha con las posiciones de los republicanos. Las posturas se encuentran muy alejadas. Quizá sea una estrategia de negociación, pero lo cierto es que el mundo financiero al completo observa con expectación y con nerviosismo estos duelos de titanes. En los choques de trenes no hay vencedores.

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