Diario de León

CANTO RODADO

supera la ficción

más allá del muro de lamentaciones de ciertos funcionarios y del apagón municipal hay lucidez para saber que el futuro está en nuestras manos

Ana Gaitero
León

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Dos mujeres en un escenario desnudo. De telón de fondo, la muerte de su madre. La mujer murió en soledad en una gran ciudad. Allí donde la gente se hace pequeña y anónima. O simplemente no existe. Las dos hermanas, primero en tono de reproche, y poco a poco como en una confesión aplazada largos años, reflexionan en voz alta sobre sus vidas, anhelos y frustraciones. Sobre un mundo que no comprenden. ¿Te suena, Nicanor Cardeñosa? Hace ocho años este roblano estrenó en Madrid, en el Teatro Infanta Isabel, la obra Mercado Inmobiliario .

En Madrid, cada día se mueren tres ancianos sin nadie a su lado para emprender el último viaje. Quizás Caronte se ocupa de estos casos. La muerte de dos mujeres en Astorga, en absoluta soledad, sin que nadie las echara de menos me sobrecogió con este recuerdo. La realidad supera a la ficción. Astorga es una ciudad de tamaño más humano, que bulle en actividad cultural. Sin embargo hay soledades que están fuera del alcance de unos servicios sociales burocratizados y enredados en el marasmo legislativo, moviendo papeles que afectan a las personas como si fueran números y letras. Sin alma. Entre todos la liaron, recortaron, miraron a otro lado y ellas, solas, se murieron.

Aviso a votantes

Dejemos de buscar culpables. Y de inventar excusas. Hay gente que lo tiene claro: «El futuro está en nuestras manos; no en vuestros bolsillos». El eslogan no pertenece a ninguna campaña electoral. Es la voz de un ciudadano del 14-N en León que, entre miles de mensajes, se coló en el objetivo fotográfico como un aviso a navegantes. Y a votantes.

Hay lucidez más allá de la oscuridad de la Gran Vía de San Marcos. Esa negrura que impedía ver desde el parador —como se impidió a los fotógrafos tomar una panorámica desde sus suites— a la gran masa de gente que cubría la principal arteria del Ensanche y se extendía hacia el Oeste por Ordoño II, como una ola de resistencia a la resignación y al recorte. La mayoría silenciosa es una ficción desde el 14-N.

Apagón en la Gran Vía

El apagón del alumbrado público, el municipal, nos metió en el escenario negro de una bocamina. Y me acordé de los de Santa Cruz, el último pozo de la cuenca Fabero-Sil. Y de todos los mineros que este año han visto más negro su futuro que el carbón. Y de las mujeres del carbón que siguen en la lucha. Muchos funcionarios, y más gente, prefieren el muro de las lamentaciones. Uff!!. Quejarse tanto debe ser agotador.

Tras el 14-N se descubre que el Ayuntamiento de León, el mismo que desde el incendio del Consistorio guarda los datos de la ciudadanía en el cerebro de Caléndula, el supercomputador que puso Zapatero en la ULE, tiene un sistema más atrasado que el de mi pueblo hace 40 años para el alumbrado público

En Villaornate, todos los días al atardecer, un hombre con un palo largo, levantaba el interruptor común para encender las bombillas. Y se hacía la luz, de punta a punta en la calle Mayor, de Cantarranas al barrio Madrid (¿o Madriz?). Entre Platerías y La Solana. En León, cualquiera puede hacerlo sin palo ni escaleras. Así de fácil. Y en cualquier calle. En el siglo XXI.

Silencio en las calles

Como cantaban Los Cardiacos en los primeros 80, la realidad supera a la ficción. Silencio en el dial . La realidad es que la soledad es neblina húmeda que, pena me da, también envuelve a los pueblos en invierno. Falta la gente y se acaban las costumbres, el roce y el apoyo mutuo. Cada vez más personas viven solas. Si acaso arropadas por mascotas como Perla, la pastor belga y fiel compañía de Rosario, en Penoselo (Ancares). Y por los vendedores ambulantes . Son los servicios sociales que van quedando en muchos pueblos. No necesitan pitar. Sólo hay silencio en las calles.

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