Diario de León

carmelita aller romero

Peluquera de la tarasca

peina, lava, viste, pone rulos y adecenta a la tarasca, ese bailongo y descarado personaje de las fiestas de león que es tan libre y festivo como la propia carmelita, alma del barrio del mercado

ramiro

ramiro

Publicado por
emilio gancedo
León

Creado:

Actualizado:

Oye, y no se queja! «Yo le doy alguna que otra voz: ¡Pero di algo, mujer!, y ella, nada de nada». Tiene humor Carmelita, y mucho remango, y siempre le gustó el cante y el baile, y es casi un símbolo saleroso y ocurrente del leonesísimo barrio del Mercado. Carmelita peina, viste y adecenta a la Tarasca, desvergonzado personaje de las fiestas capitalinas, inexcusable compañera de los gigantes y cabezudos —y la última que se retira, por eso a algún que otro noctámbulo se le llama también la (o el) tarasca —. Lleva Carmelita haciendo esta particular y delicada labor de estética muñequil desde hace la friolera de 35 años. ¿Por qué? La razón es sencilla: «¡Pues porque la veía despeinada, mal ataviada y de cualquier manera!».

Comete quien esto escribe la deplorable falta de tacto, decencia y sentido común de preguntarle la edad a nuestra protagonista. Una vez dispensado, logra averiguar, eso sí, que nació en Matallana de Torío —estación— y que su nombre es ese, tal cual, no es diminutivo de ningún otro. «Muchos me llaman Carmen, Carmina, Carmela, lo mismo me da, ¡yo soy la Carmen de España!», proclama.

El padre era de Puente Castro, caminero de la Diputación tenía por oficio, y la madre procedía del caserío de La Candamia, seis hermanos en total. Tenían una bonita casa en la villa de la que Carmelita recuerda un dicho: «De la carretera al río, todo mío». Y es que era ella una niña con donaire y mucha gracia a quien su padre montó un tablao casero para que taconease sobre él hasta que se cansase. De muchacha andaba con el corazón dividido entre la peluquería y el baile, pero sus padres le hicieron ver lo difícil y poco fiable de lo segundo, y se decantó por lo primero. Aprendió en la academia Sonrisa que estaba en Santiesteban y Osorio mientras vivía con unos tíos. «Fíjate cómo era antes la gente: una vez iba a salir con unas amigas y mi tía me quiso quitar las intenciones diciéndome: ‘¿Pero cómo vas a ir de fiesta a Villaobispo, si está allí enterrada tu abuela?’». «Al final, oficialmente no fui... pero fui», advierte.

Dice Carmelita «nací casada» (a los 20 años, las nupcias) y cuenta cómo, tras pasar por algunos establecimientos, montó su propio negocio, la Peluquería París, luego ampliado a salón de belleza, desde el cual atendió a media ciudad durante muchos años.

Rememora Carmelita que en los últimos años setenta, cuando comenzó a peinar a la Tarasca, la llevaban en coche oficial hasta el Ayuntamiento, y aclara que no es nada fácil atildarla, porque una persona «te dice lo que quiere, te guía», pero ésta, nada. Aún así, le lava la peluca, la mete al secador, le coge rulos, le cambia las joyas y pendientes, le pone flores en el pelo y colores y motivos alusivos a hechos de actualidad (a la Roja, por ejemplo), ¡este año hasta le llevó el vestido al tinte! Pero Carmen es también una gran aficionada a los toros (a la plaza del Parque lleva todos los pañuelos reglamentarios), engalana carro por San Froilán bajo la bandera de Villarrodrigo y se viste de traje regional leonés en las ocasiones especiales. Carmelita es una gran señora y llanísima al mismo tiempo. Ejemplo: «Antes se echaba las diez en el corral , pero ahora se dice tomar el aperitivo en el patio . ¡Ya ves tú que tonterías!».

tracking