Diario de León

metodio merillas

Estrella del baile español

Bailó ante el hoy emperador de Japón y participó en películas famosas, pero un accidente truncó su más que brillante carrera. volvió al pueblo y se dedicó al ganado y a preservar la tradición local

secundino pérez

secundino pérez

Publicado por
emilio gancedo
León

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Allí en Alija del Infantado, entre encinares y sembradíos, enclave encastillado del suroeste donde se tocan el monte, el páramo, la ribera y el valle, reside una estrella. Reside tranquila, sin aspavientos ni exageraciones, incluso su nombre propio evoca más al pastor o al labrantín que a la excelsa figura del baile español que fue. De hecho, su alias artístico era Antonio Merillas —el del padre— y lo paseó por una variedad asombrosa de geografías: España entera, Europa casi de cabo a rabo; y eso sin olvidar Japón, Filipinas e incluso Oceanía. Un desgraciado accidente truncó su meteórica trayectoria en plena y lozana cúspide.

Metodio nació en Alija en 1939, en una casa de mucho rumbo en la que siempre había gente y no poca alegría fabricada a sencillo pero efectivo golpe de pandereta en época de matanzas y vendimias. El padre era tratante de ganado, frecuentaba los mercados de La Bañeza, Benavente y Astorga y era muy conocido en toda la contorna. Metodio tenía sensibilidad para el paso y el ritmo («me gustaba y se me daba bien»), y ya con 9 años entró en el grupo de Coros y Danzas local. Con 11 cumplidos, bailaron en la inauguración del capitalino Teatro Emperador —«¡la primer vez que salí del pueblo!»—, acontecimiento de altura al que acudieron los alixanos de la mano del maestro Odón Alonso y su señora, quien quedó sumamente impresionada por el salero del rapaz Metodio. «‘Pero si son muy grandes para ti esas castañuelas’, me dijo; marchó un momento y al rato volvió con unas castañuelinas muy guapas. Mira, conserva una». Y la muestra como si fuera —y lo es— un pequeño y pulido tesoro.

Ante los insistentes consejos de la cónyuge del director y compositor bañezano, la familia de Metodio aceptó enviarle a Madrid a aprender danza. «Como mi padre tenía mucho contacto con carniceros y tal, pues mantenía la esperanza de colocarme allí en algún matadero, pero...». Pero enseguida comprobaron en el foro el extraordinario talento del leonés: tanto era —sumado al apuro que sentía Metodio, consciente de lo que les costaba a sus padres mantenerlo allí—, que en tan sólo año y medio sacó el curso en el conservatorio de La Latina, consiguiendo el carnet profesional y admirando a todos por su dominio «de la zapatilla, de la escuela bolera». A los quince días ya estaba contratado en el entonces Ballet Nacional, la Zarzuela. Y todo se precipitó. Un año entero girando por España. Luego, en 1959, Canarias. Después le llamaron para formar parte del cuadro del Príncipe Gitano. En 1960, con Alegrías de España, comenzó a girar por Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda, siete meses en total. Y atención al viaje en barco, que salieron de Marsella y tardaron un mes en llegar al país del sol naciente. Hacían clásico español y flamenco. «Es algo que gusta mucho en todo el mundo», asegura. En Japón el entonces Príncipe heredero acudió a los camerinos de improviso, para conocerlos. «Me preguntó de dónde era y yo dije: ‘de Alija de los Melones (entonces se llamaba así), León’, la intérprete lo tradujo todo tal cual y el hoy emperador se sorprendió muchísimo (‘¿pero cómo va a haber nacido este hombre entre melones, al lado de un león?’)».

Después, con el prestigioso Circo Prince recorrió Alemania en ocho meses, llegando a El Cairo y al Líbano, con Rafael de Córdoba hizo Italia, Bélgica, toda Escandinavia y Francia. También bailó en las compañías de Marifé de Triana y Estrellita Castro... y la Costa Brava y las islas, sin parar. Pero el 14 de mayo de 1976 (la fecha no se le olvida), camino del aeropuerto de Palma, en plena tormenta, el coche en el que les llevaba el representante chocó contra un camión... y aunque todos sobrevivieron, una grave luxación en el brazo apartó a Metodio de la danza profesional. Volvió al pueblo, puso granja de vacas lecheras y desde entonces ha sido ferviente custodio de la tradición local. En 1983 formó el grupo El Hilandón, que ha paseado sus bailes por todo el país y con el que en 1986 quedó sexto en el programa de TVE Gente Joven . «¡Y porque los chicos no quisieron ponerse las enaguas, que si no, quedamos primeros!», lamenta el siempre exigente Metodio.

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