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León

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Ocurrió hace ahora 25 años. El viejo Palacio de Canedo, un robusto edificio de estilo barroco terminado de edificar en 1730 junto a una antigua torre y una bodega construidas con anterioridad, se encontraba a la venta. Mucha gente preguntaba precio a su propietario, Antonio González Álvarez, que lo había heredado de su padre, quien a su vez lo había adquirido en 1942 al último Señor de Canedo, Rafael Ucieda y Osorio.

  Todo el mundo preguntaba, pero nadie compraba. Había mucha historia en aquel palacio desvencijado que a principios del siglo XIC había evitado el saqueo invasor durante la Guerra de la Independencia abriendo sus puertas y dando de comer a los hambrientos soldados de Napoleón. Caserón nobiliario venido a menos, el que de verdad mostró verdadero interés por comprarlo y restaurarlo fue el empresario agroalimentario José Luis Prada a Tope, que ya tenía esperiencia con el antiguo Hospital de San Lázaro en Cacabelos y que finalmente lo adquirió por 25 millones de las antiguas pesetas.

José Luis Prada tuvo que hipotecarse, pero con paciencia se esforzó en reformarlo —los hijos de Antonio González Álvarez habían vivido en el palacio y el nuevo propietario se encontró hasta cuatro cocinas— durante la siguiente década hasta el año 2002, hasta convertirlo en la imagen de su marca Prada a Tope, sede de su bodega y negocio hostelero. Las fotografías inéditas de esta página enseñan lo que era el edificio hace 25 años, con el corredor de madera desvencijado que Prada rehizo por completo, pero respetando su tipología. El Palacio de Canedo, hoy Bien de Interés Cultural, tiene ahora más encanto que nunca.

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