Diario de León

ruina y resurrección de palacetes

La decadencia de las casonas

La casa de los Torres-Cortés tiene una fachada interior porticada mucho más interesante que la prinicipal en la calle Paraísin. Se trata de un caserón barroco cuya última reforma es de 1949 y se vende por 900.000 euros.

La casa de los Torres-Cortés tiene una fachada interior porticada mucho más interesante que la prinicipal en la calle Paraísin. Se trata de un caserón barroco cuya última reforma es de 1949 y se vende por 900.000 euros.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

Creado:

Actualizado:

La alarma ha saltado en Villar de los Barrios. Lo que queda de la vieja casona de Los Carral, con su fachada blasonada, edificada en el siglo XVI, ocupada durante dos siglos por la familia de cosecheros más rica del Bierzo y prácticamente abandonada desde que en 1951 falleciera su último propietario, el sacerdote Emilio Villanueva Valcarce, está a punto de caerse, hasta el punto de suponer un peligro para cualquier peatón. Con más de cincuenta herederos repartidos en lugares tan distantes como Argentina y Perú, y una resolución de la Comisión Territorial de Patrimonio que el pasado mes de octubre acordaba la «urgente necesidad» de adoptar medidas de seguridad y emprender actuaciones de conservación, la Junta de Castilla y León, titular de las competencias en Patrimonio, está abocada a acometer las obras de urgencia de forma subsidiaria y tratar después de cobrarle la factura a los descendientes de su último propietario si estos no lo hacen, según confirmaron fuentes de la administración.

 La  vieja vivienda de Los Carral no es la única de las grandes casonas del Bierzo que puede tener una segunda oportunidad, aunque hayan perdido buena parte del encanto que tuvieron en sus tiempos de esplendor. La casa de los Torres-Cortés de la calle Paraisín de Ponferrada—un tesoro de piedra que ha pasado inadvertido en el casco antiguo y que bien pudiera albergar un hostal o una residencia de ancianos en los próximos años— espera escondida a espaldas de la ciudad a que un comprador se atreva a pagar los 900.000 euros que pide su actual propietario. Languidece también el edificio modernista de la Ferretería Villarejo en la plaza Mayor de Bembibre. Y sigue estando habitado, por citar sólo una de las viviendas que todavía engrandecen la villafranquina Calle del Agua, el palacete del siglo XVII que ocupa una rama de la familia Álvarez de Toledo en frente del Palacio de Torquemada y donde unos nervios de metal  instalados en los últimos años sostienen el dintel y la fachada resquebrajada.  

Y entre los ejemplos más afortunados de arquitectura civil en manos privadas, destaca sin duda el Palacio de Canedo, un inmueble barroco de 1730 comprado hace ahora 25 años por el empresario cacabelense José Luis Prada, que han encontrado una nueva vida y un nuevo encanto como emblema de la marca Prada a Tope. Son las dos caras del patrimonio privado.

Cosecheros con capellán

La última descendiente de la familia de Los Carral, cosecheros de Villar de los Barrios, Ángela Carral, declaró en 1908 heredero universal al capellán de la casa, el joven sacerdote Emilio Villanueva, «al parecer con la intención de que después pasara a manos del clero», cuenta Nicolás de la Carrera de la Asociación de Vecinos La Corona de Villar de los Barrios, uno de los colectivos que ha alertado del alarmante deterioro de la fachada del caserón. El sacerdote, último residente de la casa, testó finalmente a favor de sus siete sobrinos, desperdigados por Perú y Argentina y que han seguido teniendo descendientes hasta convertir en una tarea ardua localizarlos a todos.

El Ayuntamiento de Ponferrada requirió en su momento a los propietarios conocidos —Isaac Díez Villanueva, residente en Compostilla paga el IBI de la vivienda ruinosa y ha tratado sin éxito de poner de acuerdo a todos los herederos para vender la casa— la restauración del inmueble. Ahora  ha dejado el asunto en manos de la Junta de Castilla y León. «Llevamos ya 20 años con este lío. Los herederos están dispersos por el mundo y entraña muchas dificultades localizarlos. Y no podemos invertir recursos públicos en propiedades privadas», asegura el teniente de alcalde de Ponferrada y concejal de Urbanismo Juan Elicio Fierro. La Junta, transcurrido el plazo de diez días que ofreció a los dueños para consolidaran la fachada y se llevaran los escombros, tendrá que acometer ahora las obras urgentes de forma subsidiaria y tratar después de cobrar los 60.000 euros del presupuesto estimado.

La situación de la Casa de Los Carral contrasta con las ayudas del Área de Rehabilitación Integral (ARI) de Ponferrada. Fierro confirma que el Ayuntamiento ya ha dado por cerrado el programa conjunto con los gobiernos central y autonómico que desde el año 2006 ha financiado más de trescientas actuaciones con una inversión de 3,4 millones de euros. El edil de Urbanismo reconoce que «la crisis ha acabado con el ARI» pero insiste en que en los últimos seis años ha servido para cambiar el barrio y «dinamizar de una forma importante el comercio y la hostelería» de la zona.

También quedará sin ayudas del extinto ARI la casona de los Torres-Cortes, familia que explotó la empresa minera Hullas del Coto Cortés y hasta el pasado año propietaria de uno de los inmuebles barrocos más inadvertidos de Ponferrada, con un blasón en su fachada de la calle del Paraisín que suele vincularse con los Condes de Toreno, pero que merece un estudio en profundidad para confirmar su origen, según explica el historiador Vicente Fernández Vázquez, autor del libro Ponferrada Artística y Monumental.

La casona de los Torres-Cortes, cuya última restauración es del año 1943, esconde una galería de columnas de granito y una finca de 1.500 metros cuadrados que apenas se ha difundido en fotografías privadas. Lugar de encuentro de la alta burguesía ponferradina a comienzos del siglo pasado, su nuevo propietario, Gonzalo García, de la inmobiliaria Gesdinor, asegura que tiene promotores interesados en abrir un hostal o una residencia de ancianos —la vivienda señorial tiene 1.250 metros cuadrados y hasta hace siete años estuvo habitada— y lo ha puesto de nuevo a la venta por 900.000 euros.

Una de las últimas edificaciones en el casco antiguo, ya en plena crisis del sector inmobiliario, está siendo, sin embargo, la reconstrucción del inmueble que el ingeniero Ángel Mirones —tío del arquitecto que después dejaría su huella en buena parte de los edificios importantes de  la Ponferrada de la segunda mitad del siglo XX— proyectó en 1938 con líneas racionalistas en la plaza de La Encina. Los promotores se han visto obligados a respetar el diseño original de la fachada, a pesar de que el inmueble fue demolido por su estado ruinoso.

El ARI, sin embargo, no ha servido para salvar de la ruina la antigua venta de la calle Gil y Carrasco próxima al actual Museo de la Radio. Ni siquiera la celebración de la exposición de Las Edades del Hombre en el 2007 sirvió para incentivar su restauración y el solar ruinoso, a pocos metros del Castillo de los Templarios, continúa cubierto por la pantalla descolorida que su momento sirvió para tapar el edificio arruinado.

Y si Ponferrada da por cerrado su plan de rehabilitación, en Villafranca, conjunto histórico desde el año 1965 y con el Plan Especial pendiente de aprobación definitiva por parte de la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento está decidido a sacar adelante su propio ARI, a  pesar de la crisis.  La alcaldesa, Conchi López, espera que el Plan Especial entre en vigor a lo largo del próximo año. Rincones tan emblemáticos como la Calle del Agua —jalonada de casas históricas como la natal del Escritor Gil y Carrasco, recientemente vendida a un particular que quiere reformar su interior, de conventos y de palacios como el de Torquemada— podrían tener una oportunidad de recuperar su esplendor. La calle encierra la cara y la cruz del patrimonio berciano, con la Posada de las Doñas abierta en un caserón restaurado y una pared apuntalada en otro solar donde se frustró la construcción de un hotel. Entre los palacios habitados también destaca otra vivienda del siglo XVII, el antiguo Palacio de los Marqueses de Villafranca, propiedad de una rama de la familia Álvarez de Toledo, con los dinteles de la puerta y las ventanas centrales apuntaladas para evitar el avance de una aparatosa grieta que según el Ayuntamiento no supone ningún riesgo para la habitabilidad del edificio.

La Calle del Agua, en otro tiempo bulliciosa y con la vivienda más antigua de Villafranca —un caserón medieval del siglo XV en su número 31— también de propiedad particular pero sin habitar, no ha podido conservar, sin embargo, la vivienda del padre Sarmiento, el intelectual de la Ilustración venerado por las letras gallegas. De nada sirvieron las intenciones de restaurarlo la Xunta de Galicia y de la Junta de Castilla y León. Hoy sólo queda un triste solar.

tracking