Diario de León

américa latina

convertirse en novia con 15 años

cumplir los 15 en América Latina es un evento formal y supone la entrada en sociedad con brillantina, chambelanes y vestidos de princesa. La niña se despide de los osos de peluche para celebrar que ya es una señorita con derecho a enamorado

Tres jóvenes, Saray Enríquez Ortega, Diana Gutiérrez Enríquez y Mónica Enríquez Hernández, celebran que ya tienen 15 años.

Tres jóvenes, Saray Enríquez Ortega, Diana Gutiérrez Enríquez y Mónica Enríquez Hernández, celebran que ya tienen 15 años.

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claudia munaiz
León

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Si Walt Disney levantara la cabeza, la volvería a bajar. Los famosos cuentos de princesas y brujas, hadas y calabazas se han distorsionado tanto que han desembocado en los ‘remakes’ más kitsch del momento. Miles de adolescentes latinas sueñan con su fiesta de 15 años. Con suerte y dinero, ese día podrán lucir vaporosos vestidos con diez centímetros de tacón, para ver la vida desde otra perspectiva: la de quien empieza a modificar la dulce e ingenua mirada de niña por una mirada más pícara y adulta.

Pero no solo estas deslumbrantes jovencitas son protagonistas en el día señalado. Los padres muestran orgullosos a sus retoñas y se visten de luces para la ocasión. Peluquería, modista, manicura, pedicura, nervios, regalos, catering, desembolso económico, reserva de local…Todo se empieza a preparar un año antes, cuando las niñas aún juegan con osos de peluche y al ver a un chico guapo ni se inmutan.

La celebración de los 15 años es una fecha muy importante para las mujeres de América Latina y para las de habla hispana radicadas en Estados Unidos. Se trata de un festejo solo superado en grandilocuencia, tal vez, por las nupcias.

El pueblo se llama Capulhuac, ‘Canal de capulines’ en náhuatl. Está ubicado en el Estado de México y tiene 30.838 habitantes. Es un lugar pintoresco, con casas bajas de colores y cientos de puestos de tacos. De una casa baja salen risueñas y sin maquillar las cumpleañeras, que son primas entre sí y están muy unidas desde pequeñas. Diana Gutiérrez y Saray Enríquez están en Primero de preparatoria y Mónica Enríquez en Tercero de secundaria. Ese día, las tres madrugan, desayunan y empiezan el ‘making off’ de la fiesta. El programa del evento incluye una ceremonia en la iglesia de San Bartolomé Capulhuac. Acto seguido reciben la comunión y una medallita de oro cada una, previamente bendecida por el cura. Empieza así la parte menos religiosa de la fiesta.

Al banquete, preparado en un inmenso salón del centro del pueblo, llegan más de 800 invitados que van a degustar unos platos preparados con sumo amor por una de las primas mayores de las quinceañeras.

Chambelanes profesionales

Las tres cumpleañeras coinciden en que el momento del vals ha sido uno de los más emotivos. Seis chambelanes contratados por las familias bailaron con ellas. Primero un baile clásico y una canción moderna elegida por las niñas: Grease y un tema de Lady Gaga.

La familia de las homenajeadas contrató los servicios de una agencia que se dedica a organizar este tipo de fiestas. Dicha empresa se encarga de publicitar sus servicios y la gente les contacta.

Si bien es cierto que no todos los padres cuentan con el suficiente y holgado poder adquisitivo para organizar un cumpleaños de altos vuelos, casi todos hacen un gran esfuerzo y otros incluso se endeudan para concederles todos los caprichos a sus niñas.

En la fiesta hubo piña colada para bañar a las festejadas con sus primeras gotas de alcohol y, de regalo para los invitados, zapatillas con el nombre bordado de las cumpleañeras, un neceser y un joyero.

Para rematar y para aprovechar, los padrinos, los padres y la familia cercana se reunieron al día siguiente para comerse lo que había sobrado. En este caso acudieron alrededor de 70 personas y hubo banda de música. Se preparó cochinita pibil, plato típico mexicano.

Y es que en toda fiesta de 15 años, los padres presentan a sus pequeñas en sociedad, ante otros padres y otros jóvenes, como «mi señorita hija». Algunos padres les dan, incluso, licencia para acudir a fiestas o al cine con amigos sin la supervisión de un adulto.

En América Latina, la tradición permite que las antaño niñas comiencen a ponerse pintalabios o máscara de ojos al tiempo que van notando la madurez corporal. A muchas recién llegadas a la etapa adulta les llega incluso el primer e intenso amor.

Para rematar y para aprovechar, los padrinos, los padres y la familia cercana se reunieron al día siguiente para comerse lo que había sobrado. En este caso acudieron alrededor de 70 personas y hubo banda de música. Se preparó cochinita pibil, plato típico mexicano. Y es que en toda fiesta de 15 años, los padres presentan a sus pequeñas en sociedad, ante otros padres y otros jóvenes, como “mi señorita hija”. Algunos padres les dan, incluso, licencia para acudir a fiestas o al cine con amigos sin la supervisión de un adulto.

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