Normas éticas, monedas éticas
Los ideólogos del movimiento defienden que el dinero sólo debe valer para facilitar intercambios de productos y servicios. Con objeto de favorecer su circulación y que no se quede en los bolsillos de nadie, abogan por penalizar su estancamiento. Es lo que se conoce como ‘oxidación’ de la moneda, esto es, su pérdida de valor por no utilización.
En su particular diccionario, la prima de riesgo ha sido sustituida por otros conceptos como ‘decrecimiento’(volver a un sistema de autoabastecimiento menos dañino para el medioambiente) y ‘resiliencia’. Este último término nos lo traduce Israel Sánchez, promotor del ‘puma’: «Se trata de reforzar las relaciones en la comunidad y avanzar hacia la autogestión para estar preparados ante situaciones de shock como la escalada de las materias primas».
Menos utópico, Julio Gisbert, una de las principales autoridades en la materia a pesar de que, paradójicamente, trabaja en la banca, opina que los proyectos de moneda social o complementaria «más serios» son los que buscan potenciar el comercio local y estimular el consumo en la zona. «Creo que deben ser lo más inclusivos posibles. Si no se convierten en algo marginal de intercambio de berzas, masajes y sesiones de tambor. Muy perroflauta», afirma.
Gisbert considera que todavía queda mucho camino por andar en España para llegar a la madurez del ‘Sol-Violette’ de Toulouse o la británica ‘Bristol pound’. Entre las iniciativas nacionales, Gisbert destaca una a punto de ver la luz en la que él mismo colabora: el ‘expronceda’ de Almendralejo.
En este caso el ayuntamiento y hasta una caja de ahorros están involucrados y se emitirán billetes con conversión en euros. El ciudadano recibirá un 10% más de lo cambiado de forma que, por cada 100 euros, recibirá 110 ‘exproncedas’. La diferencia la asume, como si fuera un descuento, el comercio adherido a la red, que se beneficiará de unas mayores ventas.
«Se consigue que el dinero no salga del pueblo y que la riqueza se quede dentro», explicó Luis Blanco, de la asociación ‘Movimiento Páramo’, en la presentación del proyecto. Gisbert considera que hay que incluir dentro de este movimiento a los más de 300 bancos de tiempo que funcionan en España y que utilizan como unidad la hora. La espectacular eclosión de estas iniciativas ha llamada la atención fuera y, por ejemplo, la ‘turuta’ del pueblo pesquero de Vilanova ha sido ensalzada por el ‘The Washington Post’ como referencia de lucha contra el actual sistema financiero global
Fronteras adentro, sin embargo, prevalece cierto escepticismo ante estas monedas más próximas que el distante euro.