Diario de León

pablo g. montamarta

El Georgie Dann de León

Hizo de ‘los pajaritos’ un éxito mundial, tocó junto a Manolo escobar y Rocío Jurado, y en Teherán, Beirut, Chipre... luego se centró en un mercado que no decae: el de playa y discoteca en Benidorm y similares

secundino pérez

secundino pérez

Publicado por
emilio gancedo
León

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Aunque menos visible a los ojos del gran público, hay un mercado musical que aún resiste con festivo vigor los envites de la crisis: es el de las discotecas de Benidorm y lugares jaraneros de similar calibre, donde guiris y jubilados aún brindan con sangría mientas hacen la conga al ritmo de temas llenos de soleadas palabras como ‘España’, ‘playa’, ‘amor’ o ‘alegría’. Pablo G. Montamarta, veterano músico astorgano, se mueve como pez en el agua en ese ámbito, y a pesar de su edad sigue componiendo canciones con destino a los hoteles más kitsch del Levante nacional y a las más bizarras sesiones de animación del Imserso.

Nacido en la ciudad bimilenaria en 1934, la familia entera se trasladó a León cuando él contaba apenas cinco años de edad, dado que el padre —trompetista y contrabajista en sus ratos libres— había sido nombrado encargado de la fábrica de chocolate de Casimiro Díez. Desde que nació se vio rodeado de corcheas y semicorcheas por todas partes, y aunque cursó Bachiller en los Maristas, su pasión siempre fue la música, que estudió por libre y en la que llegó a ser todo un maestro si hablamos de trompeta y contrabajo, de acordeón y batería.

Y así, después de la mili (cómo no, fue trompeta en la banda del Regimiento) formó con unos amigos una banda, el Harlem Club, que tocaba sobre todo en el lucido Café Salamanca de la avenida Ordoño II, y poco más tarde se embarcaron todos rumbo a Madrid. Nada más llegar les echó el lazo un representante muy avispado gracias al cual tocaron en el Riverside de la calle Leganitos («había mucho americano allí, de la base», recuerda) y luego iba cambiando de grupo. «De aquella triunfaban lo italiano, yo estuve con los Corbellini, padre e hijo, tocamos hasta en los estudios de Televisión Española del paseo de La Habana, mira, aquí tienes una foto», enseña, y es cierto, con el sello de TVE y todo, hermosas fotos en blanco y negro, estupendas composiciones de las que ya no se hacen. Incluso formó parte de un mariachi, el Nuevo México, evoca con nostalgia. «La gran época de la música en España fue de 1960 a 1973; hoy, como tantas otras profesiones, casi ha desaparecido como tal», mantiene. Y es que en su máximo apogeo Montamarta hacía de todo: actuaba de disc jockey, recorría la costa saltando de hotel en hotel, llegó a actuar en Teherán —en un hotel propiedad del Sha, un año entero («si en Madrid ganaba 500 o 1.000 pesetas al día, allí eran 3.000»)—, en Beirut, Chipre, y hasta en El Paso (entre Estados Unidos y México), con el grupo Los Españoles, todo rumbas y pasadobles. Fue bajista de Manolo Escobar en Francia durante seis meses, tocó junto a Rocío Jurado en Sierra Nevada, durante una Navidad, y hasta el gran Pedro Iturralde, su amigo, compuso un ‘pasodoble-jazz’ en su honor.

Casado en 1959, a principios de los setenta decide dedicarse por entero a la composición, en gran parte para otros artistas, y a la promoción. «Lo de componer es un trabajo como cualquier otro, una rutina», dice este entusiasta creador, hoy jubilado («aunque de la música nunca se retira uno», remarca), y con 900 canciones, «todas registradas en la SGAE» tales como Benidorm , San Sebastián , España es diferente , Cuando tú me quieras , Saxofón flamenco o Playas de España . Ayudó a María Jesús a hacer megacélebre sus Pajaritos cuya melodía original compusiera el suizo Werner Thomas. «Yo le dije: ‘Si tú quieres, desde la cama haces un disco al año y puedes vivir de eso’, pero no me hizo caso», informa Montamarta, quien va regalando, generoso, ejemplares de sus 10 ó 12 discos, algunos publicados bajo el seudónimo de Paul Lezmont. Últimamente ha dedicado obras a Felipe Zapico («Un busto como homenaje/ a un torero español/ León entero lo aclama/ porque demostró en los ruedos/ valentía y pundonor») ¡y un himno al Atlético Astorga!

—Ahora voy a sacar otro disco.

—¿Sí? ¿Y cómo se va a llamar?

— Benidorm .

—¿Pero por qué casi todo lo relaciona con Benidorm?

—¡Porque da dinero, hombre!

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