pasarela
Women on top
S er modelo es la única carrera que no puedes escoger; tienen que elegirte . (Inés de la Fressange).
En plena semana de la moda de París, la cuna de la alta costura no sólo dicta lo que será tendencia la próxima temporada sino que, además, reúne estos días en la ciudad de la luz a algunos de los nombres más importantes del sector. Siguiendo el sabio consejo de una amiga y aprovechando la época de desfiles en la que estamos inmersos he creído oportuno ( supongo que ya era hora) dedicar unas palabras a algunos de esos nombres, en este caso femeninos. Ahí va mi oda a Las Modelos: criaturas celestiales para unos, criaturas «a secas» para otras. Me explico, reconozcamos que todo tiene su momento, ver un desfile o una buena editorial de moda en la que la protagonista sea una Kate o una Gisele es un gusto para la vista pero, qué pasa cuándo después de un día matador llegas a casa dispuesta a cenarte hasta a tu mascota y en ese momento te ponen en la TV el desfile de Victoria’s Secret ¿qué pasa entonces? Pues que se acabó la cena señoras, eso es lo que pasa. Perdonas el flan del postre, no porque de repente hayas visto un cuerpazo perfecto que ha dejado sin habla hasta a la susodicha mascota ( que en el último momento salvó la vida) sino « porque te da la gana», a ti esas cosas no te influyen, en realidad no tenía tanta hambre…Ay, el autoengaño femenino, que haríamos sin él.
Pero, al margen de la envidia sana (ejem), todos los que nos dedicamos a la moda debemos reconocer y valorar la importancia de su trabajo. Ellas son eslabones fundamentales de una cadena que comienza con un boceto sobre papel y termina con la modelo en pasarela. Ser guapas o atractivas, tener allure, es un requisito obvio en su profesión pero, no es el único. De una buena maniquí se espera seriedad, paciencia, resolución y nervios de acero. Aguantan sin quejarse largas sesiones de peluquería y maquillaje, pruebas de vestuario, fotos y más fotos y los previos a un desfile. Para el que no haya estado nunca entre bambalinas en esos momentos debo decir que, un backstage puede ser lo más parecido a un conflicto armado con uñas postizas y tacones de aguja como armas de largo alcance, de ahí lo de los nervios de acero.
Pero cuando las luces se apagan y comienza a sonar la música…llega la magia.
En cuanto ponen un pie en la pasarela las prendas cobran vida, el trabajo en el que has invertido tanto esfuerzo y energía se convierte en protagonista gracias a la generosidad de unas criaturas que,( «a pesar de sus cuerpazos»), definitivamente, son celestiales.
Dicen que las mujeres más fascinantes también tienen un punto de excentricidad y, una de las primeras modelos ( en este caso involuntaria) de la industria así lo confirma. En los años 20, Nancy Cunard, rica heredera inglesa y musa de las vanguardias se convirtió en uno de los primeros iconos de la profesión.
Con el tiempo llegarían las que fueron consideradas primeras tops, recuerdo a Bettina Graziani, que en los 40 se convirtió en musa de Givenchy y hasta le robó el marido a Rita Hayworth¡. Ya en los 60, mujeres como Twiggy o Grace Coddington ( directora creativa de Vogue USA desde hace casi treinta años) pusieron de manifiesto que, además del estereotipo clásico, hay otro tipo de belleza que también funciona.
Más tarde llegó Kate Moss y, simplemente, arrasó. Actualmente, el papel de la modelo en el sector es incuestionable, avalan y ensalzan el trabajo del diseñador poniendo a nuestra disposición lo mejor de sí, ellas mismas. Son, sin duda, women on top.