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Las garitas, torretas que servían de protección en las fortificaciones, son un elemento arquitectónico asociado a la antigua colonia española

Las garitas de San Juan son símbolo de sus fortificaciones y del casco antiguo de la ciudad, el Viejo San Juan.
Las garitas de San Juan son símbolo de sus fortificaciones y del casco antiguo de la ciudad, el Viejo San Juan. Estas construcciones fueron concebidas con fines militares para defender la isla de ataques exteriores, y hoy se han convertido en paso habitual de locales y turistas que pasan por la capital caribeña.
Con diversos tamaños, se pueden encontrar garitas en El Castillo San Felipe del Morro, en el Fuerte de San Cristóbal y hasta en el Paseo de la Princesa del Viejo San Juan, el embrujador barrio de estilo colonial de la capital puertorriqueña.
La más famosa
Quien entre en el Viejo San Juan por la Avenida Ponce de León encontrará en su franja derecha El Fuerte de San Cristóbal, fortificación española construida para proteger la ciudad de ataques terrestres. San Cristóbal, completado en 1783 y Patrimonio de la Humanidad desde 1983, alberga la famosa garita del Diablo, situada en una de las partes más antiguas del fuerte.
La leyenda cuenta que los soldados desaparecían frecuentemente de esa torreta, la más distante y solitaria, y que lo hacían de forma inesperada y sin dejar rastro.
La leyenda más conocida es la que cuenta la historia del soldado Sánchez, al que llamaban ‘Flor de Azahar’ por su piel blanca y a quien una noche le tocó hacer guardia en la retirada garita.
Como era costumbre, los gritos de contraseña entre los soldados iban esa noche pasando de puesto a puesto de vigilancia pero, al llegar al del soldado Sánchez, hubo un silencio por respuesta y no se escuchó más que el silbar del viento del Atlántico. El resto de soldados pasaron la noche aterrorizados con el pensamiento de que algo le hubiera pasado a su compañero, pero sin atreverse a abandonar sus puestos, hasta que llegó la mañana.
Con las primeras luces del alba, los soldados se acercaron a la garita, donde encontraron un fusil y el uniforme abandonado del soldado Sánchez, que desapareció sin dejar rastro. Los soldados, supersticiosos, comenzaron a decir, desde ese día, que un demonio sorprendió al soldado Sánchez y se lo llevó para siempre.
La belleza de ‘El Morro’
A la del Diablo le siguen otras garitas que acompañan las murallas que protegen al Viejo San Juan, donde se ubican algunos edificios que se remontan al siglo XVI, inicio de la colonia española. El perímetro de las murallas del Viejo San Juan, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983, es defendido cada cerca de trescientos metros por una garita, hasta llegar al Castillo San Felipe del Morro, o simplemente ‘El Morro’, como dicen los sanjuaneros.
Es precisamente en ‘El Morro’ donde se concentran algunas de las más bellas de toda la capital puertorriqueña, que hoy son sólo un vestigio del elemento de vigilancia que fueron durante siglos a la entrada a la bahía de San Juan para la protección de la ciudad de ataques marítimos.
Se trata de una pieza clave en el complejo sistema de fortificación de la ciudad, iniciado por el jefe de Ingenieros Tomás O’Daly, en 1765, con el fin de convertirlo en una de las plazas mejor defendidas de toda la América española.
Frente a ‘El Morro’ se levanta el Fortín San Juan de la Cruz, también conocido como de ‘El Cañuelo’, ubicado en Isla de Cabras, en el extremo oeste de la entrada a la bahía de San Juan. Este pequeño fortín jugó un papel destacado durante los ataques que sufrió por siglos la antigua colonia española y llegó a ser quemado, aunque fue reconstruido posteriormente en 1670.
Desde ‘El Cañuelo’ se divisa La Fortaleza, residencia del gobernador de Puerto Rico y construida entre los años 1533 y 1540, en su forma primitiva, con fines también defensivos. La construcción ha servido como residencia oficial del gobernador desde el inicio del tiempo de la colonia y a mediados del siglo XIX fue reconstruida para cambiar su apariencia militar a una más cercana a la de la casa del primer puertorriqueño.