Diario de León
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enrique vázquez
León

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Hoy domingo y el lunes por la mañana votan los italianos en las oficialmente llamadas ‘elecciones políticas’ (legislativas: Cámara de Diputados y Senado). Su novedad consiste en que concurre un candidato de mucho peso, Mario Monti, senador por designación del presidente, hombre sin partido y parachutado desde sus alturas en la UE a la animada Italia para sacar al país del atolladero económico y ayudar, de paso, a la jubilación definitiva de un tal Silvio Berlusconi. Ni una cosa ni otra están aseguradas a día de hoy.

Monti, pulcro y desdeñoso frente a una clase política profesional a la que detesta, podía haber estado más tiempo al frente del Gobierno técnico que formó en noviembre del 2011 y que ha apuntalado el Tesoro y capeado bien el temporal financiero, pero Berlusconi, quien se había autojubilado en octubre pasado, volvió por sus fueros y súbitamente retiró el decisivo apoyo parlamentario de su grupo y forzó elecciones anticipadas. Monti, tras pensárselo bien y seguro de que no tendría que sacarse el carné de partido alguno, aceptó encabezar una llamada ‘Lista Monti’ (con el nombre electoral de Elección Cívica) que anda tercera en las encuestas, tras el ‘centro-sinistra’ (Partido Democrático y socios menores) de Pier Luigi Bersani, socialdemócrata, y el propio PdL berlusconiano. Una coalición de gobierno será inevitable y el objetivo muy compartido (salvo por la Liga Norte de Roberto Maroni, aliado funcional de Berlusconi con la sola condición de mandar en su feudo, la Lombardía) de aislar a ‘Il Cavaliere’ debería ayudar a obtener el benéfico efecto. Pero la solución primera, un arreglo Bersani-Monti, parece por completo excluido y más tras la afirmación del segundo de que «nada tiene que ver» con el centro-izquierda y su seguridad de que «la canciller Merkel no desea ver a la izquierda en el poder». Monti se las ha ingeniado para hacerse una foto con el Papa saliente y oficiosamente es el candidato del campo católico (en su lista está el único partido formalmente cristiano-demócrata, la UDC) pero hace tiempo que la DC, deglutida en su día por el hábil Berlusconi, no es lo que era. La fragmentación está confirmada por los sondeos, nadie tiene mayoría clara y, sobre todo en el Senado.

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