Los veteranos del Barrio
El Húmedo con más solera
Añejos, situados en zonas que permiten una conservación Perfecta, son muy pocos los bares del húmedo que consiguen la calificación de gran reserva tras arrastrar más de tres décadas a sus espaldas

Raimundo Alonso, ‘Mundi’, abrió El Infierno en 1973 y es el más antiguo de todos los que se encuentran en la zona.
En el corazón de la capital leonesa, en pleno casco antiguo, ruge animado el barrio más popular de toda la ciudad. Ya desde épocas bien remotas, con la Legio VII Gemina y una Roma que buscaba expandirse más allá del Mare Nostrum, el Barrio Húmedo ya servía tapas y raciones en forma de ‘cannaba romana’, lugar donde los civiles suministraban productos a los soldados, por lo que de casta le viene al galgo la apetencia del buen comer.
Su historia se palpa por todas las esquinas de uno de los arrabales más conocidos en toda España. Uno de los elementos que le han hecho más famosos han sido sus innumerables bares, restaurantes y ‘pubs’ que pueblan sus rincones, aportando un delicioso aroma que se impregna en la cerebro y convierte a todos en seres volubles e ingobernables de sí mismos.
La cuna leonesa de la ambrosía de los mortales se ha poblado de las andanzas y desventuras de los personajes que más notoriedad le han dado, como Genaro Blanco y Blanco, más conocido como Genarín, que arribaba por sus lares, llenos de prostíbulos de dudosa categoría, lugares poco recomendados y visitado por personas, que como bien dice Julio Llamazares en El entierro de Genarín «no eran precisamente lo más granado de la época».
Las palabras del genial escritor leonés no han sido las únicas dedicadas a este humilde barrio de mojaduras interminables. Las musas anidan en cada copa y en cada tapa, en cada establecimiento y en cada baldosa, en el momento menos esperado. Y si no, que se lo digan a Francisco Umbral, que en su corta estancia en León, vivió como nadie el trasiego de la ciudadela de las botellas semillenas que decidió recordar para siempre en su Crónica de las tabernas leonesas .
Y es que el barrio es el barrio, ya lo dicen todos los hosteleros y clientes, es como el padre del hijo pródigo, por muchos sitios que se visiten, siempre se vuelve y con la cabeza gacha por haberle sido traidor el aprendiz al maestro, pues para muchos es una de las tres maravillas de León, junto con la Catedral y San Isidoro.
Algunos de los establecimientos alojados por sus singulares bulevares llevan toda una vida sirviendo y alimentado los estómagos caprichosos de leoneses y visitantes que se pierden por sus calles. Algunos de esos veteranos son los propietarios de los bares El Infierno, Valdesogo, La Gitana y El Botijo, que juntos acumulan la friolera de 140 años de profesión. Por casualidades del destino o por cumplir con un anhelo secreto, sus dueños acabaron en un barrio que con más jolgorio y alegría que no tiene nada que ver con la situación actual.
MOMENTO DE FLOJEDADES
De ese Húmedo de ambiente y regocijo constante ahora quedan los lodos de lo que fue, todo debido a la crisis. «Antes, está pequeña calle estaba muy transitada, pero ahora puedes estar mirando durante un largo rato a la calle y no pasa nadie y los que pasan, no entran», comenta Álvaro García, del bar La Gitana, que asegura que la gente que entra en su negocio «se ha reducido bastante». De la misma opinión es Serafina Suárez, del bar Valdesogo, que afirma que ya «no entra tantos como antes por culpa de la crisis». Algo similar piensa Joaquín Peña, de El Botijo. «Antes había mucho más ambiente, se nota el efecto de la crisis». Por su parte, Raimundo Alonso, ‘Mundi’, del bar El Infierno, la variedad es importante. «Hay bares, restaurantes, pubs... existe una oferta enorme para todo tipo de clientes».
Sin embargo, algo que continúa presente, que impera en el ambiente y se contagia a sus gente es el optimismo de los dueños de estos establecimientos que saben ver siempre el vaso medio lleno y, si es necesario, ellos lo llenan más, pues su trabajo consiste en hacer más ligeras las penas y los tormentos menos amargos.