Diario de León

Pedro Rodríguez Pozos

Nómada y cantaor

Un nómada, un hombre libre. Así es Pedro Rodríguez , natural de Vanidodes (Magaz de cepeda). Artesano, comerciante, soldador, cantaor, culturista...

Publicado por
A. Domingo
León

Creado:

Actualizado:

Con 66 años, vecino de la pedanía bañezana de San Mamés de la Vega, ha hecho casi de todo y ahora, retirado, prepara una exposición de sus juguetes fabricados a mano en madera en La Bañeza y quiere que el regio Teatro Municipal le abra las puertas, al Marqués de Fandangos , como se denomina en el mundo artístico, para ofrecer un recital flamenco.

Rodríguez Pozos ha recorrido infinidad de sitios desde que, siendo un chaval, su padre le llevara por las carreteras conduciendo bestias para venderlas en las plazas de ganado. En aquellos largos caminares que recuerda, su padre, un jienense de La Carolina, le enseñó cantares de sentimiento y guitarra —«quería que le imitara un poco»— y en ese ir de aquí para allá aprendió a marcharse de donde no se encontraba a gusto: abandonó su trabajo en la central nuclear de Lemóniz (Vizcaya) cuando ETA asesinó al ingeniero del proyecto en 1981. «Me finiquité yo», asegura.

Soltero porque le gustó siempre «la libertad... mi espacio...» y «sin hipoteca ni niños», quien quiera localizarlo tendrá acercarse a su casa porque ni tiene teléfono. Nada de fijos y móviles, «porque mi tiempo y mi libertad me los estafo yo».

Muestra con orgullo los carnés de las empresas en las que trabajó como soldador. Con un oficio demandado, trabajó en las refinerías de petróleo de Puertollano (Ciudad Real) y de Escombreras (Murcia), en las centrales térmicas de Velilla del Río Carrión (Palencia) y Anllares (Páramo del Sil), en los astileros de Astano (Ferrol), y en Equipos Nucleares, S.A. (Cantabria) y «en plataformas petrolíferas del Mar del Norte, trabajando para los ingleses».

Sin más ataduras que sus anillos y el sombrero, sus padres le amarraron a San Mamés. Cuidó a su padre, que, tras criar a «cinco mujeres y un varón, que soy yo», sufrió una infección en la cabeza del fémur derecho y falleció y se hizo cargo de su madre cuando enfermó de alzhéimer. El tiempo que pasó cuidándolos lo invirtió en construir un gimnasio, con barras paralelas, anillas y otros aparatos con los que dedicarse al culturismo, en el que se inició en su estancia en Barcelona hacia 1980, en el Centro Internacional de Cultura Física Sansón Institut, del que conserva el carné. Durante la convalecencia de su madre, se inició en la artesanía de madera. «Inquieto de mente y manos» se volcó en la actividad «como autodidacta»

Ella falta hace ya siete años; desde su muerte y hasta hace un año, cuando se jubiló, «compré una furgoneta, no un coche que no es adelanto para mí» para recorrer ferias medievales en las que vendía sus artesanías.

En febrero grabó en un estudio su arte flamenco. El tiempo no perdona: «En ocho o diez años se me irá la voz», un bien más preciado que todo el progreso tecnológico que ha visto: «Como decía Fernando Sabater, si me regalan un móvil, un ordenador y un coche no le saco todo el rendimiento a sus prestaciones, porque el progreso va 20 o 30 años por delante de la mente humana».

tracking