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celia sierra
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Angelina Jolie ha sido el último personaje público en poner nombre y apellidos al cáncer, una enfermedad que la actriz no padece, pero que sí tenía muchas posibilidades de sufrir debido a una mutación genética. Jolie, madre de seis hijos, decidió vivir su proceso de puertas para afuera, haciendo pública su decisión de someterse a una doble mastectomía y una posterior reconstrucción mamaria. Pero no ha sido la primera ni probablemente será la última: actrices como Shirley Temple, Oliva Newton John o Christina Applegate, las cantantes Kylie Minogue y Anastacia o la tenista Martina Navratilova, e incluso dos primeras damas de Estados Unidos como Betty Ford y Nancy Reagan, han combatido esta enfermedad en el hospital y ante los medios de comunicación. Y es que esta larga lista de mujeres ha aportado su granito de arena a la batalla contra una enfermedad que actualmente es la principal causa de muerte de las mujeres en países desarrollados.

Medios de todo el mundo se hacían eco hace unos días de la decisión de Jolie, quien explicó, paso por paso, el proceso de las numerosas intervenciones médicas a las que se ha sometido para ganar preventivamente la batalla contra el cáncer. La ganadora de un Óscar por Girl Interrumpted es portadora de un gen defectuoso, el BRCA1, que incrementaba sus probabilidades de tener cáncer de pecho hasta en un 95 por ciento.

Jolie decidió no mantener su historia en secreto, porque era consciente de que muchas mujeres «no sabían que podrían estar viviendo bajo la sombra del cáncer». Y añadía: «Tengo la esperanza de que ellas también sean capaces de obtener pruebas genéticas y que, si tienen un alto riesgo, sepan que tienen opciones (...). La vida tiene muchos desafíos. Los que no nos deben asustar son los que se pueden asumir y controlar».

Considerada uno de los iconos de belleza de nuestros días, Jolie consiguió que su testimonio pusiera sobre la mesa el debate sobre las cirugías preventivas en caso de enfermedad y acercó a millones de lectores una enfermedad que todavía es un tabú.

Aunque mujeres de todo el mundo toman la misma decisión que Jolie «cada día» de manera «anónima», el hecho de que ella lo haya hecho «públicamente» puede ayudar «a muchas mujeres a que lo vivan de una manera menos dramática», señalóla psicóloga Blanca Matalobos, especializada en cuestiones oncológicas.

Los personajes públicos son «modelos de éxito». Como tales «pueden ayudar a romper con muchos tabúes, y su testimonio llega mejor a los usuarios que muchas campañas de prevención», añade.

Aún así, Matalobos pide cautela a la hora de manejar este tipo de información, ya que con este tipo de hechos se tiende «a reducir la realidad a la experiencia de esa persona, y no hay un solo tipo de cáncer: cada uno vive la experiencia y la noticia de una manera muy particular», advierte la especialista.

Jolie no ha sido el primer personaje público en someterse a una mastectomía de manera preventiva. Christina Applegate se sometió en 2008 al mismo proceso por razones similares a su compañera.

Aunque una de las primeras fue la actriz Shirley Temple, quien en 1972 (con 44 años) reveló que sufría su cáncer de mamá y pasó por el quirófano para que le fuera extirpado uno de sus pechos. La actriz hizo campaña contra los tabúes de la época, aunque su operación, a difrencia de la de Jolie, solo mereció una pequeña mención en las páginas interiores de los diarios de la época.

Poco después sería Betty Ford, primera dama de Estados Unidos, la que puso nombre y apellidos a esta enfermedad, admitiendo que la sufría y dejando a los medios de comunicación que la visitaran en el hospital, tras someterse a una operación para eliminar un tumor de uno de sus pechos. Su testimonio hizo que aumentaran ligeramente las pruebas de mamografía.

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