La esperanza blanca
Hay cosas, situaciones, acuerdos, momentos o negociaciones que son capaces de cambiar el mundo y de mejorar sustancialmente la calidad de vida de sus ciudadanos. Una de ellas puede ser, el acuerdo de libre comercio que se está fraguando entre Estados Unidos y Europa. Las conversaciones comenzarán en julio. No van a ser un camino de rosas, pero hay que esperar y confiar en que a la vuelta de unos meses de esas conversaciones nazca un acuerdo capaz de impulsar el crecimiento y generar empleo a los dos lados del Atlántico.
España será sin duda uno de los países más beneficiados. Nadie olvida que la economía española, a fuerza de ajustes y restricciones, ha aumentado últimamente de forma notable su capacidad exportadora y su competitividad en el exterior.
Y es que seguramente será Europa la parte más beneficiada. Los expertos hablan de un crecimiento de las exportaciones europeas a Estados Unidos de entre un 7 y un 18%, lo que supone entre 20.000 y 50.000 millones de dólares anuales. Los analistas estiman que en España se podrían generar entre 36.000 y 140.000 nuevos empleos, dependiendo los términos finales del acuerdo. El efecto benéfico de este acuerdo dependerá de si se eliminan sólo las barreras arancelarias o si se desmontan también las no arancelarias, es decir las relativas a normativas de calidad, especificaciones técnicas o cuotas.
Este acuerdo llegará en buen momento. La Reserva Federal de Estados Unidos espera haber eliminado por completo a mediados de 2014 sus medidas de estímulo. Por eso es importante que Estados Unidos cuente con un catalizador del crecimiento que mantenga viva la llama. Ese catalizador puede ser el tratado de libre comercio que verá la luz dentro de dos años. Las Bolsas de Estados Unidos, al igual que la de Japón y el Reino Unido, se han beneficiado por las medidas expansivas adoptadas por sus respectivos bancos centrales. El BCE ha prometido medidas, pero todavía no las ha adoptado, por lo que el estímulo necesario puede llegarle a Europa precisamente del aumento del comercio con EE.UU.
Mientras Estados Unidos y Europa estrechan lazos, parece que se enfrían las relaciones entre Europa y China. Y eso es algo serio. La Unión Europea es el primer socio comercial chino y China es el segundo socio europeo, sólo por detrás de EE.UU. El arancel que Europa ha impuesto a los paneles solares chinos ha abierto la caja de los truenos. Como respuesta, China ha creado una tasa extraordinaria al vino y al acero. La tensión aumenta.
Si llega a estallar una guerra en toda regla, ambas partes saldrán trasquiladas. La que más tiene que perder es la Unión Europea, ya que además de sus exportaciones industriales está en juego la financiación de su abultada deuda pública por parte del dinero chino.