Diario de León

Exposición

La mina más pictórica

Ya no se extrae carbón del valle de sabero pero eso no ha sido un impedimento para María del Carmen Estébanez, una pintora que refleja en sus obras su visión sobre el duro mundo de la mina

Publicado por
Sabero

Creado:

Actualizado:

Hace ya más de dos décadas que nadie arranca el negro carbón del Valle de Sabero. Más de veinte años que no se siente la mina y, quizás, la minería en esta cuenca. Sin embargo, otra vez un pintor, en esta ocasión una mujer, además saberense, ha despertado el espíritu minero que desde hace más de ciento cincuenta años ha sentido la gente de este valle y ha sido el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León la que acoge los 44 óleos de la exposición ¿Encadenados a la Oscuridad? , que reflejan fielmente la visión que la artista tiene del mundo de la mina.

María del Carmen Estébanez es natural de Sabero y reside en Valladolid, aunque en el periodo estival, la Navidad, la Semana Santa y muchos fines de semana acude a su cita con sus vecinos y amigos. Su infancia y su juventud pasados en el Sabero minero la hizo sentir su inspiración en el duro trabajo de la mina y los mineros.

No podía haber mejor lugar para acoger la obra de esta pintora que el museo que recoge la memoria minera de la comunidad. Estaban condenados a encontrarse y lo han hecho. Estébanez es, desde el pasado mes de abril, protagonista en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, con sede en Sabero.

Carbón y dolor

El centro ha organizado un gran trabajo sobre la obra de la artista saberense. Su edificio de exposiciones temporales ocupa sus dos plantas con casi medio centenar de cuadros en los que el contraste de las duras tareas de la extracción del carbón se entremezclan con la sensibilidad, el dolor, la soledad, el alivio, la tristeza, la alegría y el compañerismo de los mineros y la sociedad que ellos mismos crearon durante décadas.

El primer encuentro con la exposición se produce una vez atravesadas unas cortinas negras, en una cámara oscura. En ese espacio pequeño, sin apenas luz, donde el olor producido por el carbón y el serrín mojado, que ocupan varios cubos de metacrilato, se mezcla con los ruidos de los yacimientos. El visitante se enfrenta a sus ideas preconcebidas sobre el mundo minero. Después de permanecer unos segundos en esta cámara oscura, los visitantes atraviesan unas lamas negras de goma, con la textura y el olor del caucho utilizada en las galerías para salir de la exposición.

Al acceder a la planta baja, abandonada la cámara oscura, el visitante siente la sensación de la luminosidad. Las obras de la artista se muestran en espacios muy abiertos y luminosos. Es el contraste entre el negro de la mina y la luz propia de los mineros, la primera duda que se aprecia sobre si están o no encadenados a la oscuridad.

La parte central de la sala está ocupada por una gran vitrina expositora de metacrilato. En su interior se encuentra encerrado y enterrado en carbón el cuadro que inspira el nombre de la exposición. Estébanez ha sacado la mina a sus cuadros y ahora es uno de pinturas la que vuelve a la mina.

En el fondo de la sala, las grandes cristaleras han sido cubiertas con espejos que reflejan las obras y las personas que en ella están, devolviendo las imágenes cambiadas a su antojo, vistas desde muchos ángulos y perspectivas, tantas como ideas hay de un trabajo tan complejo como el del minero.

En la pared frontal, la más grande de la sala, varios cuadros sin enmarcar, de grandes dimensiones nos hablan de la secuencia de un día de la mina: la jornada . Junto a ellos y próximo a las cristaleras, una fina tela que va del techo al suelo, contiene serigrafiado un texto con los datos más relevantes de la pintora y su obra.

En el piso superior, el negro de la mina sólo está presente en los trazos firmes del pincel de Estébanez, en la mente del visitante y en los trozos de carbón que de forma sutil se distribuyen por la sala y ocupan la pequeña pared que cubre el sistema de calefacción de la sala.

En la pared frontal, contrastes , los cuadros están agrupados de dos en dos con la idea de contraste e invitan también a la reflexión. Especialmente algunos de ellos, que han querido abandonar las paredes y cuelgan suspendidos del techo de la sala.

Siempre juntos

Frente a ellos, en la pared más pequeña de la sala, compañeros , una serie de cuadros retratan a grupos de mineros trabajando juntos, ya que esta zona está dedicada al compañerismo en la mina, tan necesario en un trabajo tan peligroso.

La tercera pared de la sala, dureza , de tamaño medio, acoge de forma escalonada, una serie de cuadros que dan cuenta de lo duro del trabajo minero.

La pequeña sala anexa a esta segunda planta ocupa su pared frontal con las dos obras que forman un díptico, tituladas Distintas faenas . El visitante ve estas obras a través de finas telas que van del techo al suelo y que en ciertas partes están serigrafiadas con motivos de estos dos cuadros.

Cuando el visitante abandona la exposición es el momento de reflexionar acerca de lo que ha visto. Es el momento de saber si su idea inicial sobre la mina, seguramente reflejada en la cámara oscura que da acceso a la muestra, sigue siendo la misma después de haber visto las obras de Carmen Estébanez. El olor al filón y los sentimientos también se mezclan al óleo.

tracking