Diario de León

félix moreno, ‘el músico’

dueño del ritmo minero

trabajó durante más de cuarenta años en la vasco, «haciendo altas sin parar», tocó en mil fiestas y fundó grupos y bandas de música, y hasta equipos deportivos

secundino pérez

secundino pérez

Publicado por
emilio gAncedo
León

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Hace cosa de diez años, cuando Félix Moreno Muñoz —digamos mejor El músico , pues así es conocido en toda la cuenca minera del Bernesga—, dejó los conciertos, le resultaba del todo imposible acudir a fiesta ninguna en la que hubiera programada música en directo, y debía emprender una prudente y silenciosa huida. Era incapaz de presenciar el espectáculo de un grupo en el escenario, pues todo su cuerpo fibroso ardía en deseos de subir allá arriba y arrebatarle las baquetas al baterista, y lanzarse por los caminos de la rumba, o del tango, o del rock, o de la salsa, y tardó un tiempo en acostumbrarse al papel de espectador.

Nacido en León capital, en la clínica Miranda, cuando apenas nadie nacía en los hospitales, su padre era guardia civil oriundo de Talavera de la Reina y la madre, leonesa emparentada con los famosos Pesetines chocolateros. Por causa del siempre itinerante trabajo del padre, vivió en Mansilla de las Mulas, Villaquejida, Cisneros, Paredes de Nava, Palencia, donde conoció a su mujer («¿y cómo fue eso?», «pues como son estas cosas, yo le dije: ‘Qué guapa eres’, y ella: ‘Y tú qué feo’. Y así...»).

Saltó de colegio en colegio, pasando por los Agustinos de León, y en cada aula contaba al compañero de pupitre de turno su sueño y su pasión: volar, llegar a aviador militar. Pero sus padres le quitaron de la cabeza la idea de piloto intrépido ante el peligro que sentían cernirse sobre el hijo único y la estancia de la familia en Santa Lucía de Gordón fue la última de su periplo benemérito. La siguiente parada era Cervera de Pisuerga pero allí ya no les acompañó Félix. Lo contrataron en la Hullera Vasco-Leonesa y en la emblemática empresa montañesa permanecería 41 años.

«En admisión de personal, en nóminas, en partes oficiales, en la secretaría de accidentes laborales...», desgrana Félix el itinerario laboral colocando en lugar preferente su querida Caja de Auxilio, fundación que ayudaba a enfermos o jubilados por accidente o enfemedad laboral. Y en el comité de empresa laboró también este hombre optimista que todo lo cifró al trabajo y al ahorro («todo lo que ves aquí ha salido de estas manos») y que compara aquellos años con éstos («fíjate, no paraba de hacer altas, una tras otra»). En cuanto a la afición musical, le viene de guaje, hasta en Palencia grabó una cuña radiofónica («Calzados La Palma/La Palma/La Pama/ se llevan la palma/ de la gracia y distinción/») y como era tambor del frente de juventudes y tenía buen oído, lo ficharon para la Gran Orquesta Bama (su primera actuación, una boda en Villasimpliz). Después llegaría la Orquesta Veracruz, con la que recorrió medio León sin más percances que aquel trompeta un poco cojo que cayó de un templete demasiado alto o un beodo con el que tuvieron que emprenderla a microfonazos, y el grupo Eros, que creó él mismo, de grato recuerdo en el Hotel Conde Luna.

Fundador y entrenador de equipos y campeonatos de fútbol y baloncesto, no alcanzó su sueño de aviador pero la cultura y el deporte lo llevaron a altos vuelos. «¡Fueron mi vida, mi ilusión, mi estímulo!».

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