josé antón acebedo
cazador de genealogías
ha trazado las relaciones consanguíneas de todas las familias de corniero en un enorme árbol genealógico de nueve metros de largo inaugurado durante la 25ª semana cultural de este bello pueblo montañés
jesús f. salvadores
A Corniero lo llaman la ‘capital cultural de la Montaña Oriental’, entre otras cosas por esa extraordinaria semana anual que ha venido trayendo hasta la recoleta población del municipio de Crémenes todo tipo de actividades entre charlas, conciertos, talleres, teatros... y que en este 2013 ha cumplido 25 años con la inauguración de un enorme papel de nueve metros que refleja todas las familias de Corniero con sus enlaces, parentescos y orígenes geográficos, incluyendo fotografías de los patriarcas cuando han podido encontrarse. Y también lo llaman así porque entre sus vecinos hay gentes como José Antón Acebedo, un apasionado de la cultura, convencido de la necesidad que existe de legar a los que por detrás vienen huellas y pistas sobre quiénes fueron los que les precedieron.
José Antón nació en Cistierna porque su padre trabajaba allí en el Instituto Nacional de Previsión. «Pero, si nací un 12 de agosto, el 28 ya estaba en Corniero». En efecto, seis hermanos eran muchos y al mayor lo mandaron con los abuelos, aguas arriba. Allí encontraría, además de solidaridad vecinal y un cariño y un respeto enormes por los animales, en especial por las pardas y las suizas —siempre las vacas unos miembros más de la familia, todo el mundo atento a sus achaques y número de rumios, tremenda desgracia cuando una de ellas moría—, la afición por las tradiciones y por los recuerdos.
Gracias al ‘palo de los pobres’ dormían en el pajar y comían con la familia entrañables vagabundos profesionales, siempre los mismos, conocidos y apreciados, que recorrían toda la contorna y que portaban noticias de aquí y de allá. «Eran los periodistas de los pueblos», afirma, y con ellos las gentes se ponían al día de nacimientos y muertes, y compras y ventas, y sucesos de toda índole. Y fue entonces, escuchando a aquellos peculiares personajes («que no eran pobres, ese era su estilo de vida, no ambicionaban más»), cuando el niño Antón comenzó a interesarse por las genealogías y linajes locales, que ellos desgranaban con tanto detalle, y a apuntar nombres, apellidos y procedencias.
Su abuelo frecuentaba las ferias de ganado y compraba para unos ricachones de Mallorca y Valencia, y aun después de haber finalizado tal relación comercial siguió llegando a casa, cada Navidad, un obsequio de naranjas levantinas. Se llamaba Vicente —lo apodaban El Cristo , por las barbas—, y fue 25 años alcalde de Crémenes, y combatió con Franco en el Gurugú.
A los 8 años dejó el arriscado Corniero y la escuela en la que se apiñaba una treintena de guajes —ya entonces comenzaba a notarse el éxodo a las ciudades, goteo imparable—, y lo mandaron a estudiar a León. Imbuido del respeto por la regla existente en el pueblo («todo estaba estipulado por las Ordenanzas, pero aquello era también auténtica democracia porque nada se imponía, todo se aprobaba en concejo... y se hacía cumplir») y a la vez por el repudio de la injusticia, se ‘paseó’ por los diversos colegios capitalinos. De los Jesuitas lo echaron por ajustarle cuentas («con toda la razón») al sobrino del rector; y de los Maristas, por afirmar que Isabel II era «ligera de cascos»... y en el Leonés protagonizó la primera huelga de Enseñanza Media. Comenzó a estudiar Derecho en la academia leonesa San Raimundo de Peñafort y continuó en Oviedo —donde coincidió en el colegio mayor con un tal Fulgencio Fernández, gran jugador de mus—, pero se desanimó y lo dejó, y se puso a hincó codos para preparar oposiciones a la administración: sacó la plaza el mismo año que el Rey fue Rey, y por eso cuando ambos cumplieron 25 años de funcionariado le envió una amistosa y gremial carta de felicitación.
Su primer destino, Madrid, siempre en mesas llenas de papeles de Hacienda (mucho trabajo dio el germen de las autonomías) y en 1987 volvió a León. Pero antes ganó el programa de TVE Lo conoce usted... acertando preguntas de cine y con un premio estelar: conocer al mismísimo Orson Welles... aunque el gran director, dueño de una agenda tan inmensa como su misma figura, le emplazó para dentro de un año y José Antón prefirió cambiarlo por un periplo alrededor del mundo: París, Alaska, Japón, India, Tailandia... «¿Quién hacía un viaje como ese en los años setenta?». Inquieto y activo, fue, además, y durante 14 años secretario de la consejería laboral de las embajadas de España en México y Cuba.
Y ahora, después del gran árbol de Corniero y un panel con fotos y datos de todas las casas, Acebedo planea otro con todas las genealogías de los de pueblos anegados por los pantanos de Riaño y el Porma. Es cuestión de tiempo, de catastros, de archivos... y de una convicción: saber de dónde venimos... para proyectar adónde vamos.