Diario de León

CANTO RODADO

a tapar la calle

Rajoy tapa la calle, pone cuchillas en la valla de melilla y persigue a las hojas que caen de los árboles y se arremolinan en rebeldía otoñal

Ana Gaitero
León

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Jugábamos a tapar la calle. Nos apoderábamos del espacio entre la casa y la era. El mundo era nuestro. Saltábamos a la comba, a la goma y a veces hasta las tapias. Corríamos con la bici o dando zancadas mirando hacia atrás porque nos perseguía el dueño del ciruelo. Éramos libres en el paraíso de la infancia. La despedimos cuando la gente, en este país, empezó a tomar las calles y gritaban libertad aquí y allá. Nunca la olvidamos, ni la enterramos. Es nuestra.

Ahora sale Rajoy a tapar la calle con sus ministros de parapeto. Sin emociones, con pinta de no haber jugado nunca a tapar la calle, ni a libre, ni a policías y ladrones, ni a los bolos, ni a lobos, ni a nada. Con aspecto de haberse entrenado para registrador desde la cuna. Ahora, con todo el poder en la mano, el país es su juguete. «¡Que pasen mis amigos, recogiendo sobres!», canta Marianito dando saltitos por el patio de La Moncloa. Le miran las ardillas con asombro.

Todo es mentira

Luego sale Rajoy en el plasma y confiesa que todo es mentira. Las ardillas, Bárcenas y el pago en dinero negro —contabilidad B, financiación ilegal— al arquitecto que remodeló Génova 13. ¡Sanseacabó! La calle es mía, añade en voz baja, con sonrisa cínica. Saca el Fraga que lleva dentro, muy adentro, pero como personaje roza los rasgos de señorita Rotenmeyer.

Implacable. Sin piedad. Pone cuchillas en la valla de Melilla. Todo a su alrededor es desorden y subversión. Mala educación y exceso de bienestar. Pereza y vicio. Y de pronto le crecen plantas de marihuana en el coche de la concejala de Campazas, con quien está retratado en facebook, y el concejal de Gusendos. El PP de León está que fuma en pipa.

Decisiones

Ahora que Mariano ha dejado los puros habanos. Ahora que no toca ni la faria. «Tomo decisiones», afirma y se reafirma. Se cree el único ser de la Tierra que toma decisiones. Decisiones . Una canción de Rubén Blades que lo mejor que tiene es el estribillo: «Decisiones (Ave María), cada día (Sí, señor). Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María! Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ¡Ciudadanía!».

Con las decisiones de Mariano gana la banca. Pierde la ciudadanía. La ciudadanía también toma decisiones. Harta de borrar cada día un sueño de la lista de su vida. Salió a la calle. Gente. A gritar de nuevo contra los recortes del bienestar y del derecho. Contra la Lomce y contra el fascismo. Salieron los trabajadores de Everest, las cajeras de Alimerka, mineros y mujeres del carbón. Y vi a Honorio Vázquez, veterano sindicalista del ferrocarril, con la pancarta de la federación de pensionistas. Gota a gota el agua horada la piedra. Suma y sigue.

La ley de la mordaza

A tapar la calle. Porque con la ley de la mordaza son sospechosas las hojas de caer de los árboles y arremolinarse en el suelo en rebeldía otoñal. Sospechosas de incendiar hogueras para aguantar el largo invierno y de jugar al escondite y a escalar rascacielos para burlar a gobernantes prepotentes. Al PP no le gusta que la gente salga a la calle, pero tiene en la calle a miles de personas desahuciadas y a seis millones en paro. Y tiene la osadía de decir que es el único partido que puede sacar a España de la crisis.

Saldremos, no cabe duda. Pero sin ellos. Tapando la calle y llenando las urnas. Porque en la infancia aprendimos a beber el aire y a recoger nueces verdes, a asar patatas en el campo y a besarnos detrás de una sebe. A encontrar con la imaginación pasadizos subterráneos entre el Jano y la iglesia.

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