Diario de León
Publicado por
andrés aberasturi
León

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En este país no se gana para sustos. El último coctel que nos van a servir es la subidaza de lo que familiarmente llamamos el recibo de la luz pero que es mucho más: calefacción, cocina, electrodomésticos, etc, todo lo que funciona con electricidad y que no son sólo las bombillas.

El coctel ha salido realmente amargo, tan amargo que es posible que el Gobierno se vea forzado a invalidar el origen de todo este asunto —drama, para muchas familias y negocios— acudiendo al informe que ha pedido a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) por si hubiera habido amaño en la última subasta eléctrica. No sé qué dirá o que habrá dicho la CNMC, pero si le sirve de algo al ministro Soria, ya le adelanto yo que sí, que el 99 por ciento de los españoles tenemos una escasa fe en una subasta donde los que pujan son tan poquitos y tan amigos en el fondo porque sólo velan por sus intereses que son los mismos.

Pero lo de las eléctricas clama al cielo porque en ese posible coctel hay que echar los siguientes bebedizos —entre otros—: un déficit tarifario que es como la deuda histórica de las comunidades: un misterio por resolver; agregar nombres de expresidentes y exaltos cargos políticos de uno y otro bando en sus consejos como «asesores externos» aunque con suculentos sueldos; añada también un chorrito de coherencia gubernamental: hace una semana no iba a subir la electricidad pero donde dije digo, digo diego. Y seguimos con más ingredientes: las apuesta disparatada por las renovables de Zapatero y ese complejo con las nucleares que no tiene por ejemplo Francia, un país que parece medio serio. Y para completar la cosa, sírvase todo en una copa completamente opaca que oculta absolutamente el contenido de lo que pagamos religiosamente ignorantes no sé cuántos millones de ciudadanos.

Uno recuerda cuando el PSOE era el PSOE y tenía en su programa la nacionalización de los recursos energéticos y hasta de banca. Vale que no haya que llegar tan lejos; nos hubiéramos conformado con menos, por ejemplo con que el Estado tuviera la participación mayor en estas empresas que claramente manejan, tras su privatización, algo de vital importancia para un país.

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