humor gráfico
Jular en tiempos revueltos
Mini entradilla para presentación. Por ejemplo de un libro. El espíritu combativo del tardofranquismo y de la transición se hizo viñeta, y ahora libro, en el museo de león. ‘humor en tiempos revueltos’ la antológica de la obra gráfica de manuel jular, «imprescindible del humor y la mala leche», se despide hoy del público leonés

Manuel Jular posa en la exposición ‘Humor en tiempos revueltos (1965-1988) que hoy se puede ver por última vez en el Museo de León.
Hacía un frío del carajo» aquel día de finales de 1965 se coló Manolo Jular en la redacción del diario Proa, mascarón de la prensa del movimiento en León. En la manzana de Lucas de Tuy con Rodríguez del Valle nacieron los primeros ‘julares’. «Estaba con nuestra gloria nacional-leonesa más conocida, Victoriano Crémer, que por aquel entonces había sido contratado para llenar de algo menos oficial las páginas del ladrillo regimental», desvela su heterónimo Mc Jota.
Coincidió el evento con las últimas misas en latín y con los primeros síntomas de lo que parecía el final de la dictadura y aún duraría diez años más. Los julares leoneses y Jular, en León, duraron mucho menos. «Realizó un cartel de las fiestas pueblerinas de San Froilán, en el que simbolizó a la dictadura y sus mantenedores, además de colocar una banda republicana al lobo», rememora Felipe Zapico en el libro-catálogo de la exposicion Humor en tiempos revueltos (1965-1988) editado por el Ateneo Cultural de Comisiones Obreras Castilla y León.
«Obedecen, luego existo», se jacta un trasunto de dictador en una de estas primitivas viñetas. El pintor había debutado en 1956 en la colectiva de Arte Universitario en Madrid. Exaltación de los Valores Leoneses y en los años 60 era la cabeza de una de las células del PCE clandestino en León. Aún no se ha escrito esta parte de la historia.
Durante dos décadas más ejerció Jular en las trincheras del humor gráfico en prensa militante ligada al PCE ( Mundo Obrero ), Sindicato de la Construcción ( Cal Viva ) y Comisiones Obreras ( Unidad Obrera ). Y en prensa generalista cuando se convino que el entrismo sería más eficaz (y barato) que la propia.
La «pluma rebelde», le tilda Eloína Terrón, pintaba aquellos tiempos revueltos que a la vista de treinta y hasta cincuenta años se vuelven hacia el siglo XXI como una moviola perversa. Todo lo que se creía conseguido cuando a finales de los años 80 abandonó esta faceta perioartistíca está en el aire, dinamitado, como apunta Carlos Pérez-Alfaro, su cómplice en los años 60 y ahora: «Hoy sucede que el capitalismo invade nuestros territorios de antaño, como éste de la ‘liberación sexual’ de los 60». El desnudo formó parte, opina Alfar, del «pertrecho muy concienciador de lucha revolucionaria» que tiene ahora como referente a las «admiradas» activistas Femen.
Jular recuerda el diario Pueblo con humor (y con amor a su inmensa rotativa) que imprimió, con Franco ya muerto y la UCD en el Gobierno, los cuadros-caricatura del Museo Imaginario. Los empleados del periódico se quedaban con los originales y para la exposición han tenido que escanearse de los viejos ejemplares. Se obró el milago.
Al ascensor sin puertas en movimiento perpetuo del Pueblo se subía la gente casi al vuelo. Como España al tren de la democracia. Sin pensarlo mucho. «Puedo suarecer y suarezco», sentenciaba Jular haciendo mofa del lema «puedo prometer y prometo» que hizo famoso al faraón Suárez, como le llamaba en las viñetas.
Muchas de las caras inmortalizadas en El Gallinero, aquellos cuadros de la fauna político-sindical, han quedado desvaídos por el tiempo y ya nadie, salvo él y los de sus generaciones cercanas, saben dar cuenta de quienes fueron los Abril Martorell, Serra o Fernando Morán. Pero ahí están Felipe González, todavía boxeando, y el Rey, con la corona socavada por sus propios méritos y el resto de la familia real.
Define el poeta Víctor M. Díez a Jular como «imprescindible del buen humor y la mala leche, zorro del gallinero» que supo poner «pinta de cluecas a las mejores firmas del momento». Un exponente del vivo periodismo que se hizo durante aquellos tiempos revueltos, que no es el de los tiempos refritos de ahora.
Tiempos revueltos que Jular, advierte Marcelino Cuevas, miraba con «el ojo izquierdo y pintaba con la mano derecha». Tiempos en los que hasta la risa era revolucionaria. Tiempos en los que, como dice Eloísa Otero, había quien creía que «Marx vale morir con honra que vivir con vilipendio».