isidro espeso caballero
El polvorín terracampino
Un verdadero arsenal histórico entre rifles, dagas, carabinas y proyectiles es lo que atesora este vecino de Grajal, parte de cuyos bélicos tesoros se exponen en el palacio condal de la noble y turística villa leonesa

acacio díaz
Dice Isidro, y es verdad, que tiene una ‘máquina de hacer hostias’, y enseña y manipula esos venerables hierros forroñosos con los que antaño se imprimían forma y sello a las sagradas obleas; pero si uno lo piensa bien, la mayor parte de los cachivaches e ingenios que almacena este paisano en su casa de Grajal de Campos podrían responder también a esa categoría: son, casi todos, ‘máquinas de hacer hostias’.
Un aparataje que se traduce en armas de fuego, armas blancas, algo de balística (balas, bombas, cartuchería, cananas) y diversos uniformes que Isidro Espeso Caballero exhibe y se coloca encima como un Rambo campesino y de ojos azul meseta. «Todas las armas se encuentran fuera de servicio pero tienen buena presencia —y se dispone alegre al repaso—; vamos a ver, hay, por ejemplo, una carabina de instrucción de la Falange en la que se comprueba perfectamente el anagrama y el registro de la época, pero también tengo varios de aquellos subfusiles conocidos como naranjeros , el Cetme, el 1-FR8 Cetmeton, algunas pistolas del 18, munición de muchos calibres y, sin ser menos, la escopeta de caza que utilizaba mi padre, a la que guardo un cariño especial». Y no sólo vemos trabucos y escopetones, pólvora en boca, en este auténtico polvorín, también armas blancas como espadines de uniformes de 1915 y dagas del ejército alemán, amén de cascos variados. Un chispeante surtido de metralla que, aun mudo, sigue inspirando cierto temor.
Pero al lado de todo ese instrumental militarista se agolpan otros más dóciles y cotidianos, como primigenios aparatos telefónicos y máquinas de escribir y de coser, hermosas y mansas como animales domésticos, y de entre este otro capítulo siente Isidro predilección, y cómo no, por la famosa máquina de las hostias: «Es muy digna de apreciar y de contemplar», avisa, y apunta a su esmerado serigrafiado como sello de la laboriosidad y previsión de permanencia que caracterizaba a la mayoría de cosas realizadas antes de la revolución indutrial y de sus fabricaciones en serie.
De padre natural de Villamarco y madre de Villamuñío, Isidro es jefe factor de Circulación de Renfe en la localidad palentina de Osorno pero emplea gran parte de su tiempo libre en reunir y adecentar sus tesoros. «Este sueño lo tuve ya desde muy temprana edad, al incorporarme al servicio militar con 17 años. Ya entonces me di cuenta de que los artilugios antiguos y todo lo que guardase relación con los tiempos de nuestros antepasados despertaba en mí una gran ilusión».
Y así, con el paso de los años, Isidro decidió un día comprarse una vieja casa en el pueblo: «Aún recuerdo los sacrificios que tuve que superar para poder estar haciendo realidad uno de mis sueños de juventud», cuenta. «Hoy continúo trabajando en mi profesión pero a la vez no me olvido de algo que siempre me entusiasmó: poder hacer realidad un auténtico museo etnográfico en mi pueblo».
Un día, el alcalde, Francisco Espinosa, hombre entregado a Grajal donde los haya, le ofreció a Isidro la posibilidad de exponer parte de sus artilugios en una sala del célebre palacio condal: «La idea me pareció interesante y en estas dependencias las vengo manteniendo desde hace tiempo, yo estoy satisfecho porque compruebo que el publico se entusiasma y me pregunta cosas sobre lo que les ofrezco...», confiesa nuestro hombre, asombrosamente pacífico entre tan temible armamento. «El tiempo pasa pero la ilusión va en aumento, por eso no descarto que un día, una vez clasificado y ordenado todo cuanto poseo, Grajal de Campos pueda contar con un lugar, un museo, donde conocer lo nunca imaginado, esto es, los aparatos y trabajos que nuestros antepasados tuvieron que ingeniar para llevar a casa el sustento diario».
Al final no daba tanto miedo.