CANTO RODADO
volver a los 17
corren los quejidos con el aguacero. por un gobierno inútil, sindicalistas corruptos y un perro sacrificado inustamente. miremos a malala
El cielo se desplomó sobre León. Y un aguacero arrastró nuestros lamentos hacia las alcantarillas junto a las primeras hojas caídas del otoño. Volvimos a los 17. A encontrarnos con el Che: «Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Esa es la cualidad más linda de un revolucionario». En Sierra Pambley junto a Martín Guevara Duarte y su libro A la sombra de un mito .
Al día siguiente salió el sol y el siguiente nos trajo a Malala Yousafzai con sus 17 años y el premio Nobel de la Paz. La voz de la joven pakistaní nos llegaba con un mensaje revolucionario: «No queremos políticos que tomen todas sus decisiones con el único objetivo de imponer sus ideologías, lo que queremos es que escuchen a la gente». Sus únicas armas: «Un niño, un profesor, un libro y una pluma».
¿Por qué no hablas tú?
Malala, ¿por qué esperas a que otro se haga cargo? ¿Por qué no lo haces tú, por qué no hablas tú a favor de sus derechos y de los tuyos?». Cosas así se preguntaba cuando tan sólo contaba diez años de edad y los talibanes se adueñaron con las armas de su región natal, el valle del Swat, en Pakistán.
Cuánto hay que aprender de Malala. Corren las plañideras como un aguacero. Nos quejamos de que el Gobierno está infectado por el virus de la inutilidad. Nos produce náuseas la lista de gastos de las tarjetas opacas de 86 altos cargos de Bankia. Abominamos la orgía de comidas, alcohol, joyas, pisos, arte, viajes y prostitución pagada con el dinero del rescate a la caja.
Maldecimos al líder sindical minero que se acogió a una amnistía fiscal para limpiar el dinero negro acumulado en quién sabe qué oscuros negocios. Hacemos circular wasaps con los chistes sobre la nefasta gestión de la crisis del ébola por la ministra Mato. Nos salen espumarajos de indignación ante el sacrificio injusto de Excalibur, el perro de Teresa, la auxiliar infectada por ébola.
Es hora de que levantemos la voz con firmeza. Desde agosto hasta ahora han muerto 4.000 personas por ébola en África Occidental y son ya 8.000 las infectadas. «No hay bofetadas para ir a Sierra Leona como ocurre en otras misiones», afirma la médica leonesa Manuela Cabero. Volverá. Falta gente.
Hay que escarbar en créditos a los partidos políticos, a los amigos de sus amigos, contratos más que abusivos como el que firmó el Ayuntamiento de Ponferrada con Nautalia para el Mundial de Ciclismo. Desenmascarar a la ministra de Fomento que promete apeadero para Asturias y by pass para León.
El poder del sentimiento
Malala Yousafzai empezó a publicar un blog y se convirtió en una activista a favor de la educación infantil y en particular de las niñas. Intentaron eliminarla. Dispararon a su cabeza. Se salvó. Ahora vive en Birmingham. Estaba en clase de Química cuando el viernes a las diez de la mañana le comunicaron que había ganado el Premio Nobel de la Paz y que lo compartía con un vecino, no sólo territorial sino de lucha: Kailash Satyarthi, activista por los derechos de niños y niñas. Malala nos hizo Volver a los diecisiete, con Violeta Parra: «Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber...».
Nuevo tiempo
Malala es la voz de un nuevo tiempo que está por llegar. Llegará. Ahora nos parece que es más probable que todo se vaya a pique. Pero llegará. Volvimos a los 17, con Malala. La hija mayor de Zuaiddin, para la que su padre, en una sociedad brutalmente machista, quiso una educación en igualdad de condiciones que cualquier chico. Volvimos a los 17 con el recuerdo de un padre que deseó que sus hijas y sus hijos estudiaran. Cuando tuvimos libertad para volar. Como Malala. Y para votar.