Diario de León

miguel martínez miguélez

«sin filosofía no hay ciencia»

Con catorce años dejó el Páramo para salir a estudiar y mientras en su pueblo cavaban pozos para regar el campo, el se convertía en un pozo de sabiduría. Ahora regresa cada verano para visitar a su hermano en Acebes del Páramo

jesús f. salvadores

jesús f. salvadores

Ana Gaitero
León

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El varón mayor tenía que tomar las riendas del campo y dentro de los hermanos, siempre querían que fuera yo el que estudiara». Miguel Martínez Miguélez salió de mala con los salesianos, «tenía un poco de antipatía a los curas por el párroco del pueblo», y se convirtió en un brillante pupilo que tomó los hábitos y los colgó en poco tiempo. Bolonia, Oxford, Munich fueron algunas de sus escuelas.

Gracias a un intercambio con los salesianos había llegado a Venezuela. «El Gobierno tenía mucho dinero y fichaba a estudiantes de universidades prestigiosas. Me pusieron en las comisiones de fundación de universidades y participé en la creación de la Simón Bolívar y la Universidad Nacional Abierta», explica.

Hace casi medio siglo que vive en Venezuela, tiene tres carreras, es fundador de dos de sus universidades más importantes, Simón Bolívar y Universidad Nacional Abierta, ha publicado 26 libros y vendido más de 100.000 ejemplares a través de la editorial Trillas de México. Un best-seller desconocido en su tierra con una conversación arrolladora. «Una vez estuve en la editorial y vi que mis libros ocupaban una nave de 600 metros de larga por 300 de ancha en dos pisos. Tengo 15 ediciones reformadas».

Filosofía, Psicología y Educación son las tres disciplinas en las que se graduó y la psicología humanista su principal aportación a la ciencia. Cuando el petróleo empezó a convertirse en una riqueza para el país, ocupó puestos «cerca del ministro aún cuando no era venezolano (de origen) , pero eran muy abiertos y ficharon a gente de Manchester, Heidelberg... sobre todo del mundo tecnológico», apunta.

Tiene 103 artículos publicados en 48 revistas científicas acreditadas y actualmente «el servicio más grande que estoy haciendo es ayudar a personas en el doctorado con problemas de metodología en el ámbito de la psicología, las ciencias sociales y la educación», comenta. Incluso algunos médicos se han inscrito en sus programas de doctorado.

«Los planes de estudio de los médicos son muy biológicos y querían formarse en medicina psicosomática. La medicina más avanzada que es la china dice que el ser humano, con una alimentación correcta, no debía enfermar», señala, pero a veces enferma por problemas psicológicos. «El hígado tiene más de 500 funciones y detecta cualquier anomalía en cualquier parte del cuerpo», subraya.

Miguel Martínez señala que la psicología humanista es aquella que contempla al ser humano de una manera integral. Y reivindica el papel importantísimo de la filosofía en la cienca citando a Einstein. En cierta ocasión, recuerda, un periodista del New York Times preguntó al creador de la teoría de la relatividad si existía alguna diferencia entre la ciencia y la metafísica: « Science itself it’s metaphisic » (La ciencia en sí misma es metafísica).

El sabio de Acebes es de la misma opinión: «No puede haber ciencia si no hay filosofía de pensamiento debajo». Y va más allá aún: «No me puedo explicar la ciencia sin la presencia de Dios», agrega. La ciencia, alega, «está sumamente atrasada, explica el cómo pero le falta el porqué».

Pone ejemplos que dejan con la cara boquiabierta a cualquiera y que bajan del pedestal lo ‘científico’. «Si buscas la palabra flojusto en la Enciclopedia Británica antigua te dirá que es una materia inflamable. Ahora dice que no existe. Igualmente, el premio Nobel de Química de 1903 se concedió al sueco Svante Arrhenius por sus investigaciones sobre la conductividad galvánica de los electrolitos y 33 años después se lo dieron a Peter Devi por demostrar que estaba equivocado».

En este sentido, recalca que «la ciencia es algo temporal, está en un tiempo, los que mejor lo saben son los abogados: Distingue los tiempos y tendrás la concordancia de los derechos, dicen». Lo cual «no quiere decir que no sirva: es el esfuerzo mayor del género humano pero es temporal y local».

En cambio, en los 42 diálogos de Platón, aduce, «está toda la filosofía que vino después. Ya lo dice Whitehead: El único filósofo fue Platón, los demás escribieron notas a pie de página». La evolución tecnológica se ve con ejemplos tan sencillos como el salto de la cocina de humo al microondas, primero con la cocina de hierro, carbón o leña, y luego con las de gas y eléctricas». La evolución, admite, «lleva muchas verdades pero la filosofía va más al fondo».

También critica que muchos profesores transmiten la ciencia sin aportar nada nuevo, en forma de rutinas, hábitos y códigos; en cambio, «la nueva ciencia utiliza los conocimientos que existen, los perfecciona y los lleva a otro nivel».

Por eso, como en la religión, apostilla, en la ciencia «los dogmas también se han acabado, no hay ninguna certeza absoluta. La nueva ciencia es otra red de relaciones, un nuevo modo de entender como sistemas. Con el sujeto ocurre lo mismo: antes pensábamos que éramos como una cámara fotográfica, pero estáticos, ‘nos engañó Locke, el positivismo, durante 300 años, ahora sabemos que cada uno somos un mundo: la cámara es pasiva y el ser humano es activo. Somos sistémicos y tenemos que dialogar...».

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