Diario de León

en pie tras una amputación

Bimba vuelve a empezar

salvan la vida a una cierva que sufrió rotura de la tibia y ahora sobrevive mutilada en su corral doméstico

Bimba camina erguida después de superar la amputación de una pata, por una rotura que le llevaba a la gangrena.

Bimba camina erguida después de superar la amputación de una pata, por una rotura que le llevaba a la gangrena.

Publicado por
L. URDIALES
León

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No hay muchos precedentes de subsistencia a una afección traumática como la que superó la cierva Bimba; una pata rota durante casi un mes, una infección en el borde de la gangrena, una intervención quirúrgica y una amputación de la extremidad. Y ahí está, recuperada y en pie en ese espacio que habita desde hace más de tres lustros, en el recinto que bordea e integra el restaurante Las Pallozas. La situación de salud para la hembra de venado comenzó a torcerse cuando se quebró de forma accidental un hueso propio de su pata izquierda; al mismo tiempo que se inició la odisea de su dueño, Alfredo Ferreras, para tratar de evitarle la muerte; que vio próxima el animal, tras completar varios días encañada en el hospital veterinario de la Universidad, donde llegaron a aconsejar la eutanasia, en vista de cómo evolucionó la rotura ósea de la cierva. En aquel pronóstico fatal se cruzó un veterinario, al que el propietario de la hembra de venado recurrió en una situación sin margen de error. Pedro Luis Fernández Gordo atendió la llamada de socorro para salvar a Bimba; llegó a tiempo para evitar que la infección de la zona quebrada se extendiera como gangrena, lo que hubiera sido un resultado fatal para el animal, sobre el que ya pesaba un pronóstico fatal; a tiempo también para cortar por lo sano, con destreza y pericia sobre la descomunal masa muscular. El facultativo que se ha labrado un prestigio reconocido en el libre ejercicio que desarrolla en decenas de explotaciones ganaderas de la provincia leonesa, trasladó ese éxito que fabrica con el bisturí en mano al tramo de la fauna. Cortó, «amputación medio humeral», cosió entre en laberinto de terminaciones nerviosas que acompañan la zona de intervención, y prescribió. No sin un cierto sinsabor, que no oculta. «Un poco antes, hubiéramos logrado restañar el hueso roto, pero cuando abrí ya comprobamos que la zona estaba tan deteriorada que no era posible colocar tornillos», relata ahora Fernández, junto al pasto de Bimba, atorada esa tarde por la sesión de fotos y más visitantes de lo habitual. Sin la zozobra que le transmiten los extraños, Bimba se pone en pie, como desde tres días después de la operación, y camina erguida por el corral que rodea a Las Pallozas, en ese teso que da vista elevada a la Sobarriba y a Arcahueja, como lo haría cualquier semejante entre camperas de robles o hayedos. Gracias a la destreza de un veterinario y al empeño de su dueño, que cría desde hace diecisiete años a un animal que de otra forma habría muerto, devorado por la infección de la rotura de una extremidad; desde entonces, Bimba vive sobre tres patas.

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