alberto ramos
santa teresa, ‘pop star’
músico, actor, licenciado en teología y experto en mariología, este bañezano acaba de sacar a la luz un disco singular basado en rezos y poemas de santa teresa de jesús coincidiendo con su quinto centenario
Alberto no es sacerdote aunque podría ordenarse, si lo quisiera, en cualquier momento, que cursó con mucha aplicación e interés la carrera completa de Teología: nueve años de estudio entre Astorga y Burgos más una especialización en Mística y Ciencias Humanas. Lo suyo es la mariología y la espiritualidad, pero también la música y el cine, el teatro y la narración, ¿cuestiones que parecen opuestas a la vida religiosa? Qué va, qué va, nada más lejos de la realidad, se defiende este bañezano de voz mansa e intensísima vida de creación y oración, especie de monje-actor, de eremita-poeta, curiosa aleación. Aunque claro, si tomara el hábito comenzaría su peregrinar por muchos pueblos y sacrificar el tiempo de los discos y los conciertos así que, de momento, se queda con el polifacetismo. «Tú lo que estás es demasiado estudiao », le dicen los curas viejos.
Alberto Ramos lleva firmados cinco discos y dos libros y a esa producción se suma ahora Teresa, mística y maestra , ocho temas entresacados de los poemas y conceptos del amor de Dios de la abulense universal, véase En Cristo mi confianza , En la cruz está la vida o ¿Qué mandáis hacer de mí? , particular y arrebatado granito de arena al quinto centenario del nacimiento de la santa. Todo comenzó en el CITES, el Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista de Ávila, donde se afanó en estudios especiales junto a gentes llegadas de todo el mundo («cristianos pero también ateos, ¡y budistas!, hay quien encuentra conexión entre los místicos españoles y la espiritualidad oriental», aduce). Allí, en ese ambiente de estudio y meditación, pero también de amistad, los compañeros le animaron a poner música y voz a algunas composiciones teresianas. El proyecto cuajó, los Frailes Carmelitas de Bilbao hicieron el papel de productores del disco y el resultado ya está en la calle con arreglos de Óscar Carreras y edición del sello aragonés Tabah. ¿Y por qué cree Alberto que es tan importante Teresa? ¿Por qué gentes de todo credo o sin él llegan a Ávila y se postran ante la muralla como ante un Santiago roqueño y murado? «Porque Teresa de Jesús entendió como nadie la psicología y el espíritu humano». «Porque era muy inteligente, una adelantada a su tiempo, y una feminista de pro en un tiempo en el que a las mujeres se les negaba todo». «Porque se relacionaba con Jesús como si lo tuviera delante…»
Aunque estudiase delineante en la vieja Laboral bañezana, oficio que nunca ejerció, la formación artística de Alberto Ramos fue exhaustiva: doce años de carrera musical en el Conservatorio de León, tres años en la Escuela de Arte Dramático de la ciudad junto al inolvidable Kike, cursos de análisis e interpretación cinematográfica en Salamanca y Zaragoza, varios espectáculos al frente de las compañías La Corrupia y Templete… pero Alberto no vio después ninguna luz ni se cayó de ningún caballo: esa curiosidad, ese intuir que debía de haber algo más, le mordisqueaba desde hacía tiempo. Y logró fraguar ambas inquietudes. «Pero si este mundo de la música espiritual y del rock cristiano es amplísimo. Existen incluso concursos, academias y premios a nivel internacional», explica. Entonces, ¿por qué no sale un Bisbal o un Ricky Martin del género? «Pues porque en las grandes discográficas no se admite a Dios», responde no sin cierta tristeza. De momento, su disco puede encontrarse en cualquier convento o colegio de Carmelitas (también en el de la carretera de Asturias) y en la Librería Diocesana del Seminario (frente a la Catedral).
Es música de reflexión y oración. Y la mejor prueba la tuvo con una maqueta anterior a la que una monja amiga suya entregó a un joven, enfermo terminal, que jamás había sentido inquietud religiosa alguna. Primero se negó a escucharla, luego le dio una oportunidad y al final no la soltaba. Murió con el casete pegado al pecho. «Esa música tuya le dio paz», le dijo la monja. «¿Pues qué mayor recompensa hay que esa?», susurra Alberto.