Diario de León

CANTO RODADO

La pala

Tienen miedo a que la piqueta acabe con sus chiringuitos corrompidos y quieren impedir que se levanten nuevos edificios políticos con los cascotes

Ana Gaitero
León

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Mientras la gente de la montaña untaba la pala de sebo para espalar la nieve y despejar siquiera la puerta de casa, la capital sacó la otra pala, la articulada, para destruir. Primero fueron las viviendas de los obreros. Luego el chalé del director. En dos semanas se liquidó la memoria de las moradas ligadas al complejo industrial azucarero. Se disolvieron en una amasijo de ladrillos y cal como un terrón de azúcar en un café con leche. Igual que la harinera de Alfageme. Ni la chimenea salvaron. La molieron, pero no como grano en la piedra, para hacer harina. La demolieron con saña y sin consideración a las cigüeñas.

Es el espíritu de la era Gutiérrez. La impronta de Martín-Granizo. El eco del reinado de los Pacos. Pues Fernández y Gutiérrez fueron los que dejaron a su suerte a la mayor harinera de León y fuera del plan de protección de la Azucarera a las humildes viviendas y al chalé de aire colonial donde hubiéramos podido rodar la segunda parte de Lo que el viento se llevó o un thriller.

Ahora sólo cabe una opción para el guión: Lo que la pala se llevó. Y no era nieve, ni azúcar, sino la memoria de las gentes que trabajaron en el ingenio azucarero. La Azucarera Santa Elvira empezó a funcionar en 1935 y paró sus molinos en 1992. Fueron 57 campañas azucareras. Casi sesenta inviernos y sólo han hecho falta dos décadas para desmantelar su historia bajo el espejismo de una milla de oro.

El negocio de la basura

Rehabilitar, reutilizar, reciclar no son verbos que se conjuguen en León, donde apenas un 2% de la basura paso por el circuito de los contenedores azules, amarillos y verdes. Donde la mala gestión ha logrado colmatar el vaso del CTR. Donde la basura sólo es un gran negocio.

Los vestigios de la azucarera y de la harinera se han destruido bajo un manto de silencio ciudadano. Como la nevadona, los 70 millones de euros que se van a meter en el Palacio de Dominique Perrault son la coartada perfecta para cualquier crimen presupuestario. Pero, ¿tiene planes el Ayuntamiento de León para llenar de actividad el palacio de congresos, cuando ni siquiera el Palacín está abierto al público? El cortoplacismo es uno de los vicios más perniciosos de la clase política que, sin embargo, tiende a perpetuarse en los cargos. Y así nos va, aunque todo parece indicar que estamos justo en la frontera del cambio de régimen.

Tiran del badajo

Es un momento ilusionante para algunas personas. Tocan a tente nube. Hay muchos renuberos que espantar en la vida política y estamos en año propicio, por las nieves y por la cantidad de procesos electorales que hay a la vista. Ahora todo el mundo quiere subirse a la torre para tirar del badajo y atraer a la ciudadanía hacia sus cánticos de sirena. Tienen miedo a que la piqueta acabe con sus chiringuitos corrompidos y tienen la retroexcavadora a punto para sacar de entre los escombros todos los cascotes para impedir que sirvan para levantar un nuevo edificio político.

El PSOE baila entre dos aguas en un ejercicio de cinismo histriónico. Pedro Sánchez se da la mano con Rajoy para sellar un pacto que abre las puertas a la cadena perpetua y al mismo tiempo promete cambiar lo pactado si gana. Izquierda Unida, si pone un circo le crecen los enanos. Ahora que tenían una candidata ilusionante para Madrid, Tania Sánchez va y se da el bote con la música a otra parte. En Ponferrada regresa al pasado con Miguel Ángel Fernández y en León la joven Claudia Solaz se interpone con renovada energía femenina en la batallan que libran Santiago Ordóñez y Manuel Fernández Chico, y Claudia Solaz.

Mientras tanto, Podemos crece y crece como la nieve. A paladas.

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