Diario de León

CANTO RODADO

jauría

León corre el riesgo de convertirse en una reserva de caza con organizaciones empresariales más preocupadas de medrar que de alzar la voz por el futuro

Ana Gaitero
León

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Hemos perdido los papeles. Los mil folios del sumario de Bárcenas sólo son un síntoma. En realidad esas páginas no valen nada. Hablan del borrado de los ordenadores en Génova, 13. Tampoco son los papeles de Monedero. Sus cuitas con el fisco son carnaza para la jauría mediática que custodia el gran negocio del bipartidismo.

Hemos perdido los papeles. Está escrito con sangre sobre la nieve. Cuerpos de ciervos decapitados. Cabezas robadas (o ¿requisadas?) para arrancar sus cornamentas. Una salvajada. La nevadona como cortina criminal. Y el silencio de la Junta, de la Consejería de Medio Ambiente, como cómplice. Ni una palabra, ni una explicación. Ni una línea de luz.

Hemos perdido los papeles. La montaña vive una catástrofe mientras el consejero Silván reparte abrazos fraternos en la feria de febrero de Valencia de Don Juan. Muerto el perro se acabó la rabia. Y ahora todos parecen felices y dispuestos a comer perdices. Ya verermos si hay banquete después del 24 de mayo.

Las escopetas

M ientras en los pueblos se parten los brazos espalando nieve, hay quien aprovecha las pistas recién abiertas y el silencio sepulcral de las paredonas blancas para echarse al monte en busca de trofeos. De sangre y dinero. No me hablen de Monedero. La codicia está incrustada en el corazón de toda esa gente que arranca cabezas en lugar de repartir solidaridad.

Ay de los pueblos que fíen su futuro a la caza. Morirán. Acabarán anegados bajo el ruido de los cartuchos y el humo de la pólvora. Ay de los parques naturales en los que se instale la ley de las escopetas. Perderán el equilibrio en favor de ecosistemas hechos a la medida de la demanda de las cartucheras. Y de las carteras.

León corre el riesgo de convertirse en una reserva de caza. Ya están preparando la munición para abatir osos. Quieren matar más lobos. Pronto también seremos piezas de caza.

Piden permiso y perdón

L as organizaciones empresariales están más ocupadas en escalar puestos en la Ceoe o abrir delegaciones en Ávila y Soria para cobrar subvenciones de la Junta. La Cámara de Comercio aún no se ha enterado de que la plataforma ferroviaria y logística de Torneros está a punto de perder el tren de Europa. Su presidente, Manuel Lamelas, prefiere pedir permiso a la Junta, y perdón si hace falta, antes que rendir cuentas a la sociedad leonesa.

No nos engañemos. El Ave de media velocidad y media seguridad, el medio pensionista que nos endilgan después de tanto derroche y que inaugurarán antes de las elecciones, sólo servirá para sacar más gente de la provincia si no somos capaces de generar alternativas económicas. Así sucedió en La Cabrera en los años 70 y 80: «Cuando hicieron la carretera a la gente le entró la enfermedad de marchar», me dijo Graciano a la puerta de su casa en Saceda. La historia se repite. Maldición.

Es preocupante ver que el empresariado de salón se dedica a dar premios, a presentar facturas electrónicas y a aplaudir las migajas de la alta velocidad que se repartirán en León. No se oye una voz, un proyecto, un esbozo de futuro. El silencio del capital es como el de los furtivos en la nieve.

Causa desazón que haya más voces comprometidas con León fuera que dentro de la provincia. Que el aliento del empleo venga de México, del nieto de un indiano, que sólo se vea esperanza en las pequeñas empresas y en el empuje (y el aguante) de la gente que cotiza en autonómos y que recibe más achuchones que recompensas.

No me hablen de Monedero. Eso es calderilla. Menudeo. Distracción. El circo de la jauría domesticada.

Ladillo

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