Diario de León
Los altos hornos de las instalaciones industriales de Vegamediana en una foto de archivo.

Los altos hornos de las instalaciones industriales de Vegamediana en una foto de archivo.

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Si hay algo vinculado al ferrocarril es el carbón. Y no solo porque las primeras locomotoras funcionasen gracias al vapor producido calentando agua a base de quemar grandes cantidades de él, sino también porque el ferrocarril ha sido durante décadas el método de transporte más usado para este mineral del que se alimentaba.

Por eso, las cuencas mineras están —o estaban— atravesadas por caminos de hierro que veían pasar a diario el trajín constante de las locomotoras llevando el carbón de la bocamina al lavadero y de este a la estación de tren más cercana.

Así ocurrió en Sabero, donde todo el valle estaba unido por el ferrocarril minero, que servía para acercar desde los pozos de Sotillos y Sahelices de Sabero, el carbón al lavadero de Vegamediana y desde éste a la estación del Hullero en la vecina Cistierna. También estas vías se desviaban a veces para entrar a los pueblos y dar servicio, por ejemplo, a los economatos mineros, abasteciéndolos de productos para los trabajadores de las empresas.

El fin de la minería en el Valle de Sabero hace casi 25 años, trajo también el fin del trazado ferroviario y de la imagen de sus locomotoras, alguna centenaria, recorriendo el tramo Vegamediana-Cistierna, atravesando el río Esla sobre un bonito puente de hierro y dejando una gran estela de vapor a su paso. Mucho antes, las vías que vertebraban el valle habían desaparecido para dar paso al transporte de carbón por carretera cargado en camiones.

Ahora, de ese camino de hierro solo quedan sendas de tierra, como consecuencia del trabajo minucioso e ilegal de aprovechados, que se han dedicado a desmantelar impunemente todas las vías, con la complicidad de chatarreros que compran a buen precio este hierro , la indiferencia de la empresa propietaria de estos terrenos, la impotencia de los ayuntamientos y particulares que denuncian estos hechos y la complicidad silenciosa de una ley que no protege este patrimonio industrial ni castiga a sus expoliadores.

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