CON MOVILIDAD REDUCIDA (14) Un viaje nostálgico por la literatura y la música de Estados Unidos
misa gospel en el bronx

Cola para la misa de doce (Gospel).
NUEVA YORK
BRONX
Es domingo y esperamos que la mitad de los residentes se hayan ido al campo y la circulación sea fluida. Hemos madrugado y a las nueve y media ya habían bajado el coche del aparcamiento vertical y poníamos rumbo al Bronx, a oír misa gospel en la Iglesia Presbiteriana Abisinia.
Pasamos el puente de tirantes en red, blancos y el estadio de los Yankees , y a las diez estábamos a las puertas de la Iglesia. La misa era a las once y media y ya había una cola bastante nutrida. Nos pusimos al final y la hilera seguía alargándose entorno a los edificios de la manzana. En éstas estábamos cuando apareció un cura con el aspecto del que está poseído de la verdad y, alzando la barbilla, más o menos vino a decir que lo pensáramos, que la misa duraba tres horas y aún faltaba una para entrar y que una vez cerradas las puertas no se podía salir hasta el término de los actos. Parecía preguntar ¿no será mejor que se larguen? Y, efectivamente, decidimos aceptar aquella invitación tan amable a pesar del madrugón.
Como estábamos en el Bronx, aprovechamos para visitar el Cottage de Edgar Alan Poe, donde vivió con su mujer hasta que ésta murió de tuberculosis. Poe se había casado con su prima Virginia, de 13 años y vivía con suerte cambiante entre Baltimore y Philadelphia, cuando tuvo los primeros episodios de tuberculosis, enfermedad casi desconocida en 1843. Julio Cortázar cuenta que estaba cantando acompañada del arpa en una reunión de amigos y su voz se quebró al dar una nota aguda, se llevó el pañuelo a la boca quedando manchado de sangre. (Ya se sabe, cuando la leyenda es más hermosa que la realidad, escogemos la leyenda). Poe dijo que se lehabía roto una vena de la garganta.
La familia alquiló una cabaña y se fue al Bronx, en aquella época cubierto de bosques y praderas. Allí vivieron hasta el año 1847, el que ella murió. Poe escribía para periódicos que daban quiebra y aunque ya famoso desde 1845 que publicó el largo poema El Cuervo, vivían por debajo del umbral de la pobreza. Cuenta que en el entierro de su mujer, combatía el frío arrebujándose en un viejo capote militar que había sido la manta que cubría la cama de su mujer. Poe, dedicado ya de lleno al alcohol e incluso al opio, murió dos años más tarde en Baltimore, en extrañas circunstancias.
Poe, que había vivido unos años en Escocia, es un escritor de tradición europea y el primero que da aliento a la novela gótica.
Rodeado de misterios en algún sitio he leído que El Cuervo lo había escrito en una taverna de Yadoo, cerca de Saratoga Spring, donde después se abrió la colonia de artistas Yadoo, que acogió a lo largo de su historia a lo más granado de la literatura americana: Carson McCullers, John Cheever, Anne Marie Swarzenbach.
Sin embargo Bloom, en su Canon de la literatura dice que Poe es un escritor sobrevalorado y su fama se debe a la traducción de Charles Baudelaire que mejoró mucho el original. Como boutade no está mal.
La casa es una típica cabaña de madera con muchas ventanas y amplio porche en la parte sur. Uno puede imaginar a la enferma tomar el mortecino sol de invierno, envuelta en mantas y ropajes. En los alrededores, árboles y vacas pastando.
El Bronx no es el barrio purulento y desagradable que fue no hace mucho, cuando por aquí deambulaban los detectives negros «Sepulturero Jones» y «Ataúd Smith», de las novelas de Chester Himes. Los edificios se han ido restaurando y las calles parecen seguras.
García Lorca pasó el año 1929 en la Universidad de Columbia. Había roto con su pareja, pero sus primeras cartas son optimistas, asombrado por el dinamismo de la ciudad, aunque pronto cayó en la cuenta de las contradicciones del sistema capitalista (asistió al Crack de la Bolsa del 29) y en la lacra del racismo imperante y no tardó en escribir el poema surrealista El Rey de Harlem: (Poeta en Nueva York).
¡Negros!, ¡Negros!, ¡Negros!, ¡Negros!
La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer….
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres
En aquellos años dos club de jazz se disputaban la supremacía: el Cotton Club y el Small´s Paradise Club, ambos en Harlem. Lorca y sus amigos frecuentaban el Small´s, pues en el Cotton no permitían la entrada de negros. Entre los amigos estaba el poeta Hart Crane, homosexual como Lorca y que poco tiempo después se suicidó cuando regresaba en barco del Caribe. Tenía 33 años, aunque su pelo estaba ya blanco y la cara hinchada por el alcohol.
Nos acercamos al 2249 ½ Séptima Av. en pleno barrio de Harlem, donde estuvo el Small´s. Allí en la penumbra, con su amiga la escritora Nella Larsen, escuchaba la trompeta de Louis Armstrong o el saxo de King Oliver mientras corría el champán, a pesar de la Ley Seca.
Cuando se cerró el club, el edificio se dedicó un tiempo a escuela y en la actualidad, por lo que vemos, a la fabricación de pancakes, las famosas tortitas mejicanas.
De Nella Larsen, hija de padre negro, dijo Lorca: «Esta escritora es una mujer exquisita, llena de bondad y con esa melancolía de los negros tan profunda y tan conmovedora».
Para García lorca los afroamericanos eran una especie de gitanos y el jazz y el blues su «cante jondo». Otro de los amigos, el escritor negro Langston Hughes, integrante del movimiento Harlem Renaissance, intentó llevar a su poesía el ritmo del blues, como Federico había hecho con su poesía y el flamenco. Los ritmos africanos latían por todas partes.
El gigantesco Central Park despliega sus mejores galas a finales de la primavera y los neoyorquinos se lanzan a ocupar sus praderas, sus senderos y las aguas nítidas del lago. Barquichuelas y pequeñas velas blancas se mecen con suave temblor.
Abordamos el parque por la entrada del edificio Dakota para encontrarnos con la estrella en el suelo (Strawberry Fields), señalando el lugar donde fue asesinado John Lennon cuando regresaba a su casa. Después buscamos entre los prados The Dairy, el centro de información, pero construido en el s. XIX como lechería que ofertaba leche fresca a los niños neoyorquinos. La fuente Bethesda y el pequeño lago denominado Conservatorio de Agua. Comemos en un restaurante en frente del lago. Por todas partes hay músicos que van desde gaiteros escoceses hasta pequeños grupos de jazz.
Aledaño a Central Park, en la 5ª Av., a la altura de la E. 83 St. se ubica el museo Guggenheim, que más que un edificio parece una escultura. Es la última obra del arquitecto Frank Lloyd Wright y se inauguró en 1959, seis meses después de su muerte. De él dijo que era la «onda continua».
En el interior helicoidal hay una amplia muestra del futurismo italiano donde se incluye la obra de Marinetti. La exposición permanente está constituida por la colección privada de Salomón R. Guggenheim que a veces intercambia con obras de otros museos del mismo nombre del resto del mundo. Resaltan los Van Gogh, Picasso, Klee, …, si bien yo destacaría a Marc Chagall y el abstracto Kandinsky. No menos interesante es la colección de fotografía de Robert Mapplethorpe, con sus efebos musculados, algunos muy conocidos como Arnold Schwarzenegger.
Hoy dedicaremos el día a los grandes proyectos de arquitectura. Cogemos un taxi frente al hotel. El conductor, un negro, estaba comiendo y continuó todo el trayecto con ello. Con una cuchara de plástico arrebañaba la comida de un tupper de cartón mientras conducía, pitaba al resto de conductores y se arrimaba a los contenedores de basura de las obras para arrojar los restos. A continuación comenzó a comunicarse muy divertido por el manos libres. Aquella jerga me pareció una lengua africana y le pregunté si era Camerunés. Me dijo: «De Camerún, Samuel Etó, Kameni…yo de Liberia». Nosotros le habíamos dicho que éramos de España y preguntó que si de Madrid o de Barcelona. Al decirle que de Astorga, una ciudad pequeña, quiso saber si «poco lejos de Madrid o Barcelona».
Dejamos al taxista practicando el castellano con «amigos» a la puerta del edificio Seagram, en el número 375 de Park Av. Es el primer rascacielos enteramente en acero y cristal. El proyecto es de Mies van der Rohe que, huyendo de los nazis, se afincó en Estados Unidos y puso en práctica su máxima «menos es más».
Como el Empire State Building ya lo habíamos visto y desde lo alto, la cúpula modernista del edificio Chrysler, lleno de oficinas y por tanto imposible de visitar, tomamos hacia el este, hasta la ribera del East River. A lo lejos se divisa el puente de Queensboro, el tercero que se construyó comunicando Manhattan con los barrios de Queens y Brooklyn. Es enteramente de hierro y se apoya en el centro, en la alargada isla de Roosevelt, hoy zona de mansiones exclusivas, pero antaño un área carcelaria y de manicomios. Aquí estuvo encerrada Billie Holliday y se desarrolla la última novela de Vanessa Montfort, la escritora afincada en Brazuelo.
Siguiendo hacia el sur llegamos a los edificios de la ONU, donde no podemos entrar pues hay que solicitar el pase por internet y con anticipación. Como ya comenté en otro lugar, fue construido después de la II Guerra Mundial en una zona de mataderos, conocida como el callejón de la sangre. Los terrenos fueron adquiridos por Rockefeller, que los donó al gobierno. Para su diseño reunieron a los mejores arquitectos del momento, dejando fuara de convocatoria a Mies van der Rohe por ser alemán, y a Frank L. Wrigth porque, decían, estaba pasado de moda. Casi dos décadas más tarde construyó el Guggenheim, pero es algo que siempre le había pasado.
Se escogió el proyecto de Le Corbusier-Niemeyer, aunque lo firmó Wallace Harrison, arquitecto americano que hizo las distribuciones internas y dirigió la construcción.
Continuamos descendiendo en línea recta por la 1ª Av. hasta cruzarnos con la 11 St. Nos detenemos en esta calle donde se corta con la A Av. pues allí estaba en los años 50, el 501 Alley Paradisse 11 th St., donde Jack Kerouac escribió Los Subterráneos.
El complejo lo formaban tres edificios en forma de cuadrado que dejaban un lado abierto y formaban un patio donde el libro sitúa el Black Mask Tavern. Allí, Leo Percepied, alter ego de Kerouac, se reúne con sus amigos y conoce a la bella Mardou Fox, de la que se enamora.
Los Subterráneos los define como: «son hipters sin ser insoportables, son inteligentes sin ser convencionales, son intelectuales como el demonio y saben lo que se puede saber de Pound sin ser pretenciosos ni hablar demasiado de lo que saben, son muy tranquilos, son unos Cristos».
La Generación Beat, de la que Kerouac era su representante más conspicuo, era un grupo de artistas que comenzaron a publicar inmediatamente después de la II Guerra Mundial y escriben de aquellos temas con los que conviven diariamente. Visten vaqueros, sandalias y cazadoras de cuero y escuchan bebop. Sus seguidores se comportan como ellos. También después de la I Guerra Mundial la juventud seguía a Scott Fitzgerald y a la Generación Perdida y se movían a ritmo de jazz.
Lo cierto es que por aquellos años, en Alley Paradisse vivían artistas que empezaban como Morgan Freeman, músicos como George Barrow, Wesley Waites, fotógrafo y Alene Lee, la bella poeta negra de la que se enamoró Jack Kerouac y la denominó Mardon Fox en Los Subterráneos.
Alene Lee murió hace tres años y en el 85 se quemaron estos edificios. En su lugar se construyeron unas discretas viviendas. La magia desapareció. Sacamos una foto de Marta para dejar constancia.