veinte velas
Un obispo bregado en la cercanía
Camilo lorenzo es el obispo de astorga. Un prelado sencillo que cumple dos décadas en el cargo. Entre los mejores momentos vividos destacan sus primeras visitas en el ministerio y aunque no se considera juez de lo que cree hacer bien, reconoce que siempre ha intentado dar solución a los problemas

El obispo de Astorga, junto al papa Francisco.
Veinte años ya. Dos décadas al pie del cañón. Camilo Lorenzo Iglesias, el obispo de Astorga, es un prelado cercano y sencillo. Bregado en la ciencia, químico de carrera y sacerdote de vocación. Gallego de nacimiento, se crió y conoció desde niño la fe cristiana. Él no se considera juez para hacer un balance, pero reconoce que siempre ha intentado dar solución a los problemas y siempre ha mantenido una comunicación directa y continúa con las personas. La de Astorga es una de las diócesis más extensas en cuanto a territorio del panorama nacional. Era 1995 cuando Camilo Lorenzo recibió el mandato. Entre los mejores aspectos de estas dos décadas destacan sus primera visitas al recibir el ministerio. Sobre todo a esos pueblos pequeños, donde sintió el cariño de los lugareños.
El obispo cumplió el pasado 7 agosto 75 años. Circunstancia que le llevó a presentar su renuncia al cargo ante el papa Francisco. Ahora, se ha abierto un periodo para que el Vaticano le nombre sustituto. Una vez que se retire, cuenta, que se irá a vivir a su pequeño pueblo gallego, a la casa de sus padres y que sus hermanos quisieron que fuera para él.
Lorenzo recuerda con cariño sus años en los seminarios. Tanto, que en sus primera palabras cuando fue nombrado obispo no podía faltar un recuerdo para sus compañeros. «En este proceso vocacional, tiene la máxima importancia una institución tan querida y unida a mi historia personal como ha sido el Seminario de Orense», señaló entonces. Esta vinculación por el lugar donde se forman los sacerdotes aflora siempre que hay ocasión, como en la ordenación, el pasado domingo, de Carlos Hernández, el primer cura que se incorpora a la diócesis después de siete años. Una ligazón incuestionable de este pastor sencillo. Él fue profesor y director de seminarios y sus esfuerzos han logrado que este curso la vida vuelva al centro astorgano.
A los 55 años de edad y 29 de sacerdocio, Camilo cerró otra etapa de su vida, para iniciar la correspondiente al ministerio episcopal, a través de la elección del papa san Juan Pablo II. Como hombre de fe, se le podía calificar como «muy espiritual, sensible a los problemas humanos y de las personas», sumergido en su entorno cultural de manera sincera y abierto a la universalidad. Con las decisiones de la Iglesia era un sacerdote «responsablemente obediente» dócil a las resoluciones de sus superiores, a la vez que no ocultaba su opinión aun en caso de que ésta fuera divergente. Quienes le conocen destacan que Camilo como hombre y como pastor es sencillo, cercano, afable y dialogante. «He podido decir muchas veces que yo siempre me he sentido muy feliz como sacerdote, nunca tuve ni siquiera tentaciones de abandonar... Creo que siempre he sido optimista por naturaleza», asegura el prelado.
La noticia del nombramiento de Camilo Lorenzo fue recibida con mucha esperanza y alegría en Astorga y en la diócesis, que ya llevaba un año sin obispo tras el fallecimiento inesperado de Briva Miravent. Y así, llegó el día 30 de julio, el fijado para su ordenación episcopal en la Catedral. Salió de Orense acompañado de cuatro sacerdotes. Sobre las diez y media de la mañana llegaba a la localidad de A Rúa, ya diócesis de Astorga, aunque provincia de Orense. Él mismo había decidido que su primera parada iba a ser en la parroquia de Fátima, en Fontei. Allí reconoció su especial inclinación a una espiritualidad mariana centrada en la advocación de la Virgen de los pastorcillos portugueses. Su siguiente parada fue la Encina de Ponferrada.
En estos veinte años, destaca la construcción de una nueva iglesia, la del Buen Pastor, en la capital berciana y como no la coronación canónica de la Virgen del Castro. Camilo Lorenzo Iglesias es el obispo número 136 en el episcopologio conocido de la Iglesia asturicense. Para esta etapa eligió un lema mariano para su escudo «Fiat mihi verbum tuum» —cúmplase en mí tu Palabra—, un leimotiv demostrado a base de hechos.
En estas dos décadas, Camilo ha mostrado su particular sensibilidad para entrar en empatía con las personas, concretamente si éstas son humildes o padecen la pobreza o sufren. Una vocación cumplida, una vida sencilla y un cargo lleno de fe.