UN BELLEZÓN DE 50 AÑOS
Mucho que contar en Valporquero
Las cuevas más famosas de la provincia celebran este 2016 los 50 años de su apertura al público con una amplia historia que el paso del tiempo y el efecto de la naturaleza han labrado dejando una de las cavidades subterráneas más bonitas del panorama nacional

Espectacular imagen del interior de la Cueva de Valporquero.
Dicen que hay largos enormes; dicen que el espectáculo de las estalactitas y las estalagmitas es deslumbrante y hasta multicolor; dicen que las aguas son clarísimas y el suelo parece estar al alcance de la mano. Dicen, dicen...». Así describían los pocos privilegiados que habían visto con sus propios ojos lo que escondían las Cuevas de Valporquero antes de que abriesen al público. Corría el año 1966 y en el mes de julio estas famosas cavidades subterráneas se dejaban ver por dentro a todo el que osase adentrarse en ellas.
Ahora se cumplen 50 años de su apertura al público y las Cuevas de Valporquero siguen siendo una de las joyas turísticas imprescindibles de la provincia.

Varias autoridades, durante la inauguración de las cuevas. GAGO

Dos espeleólogos salen del Pozo del Infierno. ARCHIVO PROA
Varios años antes de su apertura tuvo lugar la sonada primera toma de contacto de verdad, cuando la cueva fue explorada en su totalidad. Los pioneros fueron un grupo de espeleólogos leoneses entre los que estaban Fernando Alonso Burón, José Eguiagaray, Matías Candeira, Diego Mella, Mariano Alonso o Felipe Frick, entre otros. En aquel entonces, aseguraron que fueron «con más ilusión que medios» y relataron con estusiasmo lo que fue su aventura, una fecha cumbre para la espeleología leonesa y todo un hito histórico para la provincia, pues con el descubrimiento de las cuevas y su exploración quedó patente que León contaba con un atractivo turístico más sin precedentes que continúa hasta nuestros días.
«Hay alturas de más de cien metros. La Catedral de León cabe allí perfectamente», relataban sus descubridores, que no dejaban lugar a dudas sobre la belleza del lugar asegurando que «tiene cascadas de más de cuarenta metros y dentro también hay lagos que precisan barcas para atravesarlos». Minuciosas descripciones que ponían de manifiesto el mundo subterráneo que las Cuevas de Valporquero escondían en su interior y que prepararon a los leoneses para descubrir esta maravilla de la naturaleza.
Para eso tuvo que acondicionarse con el objetivo de que pudiese ser visitada. Eso supuso cerca de dos años de obras durante los que se mejoraron los accesos y se procedió a iluminar las principales salas de la cueva. La gente esperaba con ganas el día clave para conocer la Sala de las Maravillas, el Lago del Encanto o La Gran Vía, según relataba este mismo periódico en su edición del 21 de julio de 1966. Aquí mismo se explicaba que para la puesta de largo de las Cuevas de Valporquero se constituyó en León el Patronato de las Cuevas de Valporquero, bajo los auspicios de la Diputación Provincial, primero bajo el mandato de José Eguiagaray y posteriormente con Antonio del Valle.
Este mundo subterráneo era conocido ya con anterioridad, si bien no había sido explorada. «Solamente los naturales del país habían penetrado en ella y salían maravillados de los prodigios que la naturaleza puso en sus galerías y en sus salas», contaba Diario de León.
Belleza natural
Y no quedaba duda de su importancia y belleza incluso antes de que el público le diese su visto bueno. «Valporquero parece haber nacido allí en el alto, para guardar celosamente la entrada a unas cuevas que superan en belleza natural a todas las hasta ahora conocidas, incluidas las famosísimas del Drach», se contaba entonces.
Y llego el día de su apertura al público, si bien la inauguración tuvo lugar días más tarde con una misa que se celebró en el interior de las mismas.
Carlos Díez fue uno de los guías cuando se abrieron las cuevas. Tenía 17 años, pero recuerda con detalle e ilusión aquel día. «Ya estaban acondicionadas en un 90% el año anterior y las visitaba el público, pero le faltaban algunas barandillas y la iluminación de emergencias», explica. Díez recuerda que aquel primer año sólo se podía llegar hasta la mitad de la sala de la Gran Vía, pues al resto le faltaba el acondicionamiento necesario. «Cuando empecé, éramos seis guías, un jefe de guías y un administrador. El horario era de 9 a dos de la tarde y en ese primer turno trabajaban tres, mientras que los otros tres lo hacían en el segundo turno, que era de 14,30 hasta las 20 horas». Este antiguo guía rememora aquellas primeras visitas del público. «No había cultura de visita a cuevas en aquel entonces. El 30 por ciento de quienes venía eran asturianos y entre un diez y un quince por ciento de otras provincias; el resto era de León. El primer año tuvimos unas 40.000 visitas», explica. Además, había grupos de extranjeros, sobretodo estudiantes norteamericanos que se alojaban en San Marcos.
«Tengo muy buenos recuerdos los de los cinco años que pasé allí», asegura. Carlos Díaz fue el último de los primeros guías en marcharse. De aquellos años recuerda la visita de Manuel Fraga Irirbarne. «Era una bomba, se traía todo estudiadísimo y nos hacía preguntas de nota. Nos llevó toda la visita al galope, a una velocidad de impresión», apunta entre risas.
Buena parte de aquellos guías de la primera ‘hornada’ de las Cuevas de Valporquero siguen viéndose con frecuencia y rememoran viejas anécdotas de uno de los grandes hitos de la historia de la provincia.
A 1.309 metros de altitud sigue recibiendo al visitante a día de hoy esta maravilla de la naturaleza, justo bajo el pueblo de Valporquero de Torío, en plena montaña leonesa. En total, más de un kilómetro de recorrido que se ha ido modelando durante más de un millón de años, segñun explica la Diputación en la página web. Paisajes protagonizados por estalactitas y estalagmitas, brillos y colores que acompañan al visitante a lo largo de las siete salas que las componen. Un sendero repleto de luces y sombras y mucha historia a sus espaldas. Nada menos que cincuenta años abiertas al público y con mucho que mostrar todavía.