Diario de León
Publicado por
Andrés Aberasturi
León

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Es de esperar que alguien, alguna vez, estudie con cierto rigor científico el irresistible ascenso de Pablo Iglesias y la gran conjura que nació en una pequeña facultad, se aprovechó de un movimiento social de descontento generalizado y de unas concentraciones en la Puerta del Sol donde se proponía por parte de algunos cabecillas rodear y tomar el Congreso para elaborar una nueva Constitución. Así de fácil. En aquel desbarajuste, más que razonablemente airado, un grupito de jóvenes profesores de Políticas comenzaron a fraguar un partido distinto y con la ayuda de algunos medios y el carisma de un joven líder con coleta, llegaron en tiempo récord a lo que ahora son. Hasta ahí lo hechos que se han tratado de explicar desde muchas ópticas y más o menos sobre la marcha porque bajo al amparo de la «marca» Podemos se cobijaban desde veganos a antisistema, desde profesores hasta alumnos —obreros pocos, la verdad— desde plataformas anticapitalistas a ecologistas radicales. Pero todos esos colectivos -okupas incluidos- no suman cinco millones de votos. ¿Dónde está entonces el secreto de su éxito?

Yo tengo mi propia respuesta pero no es en absoluto científica y hasta podría parecer inadecuada de forma que en las redes sociales me van a poner a parir los encargados de hacerlo. Mi respuesta es que Podemos ha triunfado porque es absolutamente pueril, dicho sea esto sin acritud y un espacio nada académico.

¿A qué me refiero con lo de pueril? Pues que si uno se detiene un poco y observa toda la trayectoria del partido morado, si se estudian todas sus propuestas, si se apuntan todas sus contradicciones, el resultado final más que un programa es un potito político tan fácil de digerir, con tantas vitaminas para todos los gustos que, bien vendido, resulta apetecible. La última salida ha sido la de poner a parir a un periodista. Cuando el resto de compañeros abandonaron el acto, Iglesias les advirtió que aquello no era una rueda de prensa sino la Universidad (ovación del alumnado más que previsible). Dos preguntas dos: ¿En la universidad está permitido incluso perder el respeto? ¿Por qué no dejaron hablar ellos mismos a Rosa Díez y encima se negaron a reconocer el boicot? Demasiado pueril y demasiado peligroso.

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