CANTO RODADO
nadie para
nadie para, mira ni escucha en esta campaña electoral que cambia los escenarios y posiblemente cambiará la escena política del país

Stop, look and listen. Así tituló Elsa Schiaparelly, la gran y desconocida rival de Coco Chanel, su primera colección temática en 1935. Para, mira y escucha. Algo tan sencillo, pero tan difícil, por no decir imposible, en el presente tiempo electoral, envuelto en el frío invernal que hiela nuestras noches cuando la luna camina, grande y redonda, hacia el solsticio de verano.
No hay quien se pare, mire ni escuche a los candidatos que se presentan a la repesca de las urnas. Frente al ruido tradicional de las campañas con la megafonía ensordecedora de aquellos coches que deambulaban por las calles con las melodías de los partidos enlatadas, sólo hay silencio y buceo en las redes sociales. Frente a los mítines multitudinarios del PP, discretos encuentros con cargos públicos, interventores y apoderados. De las plazas de toros y grandes polideportivos a los hoteles de barrio. Apenas un autobús salió de León a Valladolid a ver a Zapatero y a Sánchez... Todos, excepto Garzón, han abandonado las farolas.
Viejas glorias
P uede que sea la campaña. Puede que sea León, donde hay tan poco que repartir que los partidos que han dominado la escena política tienen que recurrir a viejas glorias para animar sus actos electorales (Bono, Blanco, Arenas), aparte de llamar a las puertas de empresas y centros de trabajo para retratarse con lo poco que funciona en León o con los últimos hálitos de lucha por la dignidad.
Izquierda Unida y Podemos —Unidos Podemos— se reparten la plaza. Botines ya no enarbola los carteles del 15-M: «No hay pan para tanto chorizo». Ahora se viste con el eslogan «Por un nuevo país», con el rostro de Alberto Garzón y la voz de su hermano Eduardo, el economista, que ayer recaló en León. Y Podemos también busca la plaza para que León se pare, mire y escuche a Carolina Bescansa.
Ciudadanos se desliza por la provincia con su atrezzo naranja, de capa caída, y la UPL irrumpe en el escenario echando un capote al PP. Dicen las encuestas que le quitará unos cuantos votos a PSOE y Unidos Podemos.
Desconcierto
S ólo se oye el ruido del desconcierto de los partidos. O el concierto-protesta que los activistas del Conservatorio de León le dedicaron a Herrera en León. La campaña se mezcla ahora con las fiestas, mientras el carnaval de las recreaciones históricas vuelve a San Isidoro con pendones y mitras para sacar lustre la Cuna del Parlamentarismo.
Nadie para, mira ni escucha. Y sin embargo estamos ante unas elecciones históricas. Están de acuerdo desde el PP hasta Unidos Podemos. No es la pinza. Es el miedo de unos a perder el poder que detentan y la ilusión de los otros de tocarlo por primera vez. De saltar de la plaza a las instituciones. Algo que da vértigo, en la vetusta León. Han cambiado radicalmente los escenarios y cambiará posiblemente la escena política.
Curas y populismo
U nos les llaman populistas y otros comunistas. Incluso el obispo Nicolás Castellanos, uno de tantos curas que abrieron sus ojos en León, aprovechó su viaje desde Bolivia a por el garbanzo de plata del Casino de León para cargar contra la nueva generación política nacida en las plazas. Lo que el diccionario define como la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares se ha convertido en un símbolo con rabos y cuernos.
Pero si hay alguien que sabe de populismo es la Iglesia. A la teología de la Liberación, la que elogió fervientemente Castellanos cuando colgó los atributos de obispo, la tacharon de populista. Y a su albur creó Castellanos su Fundación Hombres Nuevos.