Diario de León

MITOLOGÍA CRISTIANA (III)

La noche más mágica

«La fiesta de San Juan es en su origen y manifestaciones populares una fiesta solar, una fiesta del solsticio de verano», afirmó Julio Caro Baroja

JEsús f. salvadores

JEsús f. salvadores

Publicado por
nicolás bartolomé pérez
León

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La noche de San Juan es una de las grandes fiestas del año en muchas tradiciones europeas, incluida la leonesa, y seguramente se trata de la celebración que mejor ha conservado elementos ajenos a la liturgia cristina que delatan un origen pagano. Aunque desde la perspectiva religiosa el día 24 de junio se conmemora el nacimiento de Juan el Bautista, el profeta judío que bautizó a Jesús. En el calendario tradicional leonés esta fecha tuvo tanta importancia que a nivel popular el tiempo festivo que gira en torno a ese día o incluso el propio mes de junio son conocidos como «sanxuán», «sanjuán» o «sanjuanico».

La clave para entender el arraigo de la noche de San Juan, así como el ingente volumen de costumbres y de rituales ancestrales con connotaciones mágicas que se concentran en esta festividad se explica porque su ubicación en el calendario se solapa con el solsticio de verano y el comienzo de la estación estival. De forma coherente con este carácter solsticial de la fiesta sanjuanera, su elemento central lo constituye el fuego, con hogueras -fogueras, fogueiras o fumeiras en las comarcas de habla leonesa- que se encienden por todo León en la noche de 23 de junio, es decir, en la víspera del día de San Juan propiamente dicho. Este es quizá el aspecto de la fiesta que mejor se ha mantenido en numerosas localidades, aunque en lugares como la propia ciudad de León, donde es fiesta local, la tradicional hoguera ha ido evolucionando hasta parecer una especie de falla valenciana. Los ritos festivos leoneses alrededor de las hogueras eran antaño numerosos en León, pero destaca la costumbre de saltar por encima de fuego, probablemente como una forma de conjurar males de todo tipo para los que se consideraba que el fuego actuaba como un factor purificador o preventivo. Una copla maragata en leonés recogida a principios del siglo XX recuerda esta tradición: «La fugueira de San Juan/ you fúi la que la brinquéi;/ quiméi la cinta del pelu/ y esu fúi lu que ganéi».

También el agua tiene un especial protagonismo por San Juan, especialmente el rocío pues en algunas localidades bercianas era costumbre caminar descalzo por los prados al amanecer del día de San Juan porque se consideraba que la «orbayada» (rociada) sanjuanera era beneficiosa para los pies. Relacionado con las virtudes del agua en San Juan también tenemos la costumbre cabreiresa de bañar los ganados en el río a las doce de esa noche, pues sus aguas se suponían benditas en ese momento. José Luis Alonso Ponga, quien mejor ha estudiado esta fiesta en nuestra tierra, indica que por San Juan se recogían hierbas y otros frutos que después se empleaban para preparar infusiones o «fumazos» (sahumerios).

Tiempo de encantos

Las narraciones legendarias orales destacan la importancia mágica de esta noche que es la elegida para manifestarse por los seres femeninos de la mitología popular del viejo reino leonés, las moras y mouras encantadas. En Fuentespreadas (Zamora) hay una mora que en la noche de San Juan va a peinar su melena a la fuente de Santa Colomba. Otra tradición afirma que en los sótanos del castillo de Valencia de Don Juan Coyanza (León) hay otra mora encantada que también sale a peinase al río a la luz de la luna en esa fecha. El folclorista salamantino José Francisco Blanco González cuenta que en Villar de la Yegua (Salamanca), vive una mora en un lugar llamado Los Castillos que se muestra las mañanas del día de San Juan por la ropa tendida que aparece en las peñas que hay en la zona. Esa mora fue vista por algunos mozos a los que pidió ayuda para romper el encanto que pesa sobre ella. Para ello hay que superar dos pruebas: en un primer momento, la mora se transformará en una gran culebra que enroscará alrededor del cuerpo del mozo, que tiene que aguantar sin temor; a? continuación, la mora se convertirá en un toro con los cuernos en llamas que intentará embestir. Pero el encanto no se ha roto, pues ningún mozo ha reunido todavía el valor para afrontar este reto.

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