CANTO RODADO

SEMANA negra

Memoria de la libertad y el drama del mediterráneo en una semana negra en la que feve dejó claro que león no se muere, la matan

León

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Realidad o ficción? La Semana Negra transita por los dos mundos. La ficción de la novela y la reflexión sobre una realidad tan negra o más que el género al que rinde homenaje desde hace casi treinta añoso en Gijón. Negro es el escenario, que escenario fue de las luchas de los trabajadores de los astilleros.

Durante una semana, la Naval dejó de ser un espacio fantasma para convertirse en lugar bullicioso y punto de encuentro de gentes que pluman en ristre apuntan al corazón de la realidad a través de la ficción. Los niños robados, la guerra de Afganistán, Cuba en las postrimerías del castrismo o en la antesala del capitalismo... Hasta Isabel Carrasco planeó en los cenáculos negros. Y el económo de Astorga. Realidades que superan a la ficción.

Y desfiló, cual fantasma, la libertad. Esa mujer con los pechos al aire que imaginó Delacroix saltando sobre los cuerpos de los revolucionarios parisinos en 1830 con la tricolor en la mano derecha y una bayoneta en la izquierda. Y a la que ningún hombre mira siquiera. No pasó esa libertad por los sanfermines, donde las mujeres son vilipendiadas y violadas cada año como si los atropellos a la libertad sexual y a la libertad de divertirse, incluso con los senos desnudos, formaran parte de la legendaria fiesta. ¿Existe alguna relación entre el maltrato animal y las agresiones a las mujeres?

Iconografía obrera

L a Semana Negra se vistió con la iconografía de las luchas obreras, el emblemático fotograma de Novecento , de Bertolucci, con la multitud obrera, en la que la única mujer que aparece en primera fila, lleva un niño en brazos. ¡Ay, la libertad!

En una semana negra, con la muerte rampando sobre la promesa del bienestar y las vacaciones de verano, con las asonadas que fueron y triunfaron (hace 80 año) y las que quisieron ser y fracasaron en Turquía, la Semana Negra nos trajo la realidad de la crisis migratoria de Europa con la exposición de Foto y Periodismo.

Unas imágenes que son bofetadas en el alma y demuestran lo poco que el género humano ha aprendido de la historia. Las instantáneas tomadas por fotoperiodistas en la isla de Lesbos y en ls fronteras europeas el año pasado recogen los mismos dramas humanos, los mismos gestos que las que, en blanco y negro, dan testimonio directo, sin photoshop que valga, de la tragedia de los miles de exiliados expañoles que hace 80 años salieron en barcos o cruzaron a pie la frontera con Francia.

Tiempo para vivir

P or la Semana Negra desfiló la imagen de la libertad y el pensamiento libertario. Y Durruti con un libro en asturiano de Francisco Álvarez, Lluvia d’agostu . Y un pedazo de la apasionante historia del anarquismo en la Barcelona de principios del siglo XX, recogida por Paco Ignacio Taibo II en Que sean fuego las estrellas .

Episodios tan singulares como el día que ordenaron a Ángel Pestaña reunir a las sirvientas de la ciudad condal. ¿Qué piden?, preguntó el también célebre anarquista berciano. «Cónvocalas y lo sabrás». Acudieron 4.000 mujeres y querían el descanso dominical. Juntas lo consiguieron.

Querían ganar tiempo a la vida. Como los obreros que reclamaban (y lograron) la jornada de ocho horas. Para tener tiempo no sólo de dormir un poco, sino también de ir al Ateneo (no hay que olvidar cómo florecieron estos lugares en las ciudades: en León hubo uno al lado de la Catedral), leer, divertirse... Tiempo para vivir.

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Y en medio de la Semana Negra llegan las noticias negras de León: Los 56 viajeros que Feve dejó en tierra por falta de maquinistas. León no se muere, la matan. Quizá ya no es más que un fantasma, un lugar que no existe.