León tiene tablas
Tres almas que saben de teatro
Tienen clara su pasión y defienden que subirse al escenario debe tener un lado reivindicativo. Son la submarina, una compañía teatral en la que estos tres leoneses dan rienda suelta a su lado artístico y creativo de una manera divertida. «estamos aquí para disfrutar», aseguran

Alberto Díaz, Miguel Barajas y Javier Bermejo posan en El Albéitar.
Compartir su filosofía, la de ofrecer un teatro súper abierto y lograr su ansiada libertad creativa, fue lo que unió a Miguel Barajas, Javier Bermejo y Alberto Díaz para crear La Submarina, una compañía teatral leonesa que, aunque pequeña, tiene grandes ansias de transmitir al público su punto de vista cultural.
La aventura comenzó en el año 98 gracias a la iniciativa de varios alumnos de la Escuela de Artes Escénicas. Entre ellos estaban Javier Bermejo y Alberto Díaz, el fundador y alma máter de La Submarina. Ya entonces llevaban su arte y cultura por varios puntos de España. «En aquellos años, la mayoría de los miembros de la compañía eran chicas y por distintas circunstancias, la actividad de la compañía se acabó paralizando durante bastante tiempo», explica Díaz. Él mismo —no sin ayuda— se encargó de reflotarla de nuevo. Su pasión por el teatro es lo que le ha movido siempre —al igual que a sus otros dos compañeros— a mantener vivo un oficio «del que no se puede vivir, aunque la compañía es autosuficiente».
Ellos mismos elaboran de su puño y letra buena parte de sus obras, como Cuatro vinos y un día, su creación para la clausura del festival de teatro de Jiménez de Jamuz, escrita por Alberto Díaz.
Para ellos, «el teatro debe ser una crítica, una crítica al momento actual que vive el mundo de la cultura». Eso es lo que tratan de comunicar desde su pequeña compañía de teatro, que pusieron en marcha con el objetivo de ser «un punto de encuentro para cualquier actor que lo desee y que tenga cierta calidad».
En su necesidad constante de mejorar, Barajas, Bermejo y Díaz decidieron que La Submarina se dividiese en dos vertientes: el microteatro y el cine. En esta última colaboran a través de vestuario y también como actores en actos de clausura como en el festival de Astorga. Ahora mismo y hasta septiembre, se encuentran sumergidos en el largometraje de Epigmenio Rodríguez Media hora y un epílogo, algo «rarísimo en León, donde lo que más abunda en este género son los cortos».
Libertad total
El microteatro lo llevan a cabo a través de ‘Tespresso, esencia de teatro’. Este es el nombre que han elegido para un género más efímero, «en el que la libertad creativa es total». Con él han realizado varias representaciones en el Gran Café, donde desplegaron su talento todos los primeros viernes de cada mes durante algo más de un año. Ahora vuelven, el primer viernes de octubre, con una versión actual de Tierra de Jauja. La cita será en Cazurra, el local que la cerveza artesana del mismo nombre tiene junto a la muralla.
Lo cierto es que, según aseguran, en León existe una inquietud hacia el teatro y eso es lo que ha motivado que en los últimos años hayan surgido más compañías teatrales que, como La Submarina, llevan su creatividad allá donde pueden. Esto es lo que hace que la oferta teatral para los amantes de este arte sea, al menos, mensual. A ellos, al público, se dedican en cuerpo y alma cada vez que se transforman para interpretar a alguien. «El microteatro es adrenalina pura y dura y lo más cercano al público que hay», explican.
Ensayan en la Casa de Cultura de Trobajo del Cerecedo, donde lo hacen otras compañías y aseguran que el apoyo institucional a este género es bastante escaso. «El Ayuntamiento no ha contado con nosotros, aunque si lo hace la Diputación y la Universidad de León, a través del Albéitar», señalan. Y aprovechan la ocasión para poner de manifiesto el buen hacer de los actores leoneses. «Es curioso que no nos llamen y que venga gente de fuera porque en León tenemos grupos muy buenos que no tienen nada que envidiar a los que vienen al Audiorio», aseguran. Y añaden que les encantaría que el Ayuntamiento «contase con el teatro de León».
En la actualidad, La Submarina tiene tres obras con las que recorre los escenarios, si bien aclaran que están abiertos a cualquier petición y pueden hacer representaciones a medida que se adapten a las circunstancias de quien lo solicite.
Una de sus obras más emblemáticas, que les ha valido varios premios es Ibrahim y las flores del Corán, que han llevado a Reinosa, a Ponferrada o a Carrizo de la Ribera. Y es que van de acá para allá con su teatro, pero aseguran que una gran noticia para el mundo cultural sería que volviese a abrir el Emperador, el teatro de la ciudad. «Queremos que se abra; todos nos hemos subido a ese escenario. Que abra sus puertas por la cultura local y que no sea algo elitista», reclaman. Y piden, además, «un certamen de teatro en la ciudad».
El suyo es un claro grito reivindicativo que no sólo llevan sobre el esceario. «La cultura está muy maltratada en esta provincia. En León hay una actividad cultural inmensa, pero fallan las instituciones, a quienes habría que preguntar para qué creen que sirve la cultura».
Tanto Alberto como Miguel y Javier no entienden la vida sin este arte que llevan en la sangre. Lo entienden como una válvula de escape: «No soporto no ser actor», asegura Bermejo. Se definen a si mismos como «drogadictos del teatro». Y es que «una vez que te subes al escenario, que sientes al público y le transmites, que notas ese subidón sin el que después ya no puedes vivir, ya nada es lo mismo», aseveran estas tres almas.
Tienen muchos proyectos a la vista para los próximos meses y uno de sus asuntos pendientes es el teatro infantil, que quieren retomar. Todo bajo la misma premisa, la de divertirse haciendo lo que más les gusta. «Estamos aquí para disfrutar», aseguran.