Diario de León

paseos tras el brexit (III)

del oro blanco al oro negro

los becher se convirtieron en arqueólogos de la era industrial con sus fotografías de edificios que como castilletes, altos hornos, gasómetros, graveras, caleras, silos de cereal o carbón se construyeron con una misión funcional

Un total de 33 puentes sobre el Támesis comunican el norte con el sur de Londres, tan ajetreado a un lado como a otro del río.

Un total de 33 puentes sobre el Támesis comunican el norte con el sur de Londres, tan ajetreado a un lado como a otro del río.

Ana Gaitero
León

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En 1966, hace 50 años, el British Council, subvencionó al matrimonio alemán que mejor representa a la escuela de Dusseldorf para que viajaran y emprendieran su primer proyecto en Reino Unido. Durante este viaje fotografiaron todas las más importantes áreas industriales con la asistencia del National Coal Board, la Junta Nacional del Carbón.

Las winding towers, los llamados castilletes en España, destacan por encima de los pozos mineros y su función era ‘izar’ el carbón y las personas a la superficie. Realizaron el trabajo durante tres décadas, hasta 1996, coincidiendo con la liquidación de la industria del carbón en el Reino Unido.

«Lo que habían sido máquinas de trabajo en el comienzo del proyecto, eran reliquias en el momento en que fue completado», señala la cartela que explica la serie de fotografías de estos castilletes, aparentemente monótonas, que se exiben junto a otros elementos industriales en la Tate Modern de Londres.

La colección Artists and Society (Artistas y Sociedad), en la segunda planta del Boiler House, incluye una serie de fotografías de esta pareja que en 1969 declaró: «No pretendemos convertir antiguas construcciones industriales en reliquias. Sin embargo, queremos producir una serie continua de sus diferentes formas aparentes».

Empezaron su trabajo en la región del Siegener Land, donde fotografiaron las casas de obreros y campesinos, para pasar a la Cuenca del Ruhr. Con el tiempo fueron ampliando su área de acción hasta el sur del país y después cruzaron las fronteras germanas para viajar a España, Francia, Inglaterra u Holanda y llegaron hasta los Estados Unidos y en la década de 1990 a regiones de Europa Oriental.

Bernhard (Bernd) Becher nació en 1931 en Siegen, región de Siegerland al oeste de Alemania, un entorno repleto de fábricas, altos hornos, molinos de piedra, caleras, gasómetros… Se trataba de un paraje industrial. Las factorías no eran una parte externa en su vida: sus padres trabajaban en la minería y la industria siderúrgica.

Bernd conoce a Hilla Wobeser en la Escuela de Düsseldorf. Nacida cerca de Berlín en 1934, fue iniciada en la fotografía por su madre. La pareja se convirtió en un matrimonio, personal y fotográficamente hablando, en el que no cabía la división del trabajo. Ambos hacían de todo y unas veces era él quien disparaba y otras ella.

El binomio minería-siderurgia hizo crisis cuando Alemania entró a la Comunidad Económica Europea. «La demolición de las instalaciones relacionadas con esas industrias fue una consecuencia lógica de esa situación, lo que, por otra parte, motivó a Bernd Becher a documentar en imágenes lo que no se podía conservar en la realidad», apunta el arquitecto y profesor Walter Gustavo Salcedo en un trabajo realizado en la Universidad de Rosario (Argentina).

Las construcciones, como si fueran máquinas, «parecen muertas: no hay vapor, ni fuego, ni humo, ni movimiento, tampoco productos y, por supuesto, no hay trabajadores. Es una industria agonizante», subraya.

Un paisaje familiar para León, donde 50 años después de que los Becher afrontaran su proyecto briánico se cierran las últimas minas de carbón, también como consecuencia, aparentemente, de la entrada de España en la Unión Europea. El primer documento de la reconversión del carbón en España cumple ahora 30 años.

Son las máquinas de la era industrial cuyo inicio se produce en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y alcanza su auge una centuria después coincidiendo con la época victoriana. La capital británica sufre entonces la mayor transformación y crecimiento de su historia, alcanzando los cuatro millones y medio de habitantes, algo más de la mitad de los que tiene actualmente.

La obra de Charles Dickens, y en particular Oliver Twist, retrata esa ciudad a caballo entre las tinieblas y la maravillosa transformación de la urbe. Una industrialización que se realiza con el trabajo casi en régimen esclavitud de niños, mujeres y hombres y que corre paralela a las luchas obreras por conseguir mejorar sus condiciones laborales y de vida.

Oliver Twist es la primera novela en lengua inglesa en la que un niño es el protagonista y la segunda que publica el célebre escritor británico cuya casa museo se encuentra en distrito de Holborn, muy cercana al Museo Británico. Aunque sólo vivió durante dos años en esta residencia — de 1837 a 1839— parece que fue aquí donde escribió la novela que cuenta las penurias de los niños en las instituciones benéficas y su uso como mano de obra de forma descarnada. El mismo Charles Dickens se vio obligado a trabajar en una fábrica de betún con solo 12 años cuando la familia se trasladó a Londres y su padre fue encarcelado por las deudas.

Un sitio recurrente en la obra de Dickens es Covent Garden, aunque nada tiene que ver el barrio turístico actual con el mercado que albergaba en aquella época esta zona de la ciudad. La tranquila plaza en el histórico Staple Inn, Holborn, se menciona en la última e inconclusa obra de Dickens, El misterio de Edwin Drood, donde reporta que «transmite en el aliviado peatón la sensación de tener algodón en sus oídos y suelas de terciopelo en sus pies».

Staple Inn es un edificio de la época Tudor que data de 1585 y cuya función estuvo dedicada a recibir y pesar la lana, el producto más preciado con anterioridad a la era del carbón. Muchas toneladas de lana de las ovejas merinas leonesas fueron a parar a los talleres textiles ingleses, cuando el Honrado Concejo de la Mesta era una auténtica corporación económica y social. La lana de las merinas leonesas y castellanas se convirtió en un codiciado producto a partir del siglo XVI en Inglaterra, pues era la más adecuada, por su finura, para los paños de calidad. Estaba prohibido comerciar con los animales fuera del país bajo pena de muerte.

Con la industrialización, es el carbón es el nuevo oro negro. El capital británico animó algunas de las primeras empresas mineras del país. Si Santander fue el puerto por excelencia para dar salida a la lana, Bilbao se convertiría en uno de los puertos de conexión con Londres.

El río Támesis presenta aún hoy signos de actividad comercial. Un total de 33 puentes cruzan el río y unen el norte con el sur de la ciudad. El más antiguo es el puente de Richmond, de 1777, y el Millenium Bridge el más moderno, que data de 2002. En la orilla sur, uno de los túneles peatonales donde los músicos se disputan la plaza para sacar unas libras diarias cuenta la historia de la última feria que se celebró sobre el río helado en 1814. A falta de tráfico fluvial, los ingleses comerciaron y organizaron espectáculos sobre las aguas heladas aquel mes de febrero. Cuentan que un elefante cruzó a pie el río para demostrar la solidez de la capa de hielo.

En la orilla norte, Oxford Street sigue siendo la bulliciosa calle comercial que retratara Virginia Woolf en sus Paseos por Londres. El musical del Rey León es ahora uno de los más populares, casi por encima de Los Miserables, mientras el de Billy Elliot, compuesto por Elton John y estrenado en 2005, está de gira por el Reino Unido y llega esta semana a Bristol. La historia del niño que llega a ser el primer bailarín de una compañía de danza se gesta en un pueblo minero en plena batalla campal contra el cierre de los pozos de carbón. Todo el mundo recuerda que la era Thacther se impuso a fuego y hierro al ganar la partida a los mineros.

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