¿Continuismo? Pues claro
Resulta curioso comprobar cómo tras cada discurso de investidura y tras cada cambio de Gobierno, cuando repite el partido que ya estaba en el poder, renace una palabra que esgrime la oposición sea esta la que sea. La palabra es «continuismo» en todas variantes. Pues claro. ¿Acaso la oposición que sea espera otra cosa? Los gobiernos del mismo color se suceden sin apenas retoques porque creen que lo están haciendo bien, que estaban en el buen camino y que hay que seguir por esa senda. Cuando UCD, la cosa tenía más morbo porque eran tantas las familias aglutinadas tras esas siglas y en unos tiempos tan turbulentos, que siempre se trataba de ver hacia donde soplaba el viento de los cambios. Luego se asentó el bipartidismo y no hubo más.
Llegó ZP y no se sabe muy bien por qué pero todo cambió. El nuevo presidente debió sentirse llamado/elegido por la gran Historia y empezó a formar gabinetes por lo menos pintorescos que daban muy bien en las fotos pero no tanto en los ministerios. Tampoco aquello era un problema porque ZP lo que quería en realidad era una consejo de subsecretarios en el que él ocupaba todas las carteras. Hubo excepciones, claro, pero terminaron tirando la toalla. Y lo mismo pasó con dialéctica posible entre Ferraz y Moncloa: sencillamente desapareció laminada por el presidente del talante y contador de nubes.
Pero a lo que vamos. El «nuevo» Gobierno de Rajoy es continuista, es calculadamente continuista, y vocacionalmente continuista. Y esto, que la oposición propone como un mal, a Rajoy le parece lo mejor del mundo. No hay sorpresas.
¿Será capaz de llegar a acuerdos con estas premisas o nos veremos dentro de muy poco de nuevo ante la urnas? Personalmente creo que la legislatura no va a durar mucho, lo justo para que el PSOE salga de su laberinto y sea capaz de ilusionar con el nunca explicado gobierno de progreso. Lo bueno que tiene Rajoy es la coartada de Bruselas que se pasa el día amenazando. Lo complicado que tiene el PSOE es -además de su propia reconstrucción- explicar cómo se puede conciliar la derogación de los ajustes con lo que nos demandan en Europa y mucho más visto lo ocurrido en Grecia de la que ya no habla ni Podemos.