CANTO RODADO
león
el alcalde combativo que planta cara a puigdemont también lo queremos en león para que pida cuentas a montoro y a herrera

Quienes fueron el sábado pasado al Auditorio de León a escuchar el réquiem de Mozart cantado por el coro de niños, sólo niños, Ciudad de León —y había varias concejalas y concejales— ya saben un poco más de las cosas buenas, e incluso excelentes, que se hacen en la capital del viejo reino, Cuna del Parlamentarismo, ciudad de Semana Santa, ciudad de moda y del santo grial...
Los eslóganes proliferan lo mismo en las paradas del metro de Madrid que en las muñecas de la devota población cazurra. La deriva turística de la ciudad ha hecho germinar los títulos publicitarios como flores de primavera. Ser la provincia con más recorrido del Camino de Santiago o tener la Catedral con más metros cuadrados de vidrieras del mundo mundial está pasado de moda.
Ahora también tenemos un alcalde, Antonio Silván, que se bate el cobre para que el presidente catalán, ese tal Puigdemont, no nos robe el título de la Cuna del Parlamentarismo. Bien hecho. Ahora hace falta que emplee el mismo brío ante la Junta de Castilla y León —que ha hecho mutis por el foro en la polémica con el president catalán— para reclamar la centralidad de León en el eje logístico del noroeste.
Ese alcalde combativo lo queremos también para pelee por más dinero para León en los presupuestos generales del Estado, que nos han dejado a verlas venir y a esperar un nuevo milagro de Genarín. Un regidor que pida cuentas a Montoro y a Herrera. Y que le saque los colores al diputado y todavía presidente provincial del PP, Eduardo Fernández, y a la diputada González Guinda por no mover un dedo por León. Por no hablar del senador Aznar y sus vecinos de escaño.
Hace falta un alcalde que además de reconciliarnos con Valladolid mire a la provincia porque lo que es bueno para ella lo es también para la capital. Viendo el coro de niños, ya digo, sólo de niños, acompañado por la Camerata de Ponferrada imaginé las muchas cosas que podrían hacer juntas dos de las ciudades más importantes de la Comunidad con Astorga como nexo. Y encima las tres del mismo partido.
Ni de León ni de Ponferrada se ocupan en Madrid. La Feve y la Ciuden seguirán agonizando, la autovía León-Valladolid en la cola de las obras públicas, las cuencas mineras a la deriva y los regadíos a expensas de lo que caiga del cielo. Pero, como diría Rajoy, después del año 17 viene el 18... Y después de la Cuaresma, Viernes Santo... Y la procesión de los Pasos.
Tanto presumir de Semana Santa, de santo grial y de tapas, Montoro cree que nos bañamos en oro. Bien le vendría un paseo a Puigdemont por la Basílica de San Isidoro, aunque no le podamos enseñar los auténticos Decreta, dispersos en archivos y bibliotecas.
Hace bien el alcalde en invitarle a la ciudad. Con cuidado, ojo, no vaya a querer llevarse nuestro Botines de Gaudí. O el museo del chocolate de Astorga con la excusa de que es modernista y tiene apellido catalán. De paso puede invitar a Rajoy a hacer un viajecito en el tren de Feve o vistar el hospital en tiempo de camas cruzadas. Majo, el presidente de la Diputación que corre hacia la presidencia del PP provincial con palmaditas en la espalda, puede hacer la gira de Valporquero y a Las Médulas, con permiso del Consejo Comarcal del Bierzo, que se peta en Semana Santa aunque el vecindario carece de agua corriente...
¡Ay! La pertinaz sequía nos azota a pesar de que la primera Luna llena de la primavera trae los festivales del llanto. En la fiesta que fue agraria y en honor a la lluvia, mucho antes que Semana Santa, todo el mundo tiene algo que celebrar aunque no se ponga capirote o mantilla ni se inflija castigos. Para eso ya está Trump haciendo de justiciero del planeta y masacrando más al pueblo sirio. Y la humanidad, callada.