Diario de León

el torero de la constancia

Castaño vuelve a alzar el vuelo

Javier Castaño ha tenido que ganarse los festejos tarde a tarde desde que empezó en el toro. Hoy está de nuevo en el punto de partida. Pero no parte de cero: dos décadas viviendo por y del toro y casi 400 festejos lidiados dan forma a una carrera importante. el torero de Cistierna sigue soñando con más

Javier Castaño. PRENSA J. CASTAÑO

Javier Castaño. PRENSA J. CASTAÑO

Publicado por
maría j. muñiz
León

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Javier Castaño, año 1. El torero leonés vuelve a tomar hoy el pulso de su carrera, después de haber atravesado la temporada pasada «más centrado en las sensaciones que en los números». La gran faena de 2016 fue lidiar con el cáncer, y reaparecer con Miura en Sevilla 19 días después de dar por zanjada una quimioterapia que le exprimió las fuerzas y dejó en su cabeza la impactante imagen que no dudó en destapar sin complejos en los ruedos. La temporada actual habrá que ganarla tarde a tarde, como ha tenido que hacer desde que empezó. Le espera una corrida de Cuadri en la Plaza de las Ventas. Llega con la confianza de una preparación física y mental al cien por cien, con la perseverancia de un torero que no se ha dejado vencer por las volteretas (ni las de dentro ni las de fuera de los ruedos) y con la ilusión de quien, ya con 16 años de alternativa, sigue soñando con volver a abrir la puerta grande en San Isidro. Y todas las que se le pongan por delante. Llega con la madurez delante del toro y en la vida: «El triunfo es tan bonito como efímero, lo más importante es disfrutar del camino».

Castaño afronta su primer gran compromiso de la temporada en plena forma. «He estado preparándome intensamente todo el invierno, físicamente, toreando de salón, con tentaderos,... Eso me da mucha confianza de cara al festejo de Las Ventas». Atrás queda el año en el que le detectaron un cáncer en los testículos, sufrió tres durísimos meses de operación y tratamiento en la intimidad de su familia, y sólo hizo público el episodio cuando estaba curado, y faltaban 19 días para lidiar los Miura en Sevilla. Esa cita fue su gran estímulo para no dejarse vencer por los estragos de la quimioterapia. La cita y una voluntad inquebrantable que le caracteriza desde que era un niño.

«La temporada pasada toreé nueve corridas en plazas importantes, y me encontré muy bien. Esta la empiezo con muchísima ilusión, con ganas enormes de relanzar mi carrera en las grandes plazas». De momento en la agenda hay más días disponibles que contratos firmados. «Pues paso a paso. Ganándome los contratos día a día, como desde que empecé a torear. Todo parte de nuevo de cero, así que no quiero pensar más allá de este domingo. Mi trayectoria ha sido de altos y bajos, pero al final es una carrera importante. Y lo que queda, que espero que sea mucho. Lo seguiré ganando igual».

Nada desde 1994 ha distraído la mirada de aquel niño que salió de Cistierna con 14 años y aparcó su afición al fútbol para cumplir el sueño de su padre. Fue a vivir con su abuela a Topas, y se formó en la Escuela Taurina de Salamanca. Con mucho esfuerzo, porque reconoce que le costaba aprender más que a los demás, y tenía que practicar el doble. El esfuerzo y la constancia, y un enorme sentido de la responsabilidad, son constantes en su vida.

Aquel pequeño lidió desde el primer momento con las dificultades. Por ejemplo, yendo a dedo o a pie del pueblo donde vivía a la escuela, los tentaderos,... Saliendo al alba y volviendo solo de noche.

No sólo los festejos, todo lo ha tenido que ganar a pulso. El niño apañó su primera muleta con unas cortinas rojas de su abuela y el palo de una escoba, debutó de luces con el ajado vestido verde y oro que utilizaban todos en la escuela, y fue heredando trajes hasta que pudo hacerse el primero en una sastrería. Fue para su presentación como novillero en San Isidro, en el año 2000. Así se lo cuenta al periodista Javier Lorenzo, autor del libro ‘Castaño, alma de acero’, en el que recoge su vida y su triunfo sobre el cáncer. Un episodio que, explica el torero, «me ha hecho valorar las cosas de un modo distinto, las injusticias del mundo del toro siguen doliéndote, pero las miras de otra manera. Ahora sé que, con salud, puedo superar cualquier cosa que se me ponga por delante».

Lo hace ahora también desde la madurez en su concepto del toreo. «Con el poso que van dejando los años. Al principio todo lo haces a base de ganas y de querer, y no te deja desarrollar el toreo que llevas dentro. Los años van apaciguándote, y se va forjando tu personalidad y tu tauromaquia. La del lidiador, que entiende a los toros, y eso permite que te sirva un porcentaje mucho más alto de ellos».

La evolución de aquel novillero de valor incuestionable, al que las ganas le hacían atropellar a veces la razón y decantarse por el tremendismo con tal de dejar claro que estaba ahí para ir a por todas. Un novillero que deslumbró pronto, se colocó en la cima de su escalafón y dibujó una alternativa de lujo y una primera temporada como matador de toros midiéndose con las grandes figuras. Estaba lanzado.

Le frenó en seco un novillo en Valencia, que le pisó y le rompió el pie derecho. Para su desesperación, Castaño vio pasar la temporada y las oportunidades atado a unas muletas bien distintas a las que soñaba.

Tuvo que tomar la alternativa al año siguiente (en abril de 2001, en San Sebastián), pero el parón le había robado el sitio. Medirse con las grandes figuras sin estar suficientemente preparado le hundió, y tampoco entendía por qué donde antes valoraban su entrega después le afeaban los arrimones.

Desde entonces la carrera del maestro forjado taurinamente en Salamanca ha sido una sucesión de éxitos y esperas. «Todo me ha ayudado a vivir intensamente la profesión, a entenderla. Desde el arrojo y el coraje de los inicios para intentar abrirme paso a lo que hoy puedo mostrar».

Ahora sabe también que el miedo que pasa un torero, «el que necesitas para vivir, para tener la responsabilidad, con el que te acostumbras a convivir», es muy distinto al miedo que genera la enfermedad. «El miedo a lo desconocido, a que cada día surjan cosas que no puedes controlar». Eso también ha cambiado su manera de plantearse la vida. «Vivir el presente, disfrutar de mi familia, mi vida y mi profesión. Me lo dicen compañeros que ya están retirados, a veces el miedo no te deja vivir la profesión de forma tan intensa. Yo quiero disfrutarla».

A pesar de los contratiempos. Su gesta del año pasado en Sevilla no le ha servido para estar anunciado este año en la Feria de Abril. Hay que tener mucho temple, y no sólo en las muñecas, para no venirse abajo ante las injusticias. «Estos golpes han sido una constante en mi carrera, estoy orgulloso de no haberme dejado vencer, que parecía lo fácil. Me han pasado cosas malas a veces y siempre las he superado. De todas formas, no me gusta quejarme».

Y nunca se ha arrependido de su empeño en ser torero. «Para nada. Salí de Cistierna de niño con la idea de no volver derrotado, allí todos sabían que me iba para ser torero. Hoy llevo casi 400 corridas toreadas, he vivido de mi profesión y la disfruto. Quiero llegar a más, pero todo lo conseguido ya es muy importante».

Ahora hay que pelear también contra el ambiente antitaurino. «Es todo convulso y raro. Pero es verdad que en los ruedos hace falta emoción, competencia entre las figuras. Porque hay una nueva generación de toreros que hacen que la Fiesta esté en un buen momento. Hoy se hacen a los toros cosas impensables hasta hace poco. Es necesaria la unión en nuestra profesión».

Dos décadas toreando, desde que en 1997 lograse su primer gran triunfo en el Bolsín Taurino de Ciudad Rodrigo. Y muchas lecciones aprendidas. «El toreo me ha enseñado a estar en la vida. Es mi educación y mi cultura, mi todo». Hace días que la corrida de esta tarde en Madrid le quita el sueño. «Si no me lo quitara sería porque no me lo creo. Es una responsabilidad. Voy con el máximo miedo y la máxima responsabilidad, pero también con la máxima ilusión y la confianza de los deberes hechos. Espero que los toros de Cuadri me ayudes, como han hecho otras veces». Como en 2010 en Zaragoza, cuando le rescataron de varios años de caída y olvido. «He tenido el triunfo en Madrid muchas veces muy cerca, he pinchado toros de triunfo y de puerta grande. Quizá uno de los sueños que me queda por cumplir sea ese: salir a hombros en Madrid». Quizá sea hoy.

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