Diario de León

León está de dulce

Un ‘zielo’ de lo más goloso

Las manos de Cristina García convierten casi cualquier idea en una auténtica obra de arte en forma de tarta. el Musac o las más de 700 ventanas con las que contaba el ‘Titanic’ son sólo algunas de sus creaciones

Ana Gil
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León

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Cristina García y Óscar Suárez —asturiana ella, leonés, él— tenían un sueño. Querían montar un negocio «con alma», aunar todo aquello que les gustaba en un local, un lugar íntimo y diferente. Así nació Zielo, un restaurante-bar-lugar de desayuno en el barrio de La Palomera que abrió sus puertas en noviembre de 2013. Aquello fue el inicio de una loca aventura en la que siguen inmersos y que ya no saben cómo parar (ni quieren). Empezaron ellos dos, después se unió aun cocinero y ahora el equipo lo forman 14 personas. El negocio fue bien y ahora dan un paso más allá.

Esa ilusión que tenían al principio todavía les acompaña y Cristina y Óscar ya están a punto de inaugurar su nuevo proyecto El concejo Calabaza, un local prácticamente contiguo a Zielo —con el que comparte cocina— en el que, siguiendo la misma línea que su antecesor, se podrán degustar, además de la misma carta, dulces, pero con un punto original y diferente al que han ofrecido hasta ahora.

En Zielo, una de las cosas que más llaman la atención —además de su decoración, elegida con mimo por sus duelos con objetos en su mayoría rescatados de aquí y de allá— son las tartas que elabora Cristina García, que acaba de estrenar obrador para poder dar salida a los encargos y la creciente demanda del local que regenta junto a su pareja. En este espacio, que recibe el nombre de La bicicleta de Anacleta, elabora ella misma las tartas glaseadas que luego ofrece en Zielo además de los encargos que recibe. Ahí mismo, están preparando un nuevo espacio en el que dar cabida a esa magia que tratan de transmitir desde que comenzaron a transitar por este camino de la hostelería. En La Bicicleta de Anacleta se podrá degustar un ‘brunch’ —término que recoge los conceptos de ‘breakfast’ (desayuno) y ‘lunch’ (almuerzo) y que significa una comida a medio camino entre ambas y que es plena tendencia—, se podrá aprender a cocinar un plato sencillo del que después se podrá dar cuenta allí mismo y reservar para eventos personalizados. Tres ideas en un mismo lugar en el que la decoración romántica será la protagonista. Ahora mismo está en obras y se espera que abra sus puertas a principios de 2018.

De terciopelo rojo

No pocos planes para esta pareja emprendedora que casi sin darse cuenta, «pero dejándonos la piel en esto», han visto crecer a ritmo frenético lo que empezó siendo un sueño de poner en marcha algo suyo y con encanto en el que primase la calidad antes que la cantidad.

Y fue así, casi sin darse cuenta pero a fuego lento, como Cristina García empezó a hacer las tartas con las que ahora decora su local y hace las delicias de muchos clientes. Asegura que la famosa ‘red velvet’ —un esponjoso bizcocho de un llamativo color rojo en el que intercalan capas de crema de queso— es el más demandado de estos dulces que parecen auténticas obras de arte y del que asegura haber conseguido «la receta perfecta» después de mucho ensayo-error.

Entre sus creaciones más destacadas está una réplica en forma de dulce del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac). «Me llevó una semana de trabajo con jornadas de cerca de doce horas», explica Cristina, quien asegura que una de sus prioridades cuando se mete en la cocina «es que todo salga de mis manos para ofrecer un producto casero». Una filosofía a la que piensan dar continuidad en sus próximas aventuras profesionales. La tarta del archiconocido ‘Titanic’ también ha llamado mucho la atención. Un metro y medio de largo en el que se reproduce con minuciosidad las ventanas del transatlántico y que fue un regalo de un tío a su sobrino, que cumplía 7 años. Más de 700 ventanas y hasta hamacas cono las que había en aquel barco de enormes dimensiones le llevaron también muchas horas de trabajo.

Esta entrega le ha hecho desfallecer en alguna ocasión. «Hasta he llorado de la saturación», asegura con una sonrisa la cara femenina de esta aventura. Pero también asegura que es divertido «porque cada vez te proponen cosas diferentes y aprendes mucho».

El punto de inflexión, el trabajo con el que comenzó a despuntar fue una tarta en forma de cámara de fotos. «A partir de aquí. todo se disparó», aseguran.

Una base de bizcocho de diferentes texturas, almíbar y crema de mantequilla, de queso o merengue son las señas de identidad de estas tartas, conocidas como ‘layer cakes’ y que admiten un sinfín de posibilidades de decoración. Una tendencia que, llegada de Estados Unidos, no ha dejado de crecer en seguidores durante los últimos años.

Ahora mismo, Cristina y Óscar están entregados a la elaboración del catálogo de Navidad, así como a la otra línea de tartas para el Conejo Calabaza, con la mirada puesta en sus próximos proyectos y con el convencimiento de que, una vez, puestos en marcha, toca centrarse en consolidarlo.

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