Oportunidades para cultivarse
Un nuevo proyecto en Villanueva del Árbol ofrece la posibilidad de alquilar un espacio para disfrutar de una jornada al aire libre y disponer de los productos de la huerta comunitaria. Una idea que ya tiene mucho tirón en otros rincones de España.

Sobre estas líneas, algunos de los productos del huerto comunitario. Abajo, distintos rincones de Los Cultivos y, a pie de página, Adriana Velandia y David Mañanes, quienes han puesto en marcha el proyecto.
Con el objetivo de ofrecer un espacio en el que aprender a cultivar y poder disfrutar de la naturaleza junto a la familia y los amigos, y con la premisa del ‘learning by doing’ (aprender haciendo), Adriana Velandia y David Mañanes acaban de poner en marcha un huevo proyecto en León. Se trata de Los Cultivos, un espacio en Villanueva del Árbol en el que poder pasar una jornada al aire libre a diez minutos en coche de la ciudad, lo suficientemente lejos para estar en la naturaleza y, de paso, aprender los entresijos del cultivo de un huerto. «Queríamos que fuera un lugar sin ruidos, sin edificios, donde se puedan escuchar los pájaros o los grillos», relata Mañanes. Junto a su pareja, vive en un piso «muy pequeño» en la ciudad y explica que «cuando queríamos respirar aire puro teníamos que irnos lejos, al pueblo de nuestros padres o la La Candamia, cada vez más masificada». Esto, unido a las ganas de aprender el trabajo en un huerto fueron el germen de Los Cultivos, inaugurado hace poco más de una semana.
«No teníamos ni idea de cómo cultivar una huerta, cuidar gallinas, hacer cerveza, etc. Y la mejor forma de aprender, es ponerse a hacerlo, así que buscamos un lugar donde pudiéramos hacer todas esas tareas y aprendiéramos mediante el ensayo-error en un lugar autosostenible», explican. «Nos interesaba saber cuándo se siembra, cuándo se recoge el fruto, cual es la mala hierba y cuál no.... así que nos pusimos manos a la obra y comenzamos a buscar un lugar en el que poder llevar a cabo nuestras ideas y así aprender juntos».
Tiempo después, pensaron que a lo mejor otras personas podían tener sus mismos intereses y decidieron abrir su idea a la participación del público. Sería un jardín comunitario.
El verdadero esfuerzo
Tras comprar la parcela que da cobijo a su proyecto, fueron ellos mismos los que realizaron los siguientes pasos para ahorrarse los costes y, de paso, aprender, que de eso también se trata. «Es probable que el tiempo que hemos invertido entre todos los que hemos dado forma a este proyecto haya supuesto más esfuerzo que la inversión económica. Hemos sido muchas personas trabajando a mano muchas horas», apunta este leonés, informático de profesión y apasionado de la naturaleza. Una pasión que le ha llevado a dar forma a este proyecto.
Para entrar a formar parte de Los Cultivos hay que pagar una cuota por la reserva de alguna de las dos parcelas que se han dispuesto para comer al aire libre. Una de ellas tiene mobiliario para seis personas y un precio de 40 euros por el día completo, mientras que la segunda tiene capacidad para doce personas y un precio de cien euros por la jornada completa. Ambas están equipadas con comedor, zona chill-out, barbacoa y césped. «Mientras estás allí, puedes coger lo que necesites de la huerta comunitaria para comer y también puedes ayudar y aprender sobre sus cuidados», explica Mañanes, que ya prepara una serie de talleres «para crear una comunidad que comparta experiencias y aprendizaje , siempre relacionado con la agricultura y ganadería». La plantación de pimientos y lechugas, la construcción de un circuito para coches de juguete, noches de cine al aire libre o la construcción de un pequeño huerto ecológico son algunas de las proyectos que esta pareja tiene entre manos de cara a los próximos meses. «Y lo que se nos vaya ocurriendo o vaya surgiendo», aclaran.
De momento, la acogida de Los Cultivos está siendo buena. «Los ánimos de la gente suponen un impulso», aseguran.
En este espacio, los niños son bienvenidos y están organizando algunas actividades para ponerlas en práctica. A ellos también irán dirigidos algunos talleres de iniciación en agricultura y ganadería.
Además de Adriana y David, este proyecto también lleva el sello de sus familias, que han colaborado en que este sueño se haga realidad. Padres, hermanos y amigos han aportado sus conocimientos, herramientas y muchas horas de trabajo para construir este lugar al aire libre. «La idea original era construir un lugar para nosotros en el que pudiéramos aprender cómo cultivar una huerta, cuidar de los árboles, las flores o los animales; es decir, aprender lo que nuestros padres ya sabían y que, si no lo cuidamos, puede perderse con el paso de las generaciones», señala David.